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El islam pide regular a los imanes

Expertos y voces del colectivo islámico reclaman instaurar un registro de líderes religiosos. ‘No hay control. Hay imanes que están una semana en la mezquita y se marchan’, dice un líder marroquí en Tarragona. Aumentan los que piden que se exija un título para poder ejercer

Raúl Cosano

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Hay parte del colectivo musulmán que pide una regulación y un registro de los imanes. Foto: EFE

Hay parte del colectivo musulmán que pide una regulación y un registro de los imanes. Foto: EFE

El rol del imán de Ripoll Abdelbaki Es Satty como cabecilla de la célula terrorista que ha atentado en Barcelona y Cambrils ha puesto en el ojo del huracán a estos líderes religiosos, básicamente en torno al debate de si debe haber un registro, hasta ahora inexistente, que regule su actividad. No hay acuerdo pero sí una corriente importante del mundo islámico que pide intervenir. Hay expertos que abogan por que se instale una regulación, al menos en cuanto a titulación, algo que apoya parte del colectivo islámico en Tarragona y en España. 

Otras voces, sin embargo, sostienen que la radicalización se produce fuera de las mezquitas y que la relación estrecha con la administración ya es suficiente para evitar que afloren discursos radicales. «Estamos en contacto constante con los cuerpos de seguridad, como debe ser, para que sepan quién es el imán de la mezquita y vean que hace bien su trabajo, que no tiene antecedentes. Estamos registrados como mezquita en el Ministerio y tenemos toda la documentación en regla. Creo que con esto es suficiente», afirma Mohamed Said Badaoui, portavoz de la Asociación Cultural de los Musulmanes de Reus.

Ni en España ni en Catalunya hay normativas que regulen el perfil del imán. En los países musulmanes existen departamentos de Asuntos Religiosos encargados de certificar la idoneidad de los candidatos. Pero los 44 centros o comunidades islámicas que existen en la provincia (unos 1.530 en toda España) tienen total libertad y responsabilidad para elegir al responsable religioso

Así lo garantiza el derecho a la libertad religiosa, lo que en la práctica implica que ninguna administración pública supervise los candidatos o el proceso. «En la práctica, funcionan como empresas privadas. Y el que paga pone los criterios y selecciona a la persona», explica Mounir Benjelloun, presidente de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI), que agrupa a 500 centros de todo el país. 

Redouane Ennajy, traductor afincado en Tarragona y presidente de la Asociación Avenzoar Amistad hispano-marroquí, aboga por implantar una regulación, tal y como ha sucedido en Francia. «La profesión de imán está controlada en los países musulmanes. Para ejercer debes tener la autorización del Ministerio, un departamento que vigila que se cumplan una serie de requisitos, entre ellos no tener antecedentes. Sin esa acreditación, previa a la contratación, no se puede trabajar. Queremos que en España se regule también de esa manera, para que haya un control». 

‘No conviene tanto cambio’
Enric Olivé, catedrático y doctor en Historia Contemporánea, profesor en la URV y experto en pueblos del Mediterráneo, también cree que «tiene que haber un control público de lo que diga el imán y de cómo lo diga», en el sentido de contar con un reconocimiento externo que valide su trayectoria y le acredite para ejercer. 

«Estamos viendo a imanes saliendo y entrando, estando una semana o un mes en un centro. No es conveniente tanto cambio. A nosotros, los musulmanes, somos los primeros a los que nos interesa un control, porque confiamos nuestros hijos a esas mezquitas. Puedes ver que cada día hay una persona distinta dando el sermón. Lo ideal es que haya un imán permanente y que además esté cualificado», cuenta Redouane Ennajy, que añade: «Es algo que no se ha debatido hasta ahora pero que ante esta situación actual conviene plantearse y hacer como en Francia». 

Hay algunas comunidades que llevan años reclamando que sus líderes espirituales se formen en España y se les exija algún título. La consigna es que, a más regulación, más control y más vías para desterrar los prejuicios. En ese sentido, también tienen riesgo las mezquitas no declaradas oficialmente como tal. Según el último informe de la Asesoría de Inteligencia y Consultoría de Seguridad (AICS), de 2016, en España existen unas 800 «mezquitas encubiertas», claves para las actividades de captación y reclutamiento, pues no son controladas por las fuerzas de seguridad. Como norma general se trata de bajos de edificios, garajes, locales o trastiendas, que no están reconocidos como centros de culto oficial, según el director de la AICS, Salvador Burquet. 

En esa línea de opinión está Lurdes Vidal, directora del área de mundo árabe del Instituto Europeo de Mediterráneo (IEMed): «La existencia de oratorios de cualquier manera, poco reconocidos, en lugares escondidos… todo eso no favorece una convivencia normalizada. Hay que hacer una mejor gestión del campo religioso, con más reconocimiento de derechos de práctica. Muchas veces algún vecino se siente amenazado. Es producto de prejuicios o de desconocimiento». 

La regulación de imanes se topa ahora con una legislación en la que prima la libertad religiosa. El secretario de Igualdad, Migraciones y Ciudadanía del Govern, Oriol Amorós, y el director de Asuntos Religiosos, Enric Vendrell, han defendido recientemente que la Generalitat mantenga su papel de «acompañamiento» a las comunidades musulmanas al nombrar a imanes pero sin imponerlos, para que ellas les elijan, igual que en las demás confesiones. Amorós ha añadido que «sería un error desarrollar medidas que tengan una presunción de culpabilidad», a pesar de lo sucedido con el imán de Ripoll. 

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