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«El jabalí es impredecible»

Los cazadores han asumido el papel de ‘controladores’ de la proliferación de un animal que puede transmitir la peste porcina africana a los cerdos

Xavier Fernández José

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Pedro Pan espera paciente en su postura a que aparezca algún jabalí. FOTO: FABIÁN ACIDRES

Pedro Pan espera paciente en su postura a que aparezca algún jabalí. FOTO: FABIÁN ACIDRES

En la temporada de caza de los años 2001 y 2002 se abatieron 1.074 jabalíes en el Camp de Tarragona. En la 2017-2018, 4.355. Es decir, en década y media, se han cuadruplicado los jabalíes abatidos. ¿El motivo? Que la Generalitat ha ampliado la veda para frenar la proliferación de un animal que no tiene depredador alguno, salvo el propio cazador, y que se adapta a su entorno al alimentarse de lo que encuentra. 

Los cazadores se defienden de las críticas de los animalistas presumiendo de su papel de «controladores» del incremento de jabalíes. Aseguran que salvan a los payeses de los daños que causan en los cultivos y que ‘vigilan’ que ningún jabalí esté infectado de peste porcina africana, una enfermedad letal que puede transmitirse a los cerdos de granja. La convivencia también es complicada con las personas que pasean, a pie en bici o a caballo, por las montañas donde hay cotos de caza. 

El Diari quiso palpar el sentir de un sector, también de actualidad por el ascenso de Vox, el partido ultra que enarbola la bandera de una cerrada defensa de la caza. Periodista y fotoperiodista acompañaron a un grupo de cazadores en una jornada en Figuerola. 
El presidente de la Federació Territorial de Caça de Tarragona, Joaquim Vidal, asegura que la entidad es «neutral» políticamente y no se inclina por ninguna formación en concreto, pero que sí estudia atentamente quien apoya y quien rechaza la caza. 

«Pese a las presiones de los anticaza, la poca protección política y la mala imagen del colectivo en los medios de comunicación, los cazadores continúan trabajando por la sociedad, generalmente por ocio y asumiendo todos los gastos, pero desarrollando una gran labor ecológica (aunque no se quiera admitir públicamente) y, por descontado, desarrollando una gran labor social», sostiene la Federació de Caça. ¿Verdad? ¿O simple intento de lavar su imagen? Que cada uno juzgue. 
Así transcurrieron las seis horas de una jornada de caza en el Camp de Tarragona. De caza sin caza porque no fue abatido ni un solo animal.

9 horas
A coger fuerzas
El grupo de cazadores se ha reunido en una pequeña casa abandonada a las afueras de Figuerola del Camp. Todos son hombres. Provienen de la propia Figuerola, Valls, El Pla de Santa Maria, Cabra, Fontscaldes... e incluso de Vilanova i la Geltrú. 
Lo primero es coger fuerzas con un contundente desayuno recién hecho en una parrilla. El presidente de la Sociedad de Cazadores de Figuerola, Jaume Balañá, desvela que el paraje escogido para la batida es la Font del Bou.

9.15
Dos jaurías de perros
Las conversaciones entre los cazadores, la distribución de los puestos de caza («posturas» en el argot), los comentarios sobre las armas o los cartuchos... se mezclan con los ladridos de los perros de las dos jaurías que intervendrán en la batida. Se trata de la Rehala Los Chimbambis, de Sant Pere de Ribes (Barcelona), y la Rehala Jauría Los Bavis, de Valls. En total son 44 canes. 

Los perros salen disparados al principio de la cacería. FOTO: FABIÁN ACIDRES

9.28
«Tenemos que cazar jabalíes te guste o no»
Uno de los más veteranos del grupo es Manuel Navarro, de 63 años. Caza desde que tenía 8 años. Lleva, por tanto, más de medio siglo abatiendo animales. Ha venido expresamente desde Vilanova i la Geltrú. «Lo que más me gusta es la armonía entre los cazadores y estar en mi postura a la espera», dice. 

El ‘anfitrión’ de la batida, Jaume Balañá, destaca la proliferación de jabalíes y apunta que «tienes que cazarlos te guste o no para ayudar a los payeses y evitar accidentes de circulación». Eso sí, admite que «disfrutamos y la carne está buenísima». Los cazadores se comen los jabalíes que abaten, después de que el animal haya superado el control sanitario. «Si prohibiesen la caza, la gente se revolucionaría», insiste Balañá.

09.58
Chips y bromas
Los cazadores van saliendo camino a la Font del Bou. Los responsables de ambas jaurías dan los últimos toques a sus animales. Los perros de la Rehala Los Bavis van a llevar unos chips para estar localizables por GPS. Por si algún can se pierde durante la persecución de los jabalíes. Los de la otra jauría portarán unas campanas en el cuello. Valentín Sainz, de los Chimbambis, bromea con sus colegas de Los Bavis. «Nosotros somos los pobres. Ellos los ricos. Sus perros no han salido nunca al campo. Son de ciudad», dice entre risas.

10.16
Camino a la batida
Pedro Pan, el cazador protagonistas de este reportaje, conduce montaña arriba hacia el Coll de Coloma. Por el tortuoso camino, se cruza con un par de ciclistas y un hombre a caballo. «El jabalí es impredecible. Nunca se sabe qué hará», explica. Su frase resulta ser premonitoria de lo que sucederá, o mejor dicho de lo que no sucederá, horas después. El viento sopla con fuerza. «Los animales están más inquietos cuando hay viento. Puede ir en tu contra porque te huelen y porque tú no los oyes», comenta Pan.

10.53
Punto de encuentro
Varios cazadores y el remolque con los perros de la Rehala Los Chimbambis se detienen en un recodo del camino. Los canes están muy nerviosos porque intuyen que en breve saldrán. Aullan. Rascan el remolque. Asoman el hocico. Ladran con fuerza cuando alguien se acerca al vehículo.
Pedro Pan continúa con sus explicaciones para el periodista y fotoperiodista, neófitos en las lides cazadoras: «Al jabalí lo tienes que sorprender, no al revés. Tienes que estar callado en tu postura. El jabalí tiene un oído y un olfato muy finos. Si perciben un olor extraño, recelan. Cuanto más grandes, más olfato. Por eso cuesta más abatir a los más grandes». 

11.32
«Ya empezamos»
El pequeño grupo está a punto de empezar la batida. Suena el walkie-talkie de uno de los cazadores: «Aquí hay unos señores que van por medio del campo y que nos dicen que si le vamos a pegar un tiro a alguien...». «Ni caso», responde su interlocutor. Los cazadores se miran con caras repentinamente serias. «Ya empezamos», lamenta uno de ellos. 

Valentín Sainz hace sonar el cuerno de caza. FOTO: FABIÁN ACIDRES

11.39
A cazar
Sainz suelta a los perros. Se vuelven locos. Comienzan a andar en círculos. Ladran furiosamente. El responsable de la jauría hace sonar un cuerno. Pedro Pan se interna en la espesura a buen ritmo. El camino hacia su postura está marcado por un par de cintas colgadas de una rama.
Poco antes ha seguido con su lección: «A veces oyes el ruido de un jabalí, pero no puedes disparar hasta que lo ves claramente. No debes tirar al bulto. Por norma, el jabalí trata de esquivarte».

12
Silencio casi absoluto
Pedro Pan está en pie en su puesto. El silencio sólo se quiebra por el aullido del viento o por los lejanos ladridos de los perros. Pedro apenas se mueve unos centímetros cuando percibe un sonido. Mirada concentrada. Oído atento. Está totalmente en guardia. De repente se escuchan unos pasos. Es un perro que aparece desde unos matorrales próximos.

13.42
La espera
Ya han pasado dos horas. Ni un jabalí. Unos débiles rayos de sol iluminan pálidamente la copa de los árboles. «Igual han pasado los jabalíes por la maleza y no los hemos vistos», susurra Pedro. Cerca de la postura, hay numerosas huellas de pezuñas de jabalíes.

14.44
Fin de la batida
Tras tres horas infructuosas, Pedro decide abandonar el puesto. Se acerca al remolque. Sainz llama a sus perros para que vuelvan y los pueda introducir en el remolque. Pasan 10 minutos. Es hora de volver. Sin capturas. Pan sentencia: «Tienes que tomártelo con mucha paciencia. No estoy frustrado. Tenemos días buenos y días malos. Es lo que hay».

Temas

  • Figuerola

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