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El legado romano que aún vive

Hace 20 años que Tarragona fue declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad. Uno de los mayores atractivos son sus monumentos

Celia Alonso

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La  Agulla del Mèdol, vestigio de una de las canteras romanas. Foto: Ll.Milián

La Agulla del Mèdol, vestigio de una de las canteras romanas. Foto: Ll.Milián

Tarragona celebraba el pasado noviembre los 20 años de su declaración como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco. La ciudad forma parte del reducido grupo de privilegiados que han hecho del patrimonio su signo de identidad. Ha heredado un pasado imperial glorioso y ha sabido combinar todos sus imponentes legados. La ruta romana nos traslada 2000 años atrás, cuando Tarraco, capital de la provincia de la Hispania Citerior, alcanzó una gran importancia y la máxima expansión urbana. Tanto es así que llegó a extenderse hasta la costa atlántica.

Murallas

El perímetro urbano de Tarraco se delimitó en el siglo II a.C, momento en el cual se construyeron las murallas de la ciudad, muros de los que aún se conserva una gran parte. La longitud original de estas murallas era de 3.500 metros, de los que actualmente se pueden ver 1.100. También siguen en pie tres torres de la muralla. 

Circo

Las carreras de carros fueron en su momento uno de los grandes entretenimientos de los habitantes de Tarraco. Estas se llevaban a cabo en el actual Circo de Tarragona, que se encuentra entre los mejor conservados de Occidente. La mayoría de la estructura sigue oculta bajo viejos edificios del siglo XIX. Actualmente se puede visitar el extremo oriental. 

Anfiteatro

El Anfiteatro de Tarragona fue durante mucho tiempo el escenario donde se desarrollaban las luchas de fieras, cacerías, ejecuciones públicas y combates de gladiadores. Este monumento, uno de los más reconocibles de la ciudad, fue construido a principios del siglo II d. C. Actualmente aún se puede ver parte del graderío septentrional tallado en la roca y una parte del graderío meridional.

El Amfiteatro de Tarragona conserva aún parte del graderío y de los cimientos originales. Firma: Alfredo González

Pont del Diable

Para abastecer de agua a la creciente ciudad de Tarraco, los romanos construyeron en el siglo I dos largos acueductos a las afueras de la urbe. Uno de ellos, conocido como Pont del Diable, tomaba el agua del Francolí y su longitud era de unos 15 km. Aún se conserva un tramo espectacular de unos 217 m de largo y 26 m de altura máxima.

Torre dels Escipions

A seis kilómetros de distancia de la actual Tarragona encontramos un monumento sepulcral situado a los pies de la antigua vía Augusta. Se trata de la conocida como Torre dels Escipions, que data del primer cuarto del siglo I d.C.  El bloque superior, con unas sencillas arcadas que cobijan dos figuras en bajorrelieve, se conserva parcialmente, y el coronamiento, quizás piramidal, ha desaparecido.

Cantera del Mèdol

Para construir los edificios de la ciudad, los romanos extrajeron piedra de las canteras situadas en los alrededores de la ciudad. De entre estas canteras, la más espectacular y la mejor conservada es la del Mèdol, situada a unos 7,5 kilómetros de Tarragona en dirección Barcelona. Actualmente pueden verse bloques a medio extraer y la famosa Agulla del Mèdol, un impresionante monolito de 20 m de altura.

Foro local

La vida ciudadana de Tarraco se desarrollaba en mayor parte en el Foro local. En esta zona se concentraban los principales edificios de la ciudad como por ejemplo la curia, la basílica, los templos y muchas de las tiendas. El foro de Tarraco fue destruido en el siglo XIX y sólo queda la basílica, estructurada como un gran edificio de tres naves separadas por columnas. 

Necrópolis paleocristiana

Este cementerio romano data de mediados del siglo III d.C. Allí fueron enterrados los restos de San Fructuoso y la comunidad cristiana de la época hizo de su tumba un santuario. Para ello se construyeron dos basílicas además de otros edificios y numerosas tumbas. Actualmente se puede visitar una parte.

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