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«El lenguaje todavía tiene calcos sexistas»

La catedrática de la URV Esther Forgas cumple más de 40 años revisando las definiciones de la lengua 

Agnès Llorens

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La investigadora Esther Forgas, en su despacho de la área de Filología Románica de la URV. FOTO: Pere Ferré

La investigadora Esther Forgas, en su despacho de la área de Filología Románica de la URV. FOTO: Pere Ferré

Localizar y cambiar aquellos calcos del lenguaje común que todavía tienen tintes de sexismo o de discriminación a determinadas comunidades. Esta es una de las principales conclusiones que se extrae de la investigación de décadas de la catedrática de Lengua Española del departamento de Filología Románica de la URV Esther Forgas que, desde el año 1977, se dedica a bucear en la parte más social del lenguaje y ha investigado como la cultura de una comunidad se define en su modo de expresarse y a través de las expresiones coloquiales se pueden entrever calcos todavía de sexismo, machismo, racismo y cultura. Cuando queda poco para la celebración del Día Internacional de la Mujer —que se commemora el 8 de marzo y que este año está reuniendo un especial apoyo social— Forgas nos atiende en su despacho. 

«El lenguaje de nuestra sociedad ha ido mejorando el respeto a las mujeres con el paso del tiempo y, por ejemplo, se ha impuesto una manera de hablar políticamente correcta, pero lo que no cambia con rapidez es la mentalidad de la gente», opina Forgas, que añade que para cambiar el lenguaje es necesario «mucho tiempo y el apoyo de una gran masa social». Tras una carrera profesional de larga duración centrada en este campo, la investigadora añade que, todavía hoy en día por ejemplo, se optan por fórmulas de uso del plural, por ejemplo, que no identifican a las mujeres, cuando la lengua española —su área de investigación— tiene formulas para doblar esta forma declinando ambos sexos o usando otra palabra genérica que no diferencie entre los diferentes sexos.

«La lengua no es discriminatoria en si misma, sino que lo son aquellas opciones que ponen a las mujeres en un plano inferior», afirma Forgas, que defiende que, en su opinión, eliminar acepciones o términos del diccionario no es una buena solución y añade que una de las opciones posibles para evitar la reproducción de estereotipos es adertir que determinades definiciones pueden resultar disriminatorios para un determinado género o colectivo. «Advertir que una palabra puede ser tendenciosa cuando seu usa en un determinado contexto es una buena opción», añade la investigadora, que resalta que los cambios «son lentos y muy a menudo difíciles de interiorizar»

Y, como ejemplo,Forgas cita el caso que vivió en el año 199, cuando la Real Academia Española pidió sus servicios —junto a dos investigadoras más— para revisar el diccionario con la intención de corregir aquellos términos que pudieran resultar ofensivos para determinados colectivos. «Revisamos a conciencia y encontramos casi 4.000 palabras susceptibles de cambios, lo que a la RAE le pareció mucho trabajo», cuenta la investigadora, que detalla que, aunque el organismo les pagó sus honorarios, la siguiente revisión del diccionario de 2001 todavía no contemplaba sus recomendaciones. 

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