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El mercadillo teme perder puestos en su traslado a la Plaça Corsini de Tarragona

Los marchantes ya han dicho que "no permitirán de ninguna de las formas" que nadie se quede fuera de la renovada plaza junto al Mercat Central

Núria Riu

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El mercadillo se celebra todos los martes y jueves en la Rambla Nova. Foto: Lluís Milián

El mercadillo se celebra todos los martes y jueves en la Rambla Nova. Foto: Lluís Milián

Con la inauguración del Mercat Central a la vuelta de la esquina, el siguiente paso es el desmontaje de la carpa provisional de la Plaça Corsini y el regreso de los marchantes a un espacio que previamente será acondicionado. No hay un calendario específico para los siguientes movimientos; pese a ello será un traslado complicado, ya que en su puesto de origen no hay suficiente espacio para todas las paradas que ahora hay en la Rambla.

Josep Joaquim Gómez, presidente de los Marxants de la provincia de Tarragona, apunta que «no permitiré de ninguna forma que nadie se quede fuera de Corsini». Una declaración de intenciones que llega cuando los paradistas temen que quiera solucionarse el problema de espacio apartando a los que se incorporaron más tarde.

En el mercado de los martes y los jueves hay un promedio de unos ochenta negocios. Cuando hace diez años se hizo el traslado a esta arteria principal el número de paradas era de entre 75-80. Pese a los negocios que han cerrado y los traspasos, la cifra ha crecido por las nuevas incorporaciones. «Yo veo muy complicado que nos movamos. No podemos decirles a los que cogieron un traspaso que ahora no podrán venir y allí, entre los camiones y las furgonetas, no cabemos. Se trata también de una cuestión de seguridad», argumenta Josep Joaquim Gómez.

En Corsini no se contempla que pueda haber más de 75 paradistas. Por lo que este colectivo explica que ha puesto el tema en manos de la patronal Pimec para que los abogados empiecen a estudiar las diferentes opciones. No deberían tener problemas los vendedores que hace diez años estaban o los que pagaron un traspaso, ya que quedarían amparados por el acuerdo al que este colectivo llegó con el Ayuntamiento de Tarragona.

El responsable de Pimec comercio en la demarcación de Tarragona, Florenci Nieto, se muestra convencido de que «con la buena fe, el incansable trabajo y la estima que la concejal de Comerç tiene por la ciudad, no pongo en duda de que lo tendrá todo previsto y que no habrá problema para que todos los marchantes puedan volver al sitio que les corresponde».

Una de las posibilidades que podría considerarse para evitar un conflicto sería que se ocupen también algunas de las calles adyacentes al histórico edificio modernista, opción, no obstante, que no agrada a las tiendas de la zona, que no ven con muy buenos ojos que el mercadillo vuelva a su sitio.

Las noticias llegan con cuentagotas entre un colectivo que asegura que desconoce completamente si su estancia en la Rambla será cuestión de meses o puede prolongarse incluso un año. La actuación que debe hacerse antes de la acogida se prolongará por espacio de unos tres meses, por lo que los más optimistas apuntan que el traslado será después de verano.

Raquel Alonso y Mercè Vivas son la tercera y segunda generación en sus respectivos negocios en el mercadillo. Ambas aseguran que no saben dónde pararán dentro de unos meses. «Hace siete años no queríamos venir aquí y ahora no queremos irnos. Recuperarse después de un cambio de este calado no es fácil y somos animales de costumbres», argumenta Vivas.

Los vendedores han visto como en la Rambla tienen más facilidades para la carga y descarga y que han ganado visibilidad. Sobre todo cuando se inicia la temporada turística, de forma que el mercadillo se ha convertido en otro de los reclamos para los visitantes.

Alonso y Vivas no están de acuerdo en que pueda hacerse una purga según la antigüedad. «Lo que debería tenerse en cuenta es que si no cabemos todos deben priorizar a los que están al corriente de todos los pagos con Espimsa y con todos los trabajadores dados de alta y asegurados, porque aquí hacemos las cosas bien hechas, pero hay quien no lo ve así», apunta por su parte Raquel Alonso.

Fernando Amores lleva 24 años en la parada que fundó su padre hace otros 24 años. Lamenta la escasa información y que «solo vemos a los políticos cuando vienen a pedir el voto, y nada más». Vende artículos de piel en una parada en el camión y en su conversación aprovecha para poner en valor los ingresos que supone el mercadillo para las arcas municipales. La tasa es de cinco euros por cada metro de vía pública que ocupan. «Por estar en estos diez metros pago cada día 50 euros. Son unos 5.000 euros al año por dos mañanas, mucho más de lo que pagan por su terraza algunos de los bares que dicen que no nos quieren en Corsini», argumenta Amores.

Ente los comercios de la Rambla hay ganas de que esta arteria recupere su imagen habitual. El responsable de uno de los establecimientos históricos de este eje, que quiere mantenerse en el anonimato, defiende que «es una cuestión de estética. Si el mercado tuviera unas paradas mínimamente correctas de presentación, aún, pero la sensación para los viandantes es bastante lamentable», decía.

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