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El modernismo de Tarragona, visto por los Instagramers

Bajo el hashtag #TGNmodernista los Instagramers plasman en las redes la riqueza arquitectónica de la ciudad 

GLORIA AZNAR

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El tarraconense Josep Maria Jujol reformó la Casa Ximenis en 1914. En la imagen, Instagramers toman fotos del edificio, el primero de la ruta modernista. FOTO: joan revillas

El tarraconense Josep Maria Jujol reformó la Casa Ximenis en 1914. En la imagen, Instagramers toman fotos del edificio, el primero de la ruta modernista. FOTO: joan revillas

Historia y tecnología, pasado y presente. Esta dualidad es lo que confluye en el concurso #TGNmodernista que el Ayuntamiento de Tarragona, en el marco del Año Jujol, tiene en marcha hasta este domingo a las 23 horas. De todas las fotos publicadas de este legado arquitectónico, las doce mejores de los participantes ilustrarán un calendario modernista de 2019.

Con este propósito se propuso la pasada semana un recorrido por edificios emblemáticos de la ciudad, de la mano de Cristòfor Salom, técnico del Museu d’Història de Tarragona. 
De la Casa Ximenis al Teatre Metropol, pasando por el Mercat Central y el Ayuntamiento, los Instagramers pudieron inmortalizar desde su óptica unas construcciones que en su momento, a principios del siglo XX, fueron impulsadas por personas adineradas y también, sobre todo en Tarragona, por la Iglesia Católica, que de alguna manera se erigió en mecenas de este nuevo estilo de construcción. 

En la Casa Ximenis, del año 1914, restaurada por el tarraconense Josep Maria Jujol, uno de los elementos que mejor se conservan son las barandillas del balcón,  con unos bancos incorporados. De estos balcones, Salom destacó «el trabajo del hierro anudado, de manualidad, casi como si se tratara de un tejido», un motivo que se fue repitiendo a lo largo de la ruta. 

La siguiente toma de imágenes tuvo lugar en el Ayuntamiento. Allí los participantes pudieron admirar el mausoleo, con la simbología de un barco, que Lluís Domènech i Montaner creó para albergar los restos de Jaume I, monumento que en un primer momento debía exhibirse en el interior de la Catedral. Su historia se remonta a la desamortización de Mendizábal y al saqueo de algunas de las tumbas reales que se produjeron en aquel momento en el Monestir de Poblet. 

Escudos de Mallorca, de Valencia, del Principat de Catalunya, medallones de diferentes casas condales... son elementos que narran la historia de los reyes catalanes de la Corona de Aragón, un relato que navega sobre una piedra roja que representa el pórfido, que «siempre se ha asociado a los reyes y emperadores», según apuntó Salom.

El convento de los padres Carmelitas también fue punto de interés. La obra, de un modernismo temprano, contiene una combinación de materiales, elementos que imitan el gótico y una joya de Jujol, un camarín o pequeña capilla que antiguamente se podía visitar pero que en la actualidad está desmontada. Del edificio de las Teresianes de la Rambla se incidió sobre todo en sus arcos «catenarios, los arcos naturales», como reveló Salom. Se trata de un tipo de arcada muy utilizada por el reusense Antoni Gaudí y en general por los arquitectos modernistas.

El paseo continuó hacia el Mercat Central, que en aquel instante congregaba a una pequeña multitud. Por un lado los que disfrutaban de la Fira de l’Oli. Por el otro, los que esperaban a que actuara el carillón. 
A las 12 en punto del mediodía, la plaza quedó muda para dar paso a los elementos del Seguici a ritmo de Amparito al mismo tiempo que la vista y las cámaras se dirigían a dos edificios del arquitecto Josep Maria Pujol de Barberà, muy diferentes entre sí. Antes de finalizar en la obra maestra de Jujol, el Teatre Metropol, el grupo todavía hizo parada en la Casa Salas, en la Rambla Nova, vivienda familiar del propio arquitecto, con una decoración abigarrada, que repite el hierro de las barandillas.

El Teatre Metropol fue la última joya, donde Salom hizo hincapié en los materiales reciclados y en el espíritu cristiano, ya que no se debe olvidar que se trata de una construcción encargada por el Patronat Obrer, «una entidad cristiana preocupada por la educación de la clase obrera». A resaltar los elementos que recuerdan el mar, «como si fuera un barco que atraviesa los obstáculos de la vida para ir avanzando, con un techo onírico de formas voluptuosas de color azul en el piso inferior», explicó Salom. Y muy presente, asimismo, el símbolo de los primeros cristianos, el pez, que Jujol, profundamente religioso, incorpora a la iconografía de la obra. 

Este modernismo dio paso al Noucentisme y a un rechazo de sus formas sobrecargadas.

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