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El nacionalismo empaña una ceremonia brillante

La obsesión por convertir la Inauguración en una lucha patriótica afea un espectáculo magnífico con mucho carácter mediterráneo

Jaume Aparicio

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El Impluvium romano fue el escenario principal de la ceremonia. Sobre él y a su alrededor el espectáculo cobró vida y belleza. FOTO: pere ferré

El Impluvium romano fue el escenario principal de la ceremonia. Sobre él y a su alrededor el espectáculo cobró vida y belleza. FOTO: pere ferré

Las banderas arrasan con todo. Son capaces de enturbiar hasta las aguas del Mediterráneo, que alumbraron las primeras civilizaciones. Esa manía obsesiva de exhibir colores lograron malmeter en una Ceremonia de Inauguración de los Juegos del Mediterráneo Tarragona 2018 espléndida.

Hubo que hacer un serio ejercicio de concentración para lograr abstraerse de la exhibición de patriotismo pueril con el que algunos quisieron convertir un acto intercultural y deportivo. No entienden nada del espíritu del olimpismo.

El fuego iluminó el césped del Nou Estadi durante la representación del nacimiento de la Humanidad. FOTO: pere ferré

Las dos horas de duración de la ceremonia ofrecieron un cóctel magnífico de luces, música, bailes y fuegos artificiales. Un espectáculo diseñado por el director artístico Hansel Cereza y ejecutado por la compañía Focus Events que supo encumbrar a Tarragona como la capital del Mare Nostrum durante los diez días de Juegos.

Un Impluvium romano, como el que centenares de habitantes de la antigua Tarraco disponían en sus casas hace 2.000 años, presidió el escenario. Entonces servía para recoger el agua de lluvia, ayer esa estructura doméstica, convertida en una moderna pantalla de LED, representó el carácter más mediterráneo, defensor de la concordia y el diálogo (¡qué falta hace!).

Luces, colores y agua cogieron el protagonismo del escenario durante la interpretación la coreografía del agua y la naturaleza. FOTO: alba mariné

En cada uno de los laterales del impluvium surgían unas manos que fueron bendecidas por el agua que cada delegación trajo en sus ánforas, procedente de sus riberas, como culminación de la ceremonia del agua.

Lucrecia, Orozco y López

La música tomó el liderazgo en la primera parte del espectáculo. Lucrecia fue la primera en aparecer sobre el césped del Nou Estadi para interpretar la canción Tarracus. Vestida de 9 formas diferentes, la tan criticada mascota de estos Juegos no se podía perder su gran día y estuvo presente de principio a fin. 

María Ángeles López puso voz a la dulce Mediterráneo que Joan Manuel Serrat le cantó al mar que le vio nacer y que la cantante bordó. Puso la emoción a flor de piel. López completó su inolvidable actuación interpretando el himno ‘Juguem Per Viure,‘ compuesta por el colectivo PeTaCa. Unos 200 niños y niñas le acompañaron brillantemente.

Un centenar de voluntarios, que pusieron cara a los 3.500 anónimos que harán posible la celebración de los Juegos, precedieron el desfile de atletas. Grecia, cuna del olimpismo, abrió como es tradicional, la procesión de deportistas, que cerraron los 398 deportistas españoles, abanderados por la nadadora Mireia Belmonte. Lógicamente fueron los más aplaudidos, aunque también los 34 representantes de Andorra se llevaron una buena ovación.

Antonio Orozco irrumpió en la ceremonia para dejar uno de los momentos más emblemáticos. Las gradas se llenaron de luces para cantar junto al cantante barcelonés sus temas ‘Mi héroe’ y ‘Hoy es el día’.

Del aire llegó la bandera del Comité Internacional de los Juegos del Mediterráneo. La Patrulla Acrobática de Paracaidistas del Ejército del Aire (PAPEA) se la entregó a los seis últimos portadores: los nadadores Santiago Esteva, Sylvia Fontana y Abert Duch, el atleta José Ángel Bragado, la gimnasta Bito Fuster y la jugadora de balonmano Carme Rams. 

Del aire bajó la bandera de los XVIII Juegos del Mediterráneo que ondeará en el mástil del Nou Estadi hasta el 1 de julio. FOTO: pere ferré

La bandera ondeó por encima de las cabezas de las 26 delegaciones antes de que el cuerpo de gala de la Policía Municipal de Tarragona la izara en el mástil ubicado entre Gol Sur y Preferente.

El alcalde de Tarragona, Josep Fèlix Ballesteros, abrió el turno de los parlamentos. También en esto se ausentó el respeto. El Rey Felipe VI obtuvo vítores y silbidos durante su breve discurso. La peor parte se la llevó el President de la Generalitat, Quim Torra, con una sonora pitada.

Y eso que no dijo ni mu. No le tocaba. Lo suyo era presentarse en Tarragona. Cumplió como ‘patrocinador’ principal de los Juegos y como el más digno de los anfitriones.

La magia y la sorpresa llegó en el tramo final de la ceremonia. La historia representada en el centro del Nou Estadi estuvo plagada de significados en la que un juego de niños (el de la peonza) provoca la aparición de la Diosa de la Vida, la soprano Begoña Alberdi. Las columnas del Impluvium cobraron vida. Sobre ellas cayó el agua creada por la diosa transformándolas en plantas de las que brotó la Humanidad, diversa y plural. 

La soprano Begoña Alberdi fue la Diosa de la Vida durante el espectáculo de la Ceremonia de Inauguración. FOTO: alba mariné

Lucrecia regresó al escenario para después de un espectáculo pirotécnico cerrar la inolvidable Inauguración de los Juegos del Mediterráneo Tarragona 2018.

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