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El negocio de los yates de lujo despega en Tarragona

Unas 500 personas, entre tripulantes y empresas de servicios, pasan los meses de invierno en el enclave tarraconense, lo que genera un impacto económico de 1,2 millones al mes

Núria Riu

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Los yates de lujo han encontrado un espacio para hibernar en la Marina Tarraco, que registra una ocupación notable. FOTO: pere ferré

Los yates de lujo han encontrado un espacio para hibernar en la Marina Tarraco, que registra una ocupación notable. FOTO: pere ferré

Coral Ocean, Ilusion Plus, Talisman Maiton y un largo etcétera de embarcaciones de lujo se encuentran atracadas en la Marina Tarraco. Su presencia en la ciudad no pasa desapercibida. Y es que, cada vez más, el enclave tarraconense se ha convertido en un referente en un sector con un fuerte impacto económico.

Los datos que proporciona Port Tarraco hablan de unos 400 tripulantes y otras cien personas trabajando en empresas de servicios y mantenimiento, que se hospedan en hoteles y apartamentos de la ciudad. Un total de 500 personas que, según estudios del sector, se dejan entre 80 y 100 euros diarios, lo que representa un impacto de 1,2 millones de euros mensuales entre mediados de septiembre y el mes de mayo. «El potencial en la economía local es muy importante», afirma el gerente de Marina Tarraco, Marc Colls.

La apuesta por este negocio parte de julio de 2011, cuando la Sociedad Internacional Marina Tarraco se quedó con la concesión de esta infraestructura. La actividad de los yates de lujo se convirtió en una prioridad para los nuevos gestores. No obstante, la situación de crisis mundial alejó el objetivo en los primeros años. Es a partir de 2016 cuando empiezan a percibirse los primeros resultados, aunque no es hasta el 2017 cuando la cifra de reservas aumentó de forma sustancial. Finalmente, entre octubre y noviembre una parte de éstas acabaron cancelándose. La inestabilidad política estaría detrás de la situación, de forma que este 2018, cuando ya se ha dejado atrás, están empezando a recogerse definitivamente los frutos.

Durante el verano la mayoría de estas embarcaciones permanecen en alta mar y el hub náutico se establece en la Costa Azul. Su centro de reparación en invierno es Palma de Mallorca, pero la saturación y los precios inflados hacen que cada vez más Barcelona y Tarragona se posicionen como enclaves estratégicos. La ventaja de la infraestructura tarraconense respecto al de la capital catalana es que aquí pueden atracar embarcaciones más grandes. Colls pone en valor que «está claro que ellos tienen una marca mucho más potente a nivel internacional, pero aquí tenemos ventajas en cuanto a privacidad y seguridad de los tripulantes. A Barcelona estás más expuesto y los responsables de los barcos buscan sitios con un perfil más discreto y tranquilo». Son algunos de los principales factores que se  ponen en valor cuando Port Tarraco acude a ferias internacionales del sector de cara a captar clientes. En septiembre estuvieron en Mónaco, con un estand de super yates, y la semana pasado los directivos viajaron a Miami. «Ofrecemos un paquete con amarres con seguridad, logística y climatología», dice Colls.

El yate más grande del mundo

El gerente apunta que Tarragona tiene algunas características particulares. «Respecto a otros puertos es más difícil vender, porque en un mercado internacional la marca Tarragona no es muy  conocida. Cuesta hacerse un hueco, pero, por otro lado, tenemos que la mayoría de los clientes vuelve y las referencias que estos dan son nuestro principal punto a favor», afirma. Otro de los elementos clave es que aquí pueden amarrar barcos de gran capacidad. En 2015 el Azzam, el barco más grande del mundo propiedad del presidente de Abu Dabi, permaneció en Tarragona durante medio año. Mide 181 metros, lo que en otros puertos le habría obligado a atracar en un puerto comercial.

La Marina Tarraco es un enclave de invierno. La infraestructura cuenta con 33 amarres para yates de hasta 160 metros. La ocupación en estos meses llegará hasta al 95%. El periodo más fuerte es desde mediados de septiembre a finales de noviembre. A partir de ahí, muchas de estas embarcaciones marcharán al Caribe y cuando acaben la temporada volverán a Tarragona para permanecer desde abril a principios de junio. Las embarcaciones más grandes pueden contar con una tripulación de más de setenta personas. «Son barcos que en invierno hacen su mantenimiento y consumen una gran capacidad de servicios desde la manutención de la gente a transporte, hoteles, etc.», argumenta Marc Colls.

Pendientes de reformas

Las tarifas de los amarres oscilan de los 891 euros al mes a 28.958. La estancia más habitual es de seis meses. La Autoritat Portuària ingresa el canon para la concesión de los 30.000 metros cuadrados de terreno de la marina y una tasa de ocupación.

Es una actividad en auge que obligará a hacer cambios en las instalaciones. El Moll de Lleida ya está adaptado completamente. En cambio, tanto en el Moll de Llevant como en el de Costa habrá que mover los bloques de hormigón acuáticos para aumentar la ocupación. «Nos permitiría un crecimiento importante ya que podríamos tener el doble de barcos, no tanto en lo que se refiere a la cantidad sino en capacidad», describe el gerente de Marina Tarraco. En 2038 la sociedad actual finaliza su concesión, que es ampliable a otros diez años. Los resultados y las inversiones que puedan hacerse serán determinantes para seguir.

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