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El negocio del bolardo

Son los efectos del terrorismo global de los últimos tiempos. Las firmas de mobiliario urbano viven un boom. Suben ventas y consultas. Los ayuntamientos compran jardineras o pilonas por seguridad

Raúl Cosano

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Tarragona apuesta de momento por los bloques de hormigón como protección. Están en lugares como la Rambla Nova.  Foto: Lluís Milián

Tarragona apuesta de momento por los bloques de hormigón como protección. Están en lugares como la Rambla Nova. Foto: Lluís Milián

El terrorismo ha cambiado el paisaje urbano, y no sólo los ataques de Barcelona. El atropello múltiple y mortal en Niza (Francia), en 2016, fue un punto de inflexión. Desde entonces y hasta hoy, ha habido nueve ataques en Europa con atropellos masivos, hasta tal punto de que la necesidad de protección ha llevado a ayuntamientos y particulares a reforzar la seguridad en plazas, calles y paseos. «Hemos aumentado las ventas más de un 30%, no sólo a partir de los atentados de Barcelona y Cambrils, sino durante todo el año. Se han multiplicado las consultas, de gente que te pregunta qué impacto aguanta, qué velocidad de un vehículo…», sostiene Jordi Rocasalbas, responsable de la compañía Benito Urban. 

Esther Rovira, responsable comercial en la provincia de Tarragona, confirma el aumento: «Se ha notado un incremento. Muchas veces preguntan por productos que no son específicamente para la seguridad pero que, evidentemente, puestos en un paseo, impiden el paso de cualquier vehículo, por grande que sea».

Poblaciones como Valls, Reus, Vila-seca, Salou, Cambrils, Amposta, Deltebre, L’Hospitalet de l’Infant o L’Ampolla han hecho algún encargo en los últimos tiempos a Benito Urban. La pilona clásica, también conocida como bolardo, se ha convertido en el elemento más representativo, pero hay otro mobiliario urbano más estético e igual o más eficaz a la hora de contener una ofensiva yihadista. «Si pones un banco, a la vez que sirve para sentarse, también es un obstáculo que impide que pase un coche. Lo mismo pasa con algunas jardineras grandes. Dentro se pone tierra y se convierte en algo muy pesado que tiene utilidad en términos de seguridad», aclara Esther Rovira.

«Hay elementos que se integran más fácilmente. Hay que tener en cuenta que una papelera puede pesar 200 kilos y una jardinera supera los 1.500. Eso es suficiente para detener un choque», argumenta Jordi Rocasalbas. 

Parte del catálogo de mobiliario urbano disponible para reforzar la seguridad

Las entidades públicas, con los ayuntamientos a la cabeza, son los clientes principales de estas compañías, aunque también hay privados. «Hemos notado que nos llama mucha más gente pidiendo información y asesorándose. Algunos quieren reconvertir los pilones existentes en objetos de seguridad que puedan aguantar. A veces son consultas de cara a partidas que se incluyan en los presupuestos del año que viene», narra el responsable de otra empresa. Incluso el sector petroquímico de Tarragona se ha interesado por alguna de estas opciones.

Del ‘new jersey’ al macetero
Las soluciones son muy variadas. Tras los atentados de Barcelona y Cambrils, Tarragona optó por colocar bloques de hormigón de color azul en lugares como la Rambla Nova. Municipios como Calafell instalaron esas defensas ‘new jersey’ como solución provisional para salir del paso, con el objetivo de reemplazarlas en el futuro por jardineras, para reducir el impacto visual. Reus optó también por bloques de hormigón en lugares concurridos como la Plaça de la Llibertat, la calle Llovera, delante de la Plaça de Catalunya o en los pasos de peatones del Tomb de Ravals. La capital del Baix Camp repintó de gris esos bloques negros y amarillos para integrarlos en el paisaje, y les estampó además el escudo de la ciudad. Hace unas semanas los sustituyó de forma definitiva por jardineras, todo ello con afán ornamental, una de las obsesiones de los municipios. Eran, eso sí, maceteros mucho más grandes que los que se podían ver antes por la ciudad. 

El boom de este mobiliario urbano enfocado a la seguridad contra el terrorismo de la yihad se prevé que continúe durante 2018. «Notamos que hay más llamadas desde hace tiempo y más encargos. Los ayuntamientos no nos dicen directamente que es por un tema de seguridad. Nunca lo sabemos con exactitud», sintetiza el responsable de otra firma. 

El objetivo siempre es invadir al mínimo los espacios. De ahí que otra alternativa en el catálogo sea, por ejemplo, apostar por bolardos de mayor complejidad, aunque con un precio mucho más elevado. La llamada pilona telescópica es un ejemplo: es retráctil y se eleva o desciende de forma automática en función de la necesidad. «Este tipo de objetos te permite restringir el acceso a vehículos y delimitar espacios pero a la vez, si tiene que pasar por ejemplo una ambulancia, lo puede hacer. Es importante que se tenga en cuenta», zanja el responsable de una compañía de mobiliario. 

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