El pacto entre ERC y Comuns de BCN no vincula las cuentas de Tarragona

¿Deshielo? Esquerra y ECP intensifican los contactos en la Plaça de la Font. Carla Aguilar ya estudia un primer esbozo del presupuesto 

Octavi Saumell

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El gobierno municipal intenta sumar a los Comuns para aprobar el presupuesto para 2022. Foto: Pere Ferré

El gobierno municipal intenta sumar a los Comuns para aprobar el presupuesto para 2022. Foto: Pere Ferré

De entrada, Carla Aguilar (ECP) no está dispuesta a hacer un «Ernest Maragall» en la Plaça de la Font. Pese a que el pasado lunes ERC y En Comú Podem llegaron a un acuerdo para facilitar las cuentas de la Generalitat –con el voto de los Comuns– y del Ayuntamiento de Barcelona –con el de Esquerra, pese a la oposición inicial de los republicanos–, el pacto entre el President Pere Aragonès y Jéssica Albiach no contempla seguir el mismo patrón ni en el presupuesto de Tarragona ni en Lleida. «Las cuentas de Tarragona se deciden en Tarragona. No hay ninguna vinculación entre la negociación de la Generalitat y la nuestra», indica la protavoz de los Comuns, Carla Aguilar, quien enfatiza que «cada una de ellas es lo suficientemente importante como para tener una negociación propia». 

De hecho, la edil –quien formó parte del gobierno municipal hasta la ampliación con JxTGN y CUP del pasado 16 de junio– ya cuenta con un documento sobre el primer esbozo de las previsiones para 2022, que recibió ayer martes.  La pasada semana, el PSC también recibió de parte del ejecutivo un primer texto, si bien en este la partida de la plusvalía era cero y, además, no se incluyeron inversiones.

Pese al guiño a los socialistas, lo cierto es que el deshielo a nivel autonómico y de la capital catalana entre ERC y Comuns también se ha trasladado, en parte, a la Plaça de la Font. Este lunes ya hubo las primeras conversaciones telefónicas, que se espera que deriven en una inminente negociación presencial en los próximos días. «Mantenemos las propuestas que ya anunciamos», indicó ayer la líder de la formación progresista para recordar que, entre sus exigencias, está el hecho de que el 20% del gasto global sea en materia social, así como la puesta en escena de un plan de choque social urgente, valorado en diez millones de euros. 

Entre las propuestas que ECP quiere incluir en este plan está destinar dos millones de euros en «rehabilitación y accesibilidad en los barrios», así como invertir la misma cantidad para la adquisición de vivienda «para destinarla a alquiler social». En la hoja de ruta también destaca la apuesta por aportar un millón de euros «a las zonas que tengan una renta que sea un 40% inferior a la media», donde se apostaría por llevar a cabo acciones de dinamización. También pide priorizar «la creación de subvenciones para casales adaptados», manteniendo los 65.000 euros. 

Ayer, el alcalde Pau Ricomà (ERC) reivindicó que «es el momento de sumar para la ciudad». «Tarragona necesita un presupuesto para reactivar la economía y no perder oportunidades», afirmó el máximo edil, quien recordó a Aguilar las palabras de la líder de ECP en el Parlament, Jéssica Albiach, de facilitar la aprobación de las cuentas «en todas las instituciones». El llamamiento del alcalde se suma al del portavoz de ERC, Xavier Puig, quien pide «dejar de lado el carné de partido» y hacer «un voto de ciudad». ¿Qué tiene que hacer, pues, Aguilar? ¿Acatar lo que dice su jefa de filas o esconder el carné y votar tarragoninament? Una contradicción.  

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