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El pintor clásico al que le apasiona el rock

Antonio Galván combina los pinceles con los que elabora sus retratos y su pasión por el rock en el grupo Göttemberg, donde canta y toca la guitarra

Rossi Vas

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Antonio Galván con uno de sus retratos. Foto: Lluís Millán

Antonio Galván con uno de sus retratos. Foto: Lluís Millán

Sus amigos le llaman simplemente Toni, pero su nombre es Antonio Galván. Pintor y también cantante, combina las bellas artes con la música porque son su vida y lo que le apasiona. También da clases extraescolares de pintura para niños de 7 a 10 años en un colegio de Tarragona. 

«Mi familia es andaluza, se vino aquí hace años. Mi padre es cantante de flamenco», cuenta. La pintura la lleva por dentro; empezó de pequeño, apasionado por los comics que coleccionaba su hermano mayor. «Comencé a dibujar y me di cuenta de que de mayor quería ser pintor», relata, y añade que sus padres preferirían que fuese médico o arquitecto. Le apoyaban en sus ilusiones, pero no veían bien que eligiera el arte como camino vital. «No les entraba mucho el arte en la cabeza», confiesa sonriente.

Pero él es idealista; ahora, con 35 años de edad, recuerda que eligió la carrera de Bellas Artes en la Universidad de Barcelona porque él mismo es «una mezcla rara»; le apasiona el clásico en la pintura, pero procura «estar al día con las nuevas tecnologías». 

‘Mis padres me apoyaban en mis ilusiones, pero no veían bien que me dedicara al arte’

También le gusta la música rock; es el vocalista de la banda tarraconense Göttemberg, donde también toca la guitarra. Lleva con el grupo cuatro años y han grabado dos discos. Entre sus aficiones destaca la de dibujar portadas de discos, y desde 2005 ya lo ha  hecho para unas veinte bandas de rock. Formando parte de un grupo musical, dibujar las portadas es un trabajo que le entusiasma y que se le da muy bien. «He hecho una infinidad de ilustraciones a nivel moderno y fantástico», cuenta. Ha elaborado portadas de libros. En el periodo del 2006-2009 fue ilustrador, con otros artistas, en la revista Caldo de cultivo.

En 2015 hacía retratos en Barcelona, en vivo, en eventos públicos o particulares, y en bares. «Me gustaba el ambiente moderno». Aunque dice que esto ya ha pasado a la historia; no se plantea ponerse en las calles de la Costa Daurada a pintar a los turistas; no solamente por el tema de las gestiones administrativas por ocupar espacio público, sino también porque aquello ya no le seduce. «En el arte soy solitario y difícil de encajar», sonríe. Se define como muy idealista. «Me gusta perderme en el mundo de la creatividad», y añade que es «una mente difícil para los tiempos que corren». 

Habla con pasión de sus ídolos: Leonardo da Vinci y Michelangelo da Caravaggio, mencionando con entusiasmo obras de los dos pintores italianos, detalles de su vida y técnicas de pintar. «Me gusta el contraste de luz y oscuridad de Caravaggio. Para sus ideas, escogía a los personajes entre la gente de la calle para luego pintar temáticas religiosas», dice. Él es descriptivo en el arte, y opina sobre el arte moderno que es «como un recurso fácil y que para que uno elija seguir esta línea debe conocer en profundidad el clasicismo, para luego romper a los realistas y a los clásicos». 

Ha participado en 15 exposiciones en Barcelona y Tarragona, de las cuales siete eran individuales. En 2015 colaboró con el colectivo Junkie Python en los paneles por las calles de Tarragona sobre el tema ‘Revisar los dibujos de Lorca’. «Muchas veces me salen encargos para retratos, pero las clases siguen dándome estabilidad económica», dice Toni Galván, y su deseo de seguir adelante en el arte se transmite en sus palabras.

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