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El profesor de los concejales

El catedrático Antoni Jordà cuenta con una larga lista de alumnos que se dedican a la política

Carla Pomerol

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El catedrático Antoni Jordà, con los cinco concejales, el pasado lunes en una aula de la facultad de jurídicas de la URV.

El catedrático Antoni Jordà, con los cinco concejales, el pasado lunes en una aula de la facultad de jurídicas de la URV.

El punto de encuentro fue el bar de la facultad de jurídicas de la URV. El primero en llegar fue el portavoz de Ciutadans en el Ayuntamiento de Tarragona, Rubén Viñuales. Dos minutos después lo hacía el protagonista de la jornada: el catedrático Antoni Jordà. Llegó el resto de concejales y se dirigieron hasta el despacho número 103, del segundo piso de la facultad de jurídicas.

Cinco concejales y un catedrático se sentaban en una mesa para recordar tiempos pasados y para debatir sobre temas de ámbito municipal. Antoni Jordà Fernández fue profesor de cinco de los veintisiete concejales que hay en la actualidad en el Ayuntamiento tarraconense: Josep Acero (PP), Javier Villamayor (PSC), Ivana Martínez (PSC), Rubén Viñuales (Cs) y Dídac Nadal (PDeCAT). Todos ellos guardan un buen recuerdo de esa época y de ese profesor. Se nota por la intensidad de los abrazos al volverse a ver en el bar de la uni.

Los cinco concejales y el catedrático Jordà, en la pasarela. Foto: Lluis Milián

Jordà impartía, y aún imparte,  en el primer cuatrimestre del primer año de carrera, una asignatura llamada Història del Dret que, según sus alumnos, no era fácil de superar. «Yo aprobé a la primera», aseguraba el concejal Josep Acero, quien actualmente se encuentra cursando tercero del grado de Derecho. No tuvieron la misma suerte otros los ediles, como Rubén Viñuales o Javier Villamayor, que confesaron, en un ataque de sinceridad, haber aprobado a la segunda.

«Pensé que el examen me había ido bien, pero me encontré al profesor Jordà por el pasillo y me dijo: No ha ido demasiado bien, ¿verdad? Me di cuenta de que mi criterio no era el acertado», explicaba, entre risas, el portavoz de Cs. Por su parte, el concejal Javier Villamayor aseguraba que «su asignatura era de las más complicadas. Nos hacía un examen tipo test eliminatorio. Si no lo aprobábamos, ya no hacía falta presentarnos al segundo examen».

Algunos de los concejales recordaban cuando el docente Jordà daba clases con un pinganillo, dependiendo del aforo de la clase. Aún lo hace, explicaba. Jordà confesó que la asignatura que imparte no es de las más asequibles, ya que es un poco desconcertante.

Jordà da clases con un pinganillo, dependiendo del aforo de la sala

«He seguido de cerca a muchos de mis alumnos y debo decir que la mayoría de los que se han dedicado a asuntos públicos, como ellos, ya se les veía esta faceta en sus primeras etapas educativas en la universidad», explicaba Jordà, quien añadía que «se notaba en su manera de intervenir en las clases, de preguntar y de interesarse. También en la manera de compaginar otras actividades con las estrictamente docentes». El profesor aseguraba que «no es que fuera adivino, sino que con 18 años ya se podía percibir una salida laboral como esta. No me equivoqué. El recorrido de cada uno de ellos, al menos a mí, no me ha extrañado».

La concejal del Ayuntamiento Ivana Martínez fue la única de los cinco que no estudió Derecho. Cursó Relacions Laborals, y también fue alumna de Jordà. «Lo recuerdo como una persona muy cercana y de fácil acceso. Mi padre tuvo un problema por un tema de la seguridad social y pude llamar al doctor Jordà para que me aconsejara sobre los pasos a seguir», explica Martínez.

Por su parte, el portavoz del PDeCAT, Dídac Nadal, destacaba que durante su etapa universitaria –coincidió con el concejal Villamayor– «nos iban reubicando de lugar por las obras. Primero en la Antiga Audiència, después en El Seminari, en la avenida Catalunya, entre otros. Esto hizo que la etapa fuera muy atractiva. Era una carrera itinerante».

En una de las aulas de la facultad de jurídicas. Foto: Lluis Milián

El catedrático Jordà explicaba que la asignatura que él impartía «no era de aquellas que los alumnos pudieran poner en práctica al salir de la universidad. Pero sin embargo permite conocer cómo hemos llegado hasta aquí y nos da elementos de referencia para entender el presente y el futuro», y añadía que «con los años, los alumnos deben entender que, como mínimo, no era una asignatura inútil».

Viñuales destacaba que «Jordà daba la clase de una manera muy escéptica, con una visión muy universal, sin juicios de valores. Para muestra, un botón. Los que estamos aquí tenemos ideologías muy distintas».

El catedrático Jordà cuenta con una larga lista de alumnos que, actualmente o en el pasado, se encuentran en primera línea de la política, tanto municipal como nacional. Es el caso de Alejandro Fernández, portavoz del PP en el Parlament; Meritxell Roigé, alcaldesa de Tortosa; Carles Castillo, diputado en el Parlament, y un largo etcétera.

Decisiones importantes

Durante el encuentro, se abordaron temas como los obstáculos que Ballesteros se ha encontrado en su etapa como alcalde o cómo son las dinámicas de los plenos del Ayuntamiento. Jordà cuenta con publicaciones centradas en la administración local y provincial. Sabe de lo que habla. El catedrático apuntaba que en cada una de las tres etapas de la ciudad –la de Recasens, la de Nadal y la de Ballesteros–, se han tomado dos o tres decisiones importantes que han marcado el futuro de Tarragona.

«Un ejemplo es que hace 20 años, cuando la zona que va desde la calle Ramón y Cajal hasta la calle Real no estaba urbanizada, el concejal de Urbanisme de entonces, Àngel Fernández, me dijo, con mapa en mano, que si alargábamos la calle Pere Martell se podría urbanizar la zona. En ese momento no lo acabé de entender, ahora sabemos la repercusión de esa decisión», explicaba Jordà, quien añadió que «los Juegos, la Budallera o Ikea pueden ser algunas de esas decisiones estratégicas que marquen el futuro». 

El debate se centró en la etapa de Ballesteros, y Jordà apuntó que «se necesita un poco de perspectiva para poder valorar un mandato», pero reconoció que «Ballesteros se ha encontrado con complicaciones extralocales muy importantes, como la crisis económica o la institucional, que han afectado a la dinámica del propio Ayuntamiento».

Qué debatir en los plenos

«En otros países, el mundo local vive al margen de los problemas extramunicipales. Ya tienen suficiente con sus temas. Aquí tenemos siempre la tentación de mezclar, porque a veces los mismos políticos juegan en distintas ligas», explicaba el catedrático Jordà. En la mayoría de sesiones plenarias, se debate más minutos sobre el conflicto catalán o sobre el sueldo de la policía –por poner dos ejemplos– que sobre la acera en mal estado.

«¿Cree que es correcta esta dinámica?», preguntó Dídac Nadal, durante el encuentro. «Depende de lo que queramos que sea nuestro Ayuntamiento. Si el mundo local debe ser un reflejo de la opinión de los partidos y, por lo tanto, de los ciudadanos, es lógico hablar de esto. Otra cosa es si es operativo o útil», respondió Jordà. Acero recordó que «en cada pleno digo que hablemos más de Tarragona». Nadal le respondió, en broma: «Eso lo dices cuando el tema que debatimos no te gusta». Fin de la conversación.

El grupo habló también de la importancia de ser concejal antes de ascender a un puesto de ministro o conseller. «Hay una diferencia muy grande entre hacer política de salas oficiales –en el Parlament o en el Congreso de los Diputados–, o estar en las trincheras del municipio», explicaba Villamayor, quien añadía que «hablar cara a cara con los vecinos te da un bagaje.

En la vida personal es fundamental y en la vida política, imprescindible». Martínez cree que todos los tarraconenses deberían ser, al menos una vez en la vida, concejales, «para entender la realidad de la ciudad». El encuentro entre el catedrático y los cinco concejales duró 48 minutos. Unos y otros mostraron su cara más terrenal.

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