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El registro laboral ya se nota: 2.600 horas extras menos al día en la provincia

Las horas extraordinarias han descendido un 15% en Tarragona a partir del control de las empresas. Hubo 16.000 menos a la semana. Expertos y sindicatos aplauden la medida: «Había que poner orden»

Raúl Cosano

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Un empleado registra su entrada en una empresa. Foto: Alfredo González

Un empleado registra su entrada en una empresa. Foto: Alfredo González

Los efectos del registro horario ya se perciben en Tarragona. La entrada en vigor en mayo de la norma que obliga a las empresas a registrar la jornada de sus asalariados tiene consecuencias importantes en el número de horas extraordinarias. En el segundo trimestre del año, las horas extras (tanto las pagadas como las no remuneradas) cayeron un 15,4% en la provincia, según datos facilitados por el INE a este periódico. 

Es pronto para analizar a fondo el efecto de este registro en la práctica diaria de millones de fábricas y oficinas. Pero la EPA ofrece sus primeras pistas. De las 103.500 horas realizadas a la semana en Tarragona en el segundo trimestre del año pasado a las 87.500 en este. Son 16.000 horas menos, lo que equivale a unas 2.600 menos por jornada. 

En Catalunya, la tendencia fue similar: de 826.800 horas a las 762.300, siempre comparando los mismos periodos. «Ya se pueden ver los efectos. La inspección de trabajo hace una campaña específica. Este descenso se puede atribuir al control. Los asesores laborales están recomendando tenerlo en orden», explica Víctor Canalda, abogado tarraconense y profesor de Derecho Laboral en la UOC. 

«Esto era un desmadre»
Los expertos aplauden esta medida
, que refuerza la lucha contra las horas extraordinarias, que venían acumulando aumentos. Las cifras muestran que, en contra de lo que había sucedido en la última década, las horas extras están bajando, y a ello contribuye la obligación de los empleados de fichar al entrar y salir de su puesto. «Era una medida necesaria y por eso la valoración que se puede hacer es muy buena. Había sectores en los que esto era un caos y un desmadre», cuenta Canalda. 

Los analistas consideran que es un primer paso para poner coto y controlar los excesos que tienen un tope: hay un máximo de 80 horas extras anuales, según el Estatuto de los Trabajadores. 

«Había un problema. Era muy difícil hasta ahora poner las horas extras con una medida objetivable, porque el empresario siempre se escudaba en que se podría compensar con un descanso. Además, cuando se solicitaba, como el registro formal no era obligatorio, siempre quedaba en el aire y cuando la inspección podía poner sanciones, también había un problema a la hora de probar», relata Canalda, contundente: «Esta medida pone a todo el mundo en su sitio, porque el trabajador estaba en una cierta indefensión». 

El Gobierno aprobó en marzo el decreto que regulaba el registro pero introdujo un periodo de carencia de dos meses, hasta el 12 de mayo, para que las empresas se adaptaran. «Se está viendo que era necesario, sobre todo en ciertos sectores proclives a estos abusos. Todo vino porque los sindicatos llevaron el tema a la Audiencia Nacional, que dijo que no había obligación de llevar a cabo el control. Esto, de alguna forma, pone orden, independientemente de que existan situaciones laborales concretas donde haya horas extras estructurales», añade Canalda. 

En España la dinámica es parecida. Las horas extras en los dos primeros trimestres de 2019 han descendido un 11,6% respecto a las efectuadas en el mismo período de 2018. Además, el número de horas extra no pagadas realizadas semanalmente en estos dos primeros trimestres del año ha sido el menor desde 2010.

Un dibujo distinto aflora al ver los datos del año pasado. El número de horas extra que los españoles hicieron en 2018 superó los 330 millones. Al analizar solo las pagadas, fueron 166 millones, la cifra más alta desde 2008, según datos de Randstad a partir de la Encuesta de Costes Laborales del INE. Las caídas en los peores años de la crisis fueron constantes. Pero desde 2013 comenzaron a subir hasta acercarse el año pasado al máximo alcanzado al inicio de la crisis. La ecuación está clara: a más recuperación económica y más empleo, más horas extra. 

La directora general de Inspecció de Treball de Catalunya, Maria Luz Bataller, remarcó la conveniencia del registro durante una jornadas realizadas por UGT. Bataller valora como «imprescindible» la medida y sostiene que «el exceso de jornada dificulta la conciliación laboral y familiar», lo que «afecta tanto a la salud como a los salarios y reduce las cotizaciones a la Seguridad Social».

También aportó un dato significativo e ilustrador: durante el primer trimestre de este año, Inspecció recibió 319 propuestas de sanción. En el 61% de ellas se detectaba un incumplimiento del tiempo de la jornada laboral. 

Por su parte, Alberto Pastor, profesor agregado de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social de la UAB, cree que el registro debe efectuarse «sin perjuicio de la flexibilidad horaria». Pastor incide en que el sistema implantado debe ser «objetivo y fiable».

También los sindicatos lo celebran. «La valoración es positiva, pero hay cosas a mejorar, como la vigilancia y el control en cuanto a Inspección. Faltan más recursos de personal. Nos llegan casos de personas que, aun registrando su horario, todavía hacen más horas de las que les toca, no sabemos si cobrando en negro. Hay que mejorar para revertir esas situaciones», dice Joan Llort, secretario general de UGT en Tarragona. 

Según Luis Pérez, director de Relaciones Institucionales de Randstad, «el recurso de las horas extraordinarias puede ser positivo en momentos de alto volumen de trabajo pero no es una buena solución de manera recurrente». Según el directivo, «para dar respuesta de manera adecuada a estas situaciones existen soluciones como contratos a jornada parcial o de duración determinada, que permiten no saturar a los empleados con agotadoras jornadas de trabajo y no alterar su conciliación entre vida laboral y personal»

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