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El reto de integrar dos ruedas rápidas en la geografía urbana

Los usuarios del patinete eléctrico registran un auge, impulsados por las ventajas de un sistema de transporte rápido y limpio, mientras surge el reto para los gobiernos locales de regular su paso 

Agnés Llorens

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El Segway es uno de los aparatos más utilizados, aunque cada vez se ven más artilugios de tamaño y peso más reducidos. FOTO: DT

El Segway es uno de los aparatos más utilizados, aunque cada vez se ven más artilugios de tamaño y peso más reducidos. FOTO: DT

Son prácticos, ligeros, cómodos y versátiles y, además, pueden alcanzar velocidades elevadas, lo que los convierte en una pieza que puede ser clave para la movilidad urbana del futuro. Estos días, posteriores a las fiestas de Navidad, su presencia en las calles es más evidente que nunca, no en vano han sido la estrella entre los regalos de los Reyes. 

De hecho, en grandes ciudades como Reus y Tarragona, los patinetes eléctricos se están abriendo paso como una opción más para moverse por las calles, una alternativa que, a causa de su novedad, plantea algunas dudas sobre su integración en la movilidad urbana.

Han sido uno de los ‘juguetes’ que más trabajo han dado a los Reyes Magos

¿En qué espacio tienen que circular estos vehículos y qué consideraciones tienen que tener en cuenta sus conductores? Es la pregunta del millón. A este respecto, ayuntamientos como los de Tarragona, Reus, Salou y Cambrils todavía no han definido cuál es el planteamiento a adoptar para clasificarlos dentro del mapa de vehículos que circulan y estudian la manera de regular el tráfico para evitar problemas a conductores de vehículos y transeúntes, así como garantizar la seguridad de los propios conductores de patinetes. 

Vacío legal 

«Después de estas fiestas hemos notado un leve repunte de la presencia de estos elementos, aunque su presencia en la vía pública todavía queda lejos de poder considerarse un elemento de movilidad habitual por parte de la ciudadanía», apuntan desde el área de Mobilitat del Ayuntamiento de Tarragona, al tiempo que ponen de relieve que, por el momento, «no se han registrado quejas o accidentes relacionados con este tipo de artefactos». 

Respeto a su consideración dentro del tráfico urbano, Mobilitat destaca que los patinetes eléctricos no se pueden considerar como ‘ciclos’ y recomienda que sus conductores circulen, siempre que sea posible, por los carriles reservados para bicicletas. En caso de que no existan estas vías de paso especiales, el consistorio tarraconense recuerda que está permitido el paso por las zonas de peatones, siempre que la velocidad se adecúe a la de los viandantes.

«Voy más rápido por la ciudad y no debo preocuparme por el párking ni la gasolina»

En caso de tener que circular por la calzada, el consistorio destaca que es recomendable hacerlo por el carril de más a la derecha posible y que el paso por la izquierda se limite a los momentos en los cuales el vehículo tenga que hacer un giro en esta dirección, además de que los conductores vayan vestidos con chalecos y prendas reflectantes. 

Además de Tarragona, gobiernos locales como Reus, Salou o Cambrils admiten que este tipo de medios de transporte eléctricos «son todavía muy nuevos» y apuntan que, por el momento, los usuarios deben atenerse a la normativa sobre circulación general del Código Civil, a la espera de que, después de un tiempo de asentamiento, se consolide su uso y se decida si deben considerarse como vehículos para aplicarles la normativa correspondiente. 

Herramienta para desplazarse

«Ahora voy mucho más rápido de casa al trabajo y me sorprendo de la seguridad que me aporta el patinete», comenta Jordi, que tiene 39 años y desde hace unas semanas ha adoptado el patinete eléctrico como medio de transporte en muchos de sus desplazamientos habituales. Con un peso de cerca de diez kilos y facilidad para plegarse, su vehículo puede alcanzar hasta 30 kilómetros por hora en terrenos pavimentados. 

Entre las ventajas que apunta, destaca su seguridad. «No pensaba que pudiera experimentar la sensación de seguridad», argumenta, mientras destaca que la conducción es muy sencilla y que no tiene problemas en empaquetar el patinete cuando llega a su destino. «En cuanto a inconvenientes, sólo podría destacar que en días lluviosos quizás sea recomendable ir con cuidado para evitar caídas», defiende, mientras resume su satisfacción destacando que el patinete, «al ocupar poco espacio en la calle, tiene todas las ventajas de la circulación a pie y de la circulación en una bicicleta eléctrica». 

Una opinión similar es la que esgrime Ferran, que tiene 23 años y también ha optado por esta opción. «Un trayecto de quince minutos se ha transformado en uno de cinco», apostilla, y apunta como ventajas «no tener que preocuparse por el párking ni por la gasolina, además de que las recargas se hacen en casa, como cualquier otro dispositivo eléctrico y con un coste muy bajo». 

De momento, Ferran se acoge al vacío legal que existe sobre los patinetes y no usa casco. «En la mayoría de casos, tengo que desplazarme por los espacios reservados a peatones porque no existe un carril bici y, a pesar de que voy a una velocidad baja y no he tenido incidentes, en algunas ocasiones me he encontrado con caras de sorpresa o de molestia por parte de peatones», destaca. 

Por el momento, la incursión del patinete eléctrico en la trama urbana es todavía una anécdota, pero el tiempo dirá si el auge de estos dispositivos se para o si, por el contrario, la normativa se ajusta al cambio de tendencia. 

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