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El ruido estresa a los tarraconenses

Uno de cada tres tarraconenses asegura que los sonidos molestos afectan negativamente a su estado de ánimo

Javier Díaz

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"El ruido, entendido como un tipo de sonido molesto ya sea por su volumen, naturaleza o continuidad, nos provoca estrés y perturba el sistema nervioso. La tensión asociada puede provocar un estado generalizado de malestar que nos impide funcionar correctamente en nuestro día a día», explica Ana Gutiérrez, vocal de la junta rectora de la delegación de Tarragona del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya. Los síntomas relacionados son tanto físicos, cansancio, mareos, dolores de cabeza o tensión muscular; como psicológicos y conductuales: irritabilidad, angustia, problemas de atención o reacciones inapropiadas.

Uno de cada tres tarraconenses asegura que el ruido afecta negativamente a su estado de ánimo. Es un dato del Estudio sobre el ruido en España, elaborado por la empresa de centros auditivos Gaes. «La contaminación acústica perturba nuestro bienestar, afecta a nuestra capacidad de atención y puede provocar trastornos en el aprendizaje y la memoria», sostiene Alfonso Hernández, audioprotesista de Gaes.

A pesar de que muchas personas no lo perciben, los expertos afirman que estar sometidos a sonidos por encima de los niveles de ruido aceptables -el máximo recomendado por la OMS es de 65 decibelios- tiene un impacto negativo en el comportamiento social de las personas, lo que incrementa su irritabilidad y puede causar sensaciones de ansiedad y desamparo. El informe apunta que al 66% de los catalanes le cuesta concentrarse cuando está en un ambiente con un nivel elevado de ruido. Y eso influye en el rendimiento laboral y escolar, pues merma la atención en la lectura y la capacidad para resolver problemas. 

Otra de las consecuencias es la perturbación del sueño: insomnio y despertarse frecuentemente durante la noche. Y vinculado a eso pueden desarrollarse problemas como la fatiga o la disminución del estado de alerta. «Si bien se pueden asociar estas alteraciones a ruidos que superan los decibelios permitidos o sonidos violentos que provocan que la persona se despierte en medio de la noche, se ha comprobado que incluso un sonido continuo de 30 decibelios puede perturbar el sueño», afirma Hernández. 

Los ruidos más enervantes para los catalanes son las obras de la calle (67%),  las obras de los vecinos (47%) y el tráfico (43%). En este sentido, un 65% de los encuestados considera que la ciudad en la que vive es «muy» o «bastante ruidosa» y un 30% asegura haber tenido en cuenta el ruido a la hora de elegir una vivienda. El estudio también revela que existen sonidos con impacto positivo sobre el estado de ánimo: el mar (82%), la montaña (58%) y el silencio (37%) son los más relajantes.  

La prevención constituye la mejor solución a la hora de evitar los problemas psíquicos y emocionales derivados del ruido. «Debemos adquirir hábitos que nos permitan contribuir a generar menores niveles de ruido como comunidad y acostumbrarnos a protegernos de él cuando no podemos evitarlo, tanto para preservar nuestra capacidad de audición como para conservar nuestro buen estado de ánimo», señala Hernández. 

Entre estas medidas que propone destacan no tocar el claxon innecesariamente, respetar el límite de decibelios recomendado cuando se organiza una celebración en casa o moderar el tono de las conversaciones para evitar distraer a los compañeros de trabajo, algo que, según Gaes, no tenemos muy en cuenta. De hecho, más de una quinta parte de los encuestados reconoce que muchas veces grita al hablar.

Cuando no es posible incidir para que disminuya el volumen, señala el estudio, la alternativa es utilizar elementos de protección. Y revela que el uso de protectores auditivos está muy poco extendido en Catalunya: solo uno de cada diez encuestados los utiliza, principalmente para coger más rápido el sueño a la hora de dormir, aunque también se emplean para actividades como estudiar o trabajar.

«Podemos protegernos. Primero siendo conscientes de los estímulos a los que estamos expuestos porque ello nos hará adoptar medidas de reequilibrio. Resulta  fundamental adoptar hábitos mentales saludables: ejercicio físico de calidad, cuidar las relaciones humanas, reír, el contacto con la naturaleza, amar. En definitiva relajarnos», sostiene Gutiérrez.

Para ello -añade-, es clave incluir rutinas de desconexión a lo largo del día: «Es imprescindible instaurar hábitos psicológicos saludables en nuestro trepidante estilo de vida. Pequeños momentos en los que mentalmente hagamos un reset. Basta con unos pocos minutos bien trabajados para lograr grandes resultados si hacemos de ello un hábito. Además, necesitamos aprender a entrenar la atención para ignorar aquello que nos resulte perturbador y que nos resulte más llevadero».

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