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El ruiseñor cantó por última vez en Tarragona

Treinta y dos niños y niñas de Tarragona han participado en el Projecte Rossinyol a lo largo de este curso. Ayer celebraron la fiesta de clausura con una tarde llena de juegos y diversión en el Espai Jove Kesse

Pablo Latorre

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Este proyecto pretende mejorar la integración de los niños inmigrantes o de familias que han inmigrado en la sociedad autóctona. Foto: pere ferré

Este proyecto pretende mejorar la integración de los niños inmigrantes o de familias que han inmigrado en la sociedad autóctona. Foto: pere ferré

Cada año se multiplican. El pasado 2015 empezaron siendo poco más de diez, pero este han llegado a ser treinta y dos niños y niñas de la Escola Bonavista, Escola Campclar y Escola El Miracle. Puede que el próximo curso sumen más de cincuenta. Sin embargo, este crecimiento de participación en el Projecte Rossinyol se traduce en una gran voluntad por ayudar y una muestra de solidaridad de un valor incalculable.

Desde que la iniciativa se importó de Israel –de donde se cogieron las bases para adaptarlo a cada realidad–, más ciudades a nivel mundial se han sumado a este proyecto, que pretende mejorar la integración de los niños inmigrantes, o de familias que han inmigrado, en la sociedad autóctona a través del contacto con jóvenes universitarios de la URV y la UOC, que se vuelven por siete meses su ‘hermano mayor’. La interacción que se crea favorece el entendimiento y el respeto a la diversidad social y multicultural que se ha generado en los últimos años.

A lo largo de este tiempo, cada pareja se organiza como quiere, realizando juegos, actividades de ocio o haciendo juntos los deberes para mejorar su rendimiento escolar. En definitiva, los mayores hacen de guías de estos pequeños que crecen en una situación complicada. No obstante, esta mentoría terminó ayer con una gran fiesta para dar la bienvenida a las vacaciones.

El Espai Jove Kesse de Tarragona acogió una tarde de juegos única, que reunió a los 32 participantes con sus mentores. Durante varias horas recordaron los mejores momentos que han pasado juntos, explicaron anécdotas a sus compañeros y jugaron a los distintos juegos que les propuso el colectivo La Imaginada, que acudió para animar la fiesta. Fue, sin duda, una tarde muy emotiva, que llenó algunos ojos de lágrimas, tanto por las risas, como por los buenos recuerdos que les vinieron a la mente.

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