El salvavidas del remanente

Crónica. El plan de ajuste económico indica que, a 30 de septiembre, el Ayuntamiento ha tenido 14 millones más de ingresos que de gastos

OCTAVI SAUMELL

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Pau Ricomà y Cristina Guzman, el pasado viernes, con los altos funcionarios en el pleno. FOTO: ÀNGEL ULLATE

Pau Ricomà y Cristina Guzman, el pasado viernes, con los altos funcionarios en el pleno. FOTO: ÀNGEL ULLATE

El tsunami económico que ha supuesto la inflación del 5,6%, el recorte del 40% de la plusvalía (3,1 millones) y la pérdida de más de 500.000 euros tanto por las químicas de La Canonja como del IBI de la autopista ha comportado que el Ayuntamiento sea en estos momentos un bañista que nada como puede a aguas abiertas, con muchos problemas para no ahogarse porque le faltan seis millones de euros. Para poder acercarse a la orilla (que sería tener un presupuesto cuadrado), el nadador tiene a varios metros un salvavidas –el remanente– que puede ayudarle, en parte, a llegar a buen puerto. Sin embargo, no es seguro que este flotador tenga el aire suficiente como para garantizar la estabilidad y mantenerse a flote.

Este 2021, en el primer ejercicio completo con la pandemia de la Covid, el Consistorio sí que pudo contar a partir del mes de marzo con un bote salvavidas de 12 millones de euros gracias al ahorro de 2020. Hace nueves meses, este dinero se destinó en su mayor parte –7,2 millones– para amortizar parte de un crédito solicitado en marzo de 2012 para pagar a proveedores, y que debía empezar a pagarse en 2022. La jugada económica fue concertar un nuevo préstamo por la misma cantidad, pero con un interés mucho menor al fijado del 5% para reducir el gasto anual en más de un millón de euros durante cinco años.

En global, aparte de los siete millones para pagar a los bancos gran parte de la «deuda de la crisis de 2008», también se destinaron más de tres para el gasto corriente, como el medio millón para los Bons Comerç y las ayudas para el sector comercial, así como para las subvenciones a entidades deportivas y culturales, actividades como Tarraco Viva o las fiestas de Santa Tecla. Asimismo, el sobrante del año anterior también se ha destinado para la compra de vivienda para destinarla a alquiler social, un aspecto para el que se reservó una partida de 1,5 millones de euros.

La lotería de marzo

El óptimo resultado de 2021, sin embargo, no es seguro que pueda repetirse en 2022. «Es una lotería», han afirmado recientemente tanto el primer teniente de alcalde, Jordi Fortuny, como el concejal de Territori, Xavier Puig. De hecho, no será hasta el mes de marzo que se conocerá la cantidad de sobrante de tesorería de 2021 que podrá usarse en 2022, en base al dinero que el Consistorio tiene en caja.

De momento, una primera aproximación –no exacta– puede ser el seguimiento trimestral que aprueba el pleno municipal con el plan de ajuste económico, que está en vigor precisamente tras el crédito concertado en 2012. En este trabajo, elaborado por el Interventor General, se especifica que, hasta el pasado 30 de septiembre, la administración de la Plaça de la Font había registrado 14 millones de euros más de ingresos que de gastos. Según el informe del alto funcionario, las arcas públicas habían recibido 159,8 millones de euros durante los tres primeros trimestres del año, por los 145,1 que había pagado. Pese a ello, fuentes del ejecutivo consideran que se trata de una cifra «no extrapolable» al remanente, ya que «el tercer trimestre es el que hay más gasto» por la ejecución de las obras y acciones que hasta entonces han estado en proceso de preparación, licitación y adjudicación.

Sea cual sea el resultado final, lo que tiene claro el gobierno local es que en 2022 deberán incrementarse los tres millones que este 2021 se han destinado del ahorro para gasto corriente. Pese a ello, no será hasta marzo cuando se conocerá si toca el Gordo del remanente o si, en cambio, Tarragona deberá conformarse con tener salud... si la Covid y la inflación lo permiten.

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