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El santoral en el balcón: apelar a la fe cuando llega lo incontrolable

Como hace 500 años, las divinidades reflotan en una pandemia. «Es condición humana», dicen religiosos y sociólogos

Raúl Cosano

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Devoción por el Beat Bonaventura en Riudoms. Foto: Alba Mariné

Devoción por el Beat Bonaventura en Riudoms. Foto: Alba Mariné

«Ahora sacamos a la virgen al balcón porque estamos en una situación que nos desborda. Es como un volcán o un terremoto. No lo controlamos. Son prácticas de dominación de la contingencia, de control del azar, de lo que no está en nuestras manos», resume el sociólogo ebrense Francesc Núñez, profesor en la UOC y experto en sociología de la religión. 

Como 500 años atrás, los símbolos religiosos proliferan en edificios de la provincia, en una apelación a lo divino que vuelve ante una crisis así. «Es nuestra condición humana. A pesar de que estamos en la descreencia y de las crisis religiosas en nuestras sociedades, estos comportamientos rebrotan. Estamos en una sociedad secularizada pero yo diría que es por una desinstucionalización de la religión. En realidad ahora hay más creyentes que nunca», aporta Nuñez. 

Enseñas de la Mare de Déu de la Cinta en Tortosa.  Foto: Joan Revillas

Los ejemplos de esa invitación a lo religioso son abundantes: la Verge de Misericòrdia en Reus, el Beat Bonaventura en Riudoms, la Verge de la Cinta de Tortosa, la Mare de Déu de la Candela de Valls o la Mare de Déu del Remei en Alcover. Núñez habla de cómo aflora la «religión invisible», donde también tiene un peso importante el sentimiento de pertenencia al lugar: «Por más que la institución eclesiástica pase por una crisis, hay un componente popular de la religión muy arraigado. Se nota en las personas que van a la ermita a rogar, los que rezan… Todo eso aparece ahora. Las maneras en cómo las personas buscan intermediar con lo trascendente son muy variadas». 

«Reconectar con lo espiritual»
En parecida línea opina Víctor Mosquera, rector de Alcover y con una decena de parroquias del Alt Camp bajo su tutela: «Estar ante una tragedia así hace que mucha gente recupere esa faceta trascendental que tenía ahí olvidada, como en un cajón. Automáticamente nos acordamos de ella y eso nos ayuda a sobrellevar la situación». 

En la provincia se recurre a la Cinta, la Mare de Déu, del Remei, la Candela o el Beat Bonaventura

Mosquera cree que «volvemos a reconectar» con lo espiritual, «con algo que no somos nosotros mismos y que es inherente a la humanidad». Mosquera, que también es vicario de la Puríssima Sang en Reus, añade: «Estamos en una sociedad muy secularizada, quizás no practicante, pero sí en un alto grado creyente, a su manera. Todo ello sale a la luz en casos de excepcionalidad».

«Esto no es un placebo» 
Este párroco pone algún otro ejemplo: «Con todo esto no quiero decir que la fe sea un simple placebo, sino que en ciertos momentos de la vida conectamos con lo espiritual. Es como cuando alguien que se declara agnóstico sufre una tragedia familiar y automáticamente conecta con lo trascendente, y entonces ya no está tan seguro de su agnosticismo. Aunque mucha gente pueda haber dejado la práctica religiosa, la semilla de los primeros años de su vida está ahí». 

El rol de la fe no se reivindica solo desde el pueblo. El Arquebisbat de Tarragona, después de suspender toda celebración presencial (desde misas a otras ceremonias) sostenía que algunos centros de culto se mantendrían abiertos para atender a «enfermos y personas angustiadas». Mossèn Norbert Miracle, vicesecretario de la Conferencia Episcopal Tarraconense, delegado del Arquebisbat y decano del Seminari Interdiocesà, subraya la importancia del apoyo religioso: «Se han suprimido las celebraciones acorde con todo lo que se nos pedía, sin dejar de atender en la medida de nuestras posibilidades a los más necesitados. Retransmitimos plegarias, rosarios o la eucaristía y eso también aporta un buen consuelo a la gente. Las iglesias están abiertas en algunos momentos, aunque con restricciones. Para nosotros el teléfono también es un buen medio para llamar y poder atender». 

Banderas de Misericòrdia en la Plaça Mercadal de Reus.  Foto: Alfredo González

Para Miracle, todo gesto contribuye «a mantener la esperanza»: «Que la gente saque al balcón sus ‘domassos’ son signos bonitos, igual que tocar las campanas a las doce como hacen muchas parroquias». 

Mossèn Víctor Cardona, delegado de medios de comunicación del Bisbat de Tortosa, cree que en estos tiempos «las personas se abren en busca de consuelo, los que creemos pensamos que el señor está con nosotros, a nuestro lado, ante todas las dificultades. Esto nos hace ver nuestra fragilidad, que en realidad somos poca cosa». «Los sacerdotes están disponibles para atender a los que están necesitados del consuelo de la fe», decía en una pastoral reciente Enrique Benavent, obispo de Tortosa. Especialmente potente es la devoción por la Verge de la Cinta en la capital del Baix Ebre: emblemas en los balcones y cánticos emotivos. Cada día a las 20.00 horas, se puede sentir el himno en la Plaça d’Alfons XII. La Reial Arxiconfraria de la Cinta ha pedido a todos los tortosinos que saquen a relucir estandartes de la patrona. 

Hay también un repunte de otras formas místicas, desde la superstición, al ‘new age’ o la magia

Creencias, todas ellas, para aferrase a la calma ante intangibles superiores. Para Núñez, invocaciones de este tipo van más allá de lo estrictamente religioso y subyacen constantemente bajo cualquier manifestación humana: «Hay prácticas más establecidas pero también gente que opta por conductas primitivas, hasta mágicas, por llevar objetos que dan suerte. Se ve también en los discursos de todos los políticos. Se dirigen siempre a ese Cristo del mundo moderno que es la ciencia. Ahí ciencia y religión se parecen, porque se apela a ambos para controlar la contingencia». 

La culpa judeocristiana
Núñez también encuentra huellas de ese acervo judeocristiano genético: «No hay en el mundo una religión tan culpabilizadora del individuo. La tendencia de las sociedades neoliberales y occidentales ha sido descargar la responsabilidad en la gente: ‘Si no haces lo que te decimos, te morirás y matarás al otro’. Se trata de una responsabilización del individuo, buscando soluciones biográficas a problemas que no son culpa nuestra, que son sociales y sistémicos». 

Ese misticismo floreciente puede entroncar con otros argumentarios, también en boga estos días, a veces viralizados en las redes. «Surgen discursos ‘new age’, mesiánicos, que hablan de que nos están enviando un castigo por nuestros pecados. Viene de ese pensamiento de la providencia divina. Todo es lo mismo, una dimensión de transcendencia y mágica», aporta Núñez. 

En suma, refugio, amparo y aliento en tiempos de severa aflicción, un valor inmaterial que acaba reconfortando. «Intentamos seguir celebrando las exequias de una manera muy sencilla en los tanatorios y cementerios, para que las familias tengan un cierto acompañamiento», dice Norbert Miracle. 

Las mezquitas no abren pero la comunidad musulmana intensifica rezos en casa y ayuna

Víctor Mosquera cree que la «pandemia está sacando muchas cosas a la luz, y algunas buenas», y pone un ejemplo: «Muchos se van a quitar ese tabú de poder decir que es cristiano o musulmán». Mosquera, en su papel de rector de Alcover, también se ha visto obligado al cierre de centros de cultos y a su propio confinamiento, pero con excepciones, algunas de ellas muy sentidas. «Apenas he tenido contacto con alguien estos días. Pero sí he estado con una familia en un funeral. Una madre se murió en una residencia, en plena crisis. No hubo ni vela ni nada, pero en el cementerio de Alcover hicimos una ceremonia muy breve, diez minutos cortos pero intensos de oración. La familia agradeció que pudiéramos hacer algo, un mínimo, y se quedó muy tranquila. Al fin y al cabo ese es mi trabajo, consolar a la gente».

Más plegarias islámicas 
No solo el cristianismo apela a ello. También la numerosa comunidad islámica en Tarragona lleva días entregada al rezo y la plegaria contra el coronavirus. «La religión, de entrada, puede parecer un castigo pero cuando profundizas ves que es por el bien del ser humano y en estas situaciones tan críticas, cuando hay una fuerza mayor, aparece la importancia de la fe», reconoce Mohamed Ouadi, imán de Cambrils. 

El arraigo en la devoción musulmana es también fuerte. «El profeta ya decía que la gente se fuera de aquel lugar en el que había pandemias, aunque estuviera sano», recuerda Ouadi. Las medidas de prevención han obligado a cerrar todas las mezquitas pero, pese a ello, los rezos se han intensificado por otras vías. «Ahora se pide más, con más frecuencia y más contundencia y perseverancia. No solo se rezan las cinco oraciones al día, sino que mucha gente ruega dos veces más. Son llamamientos a la oración para luchar contra el virus», indica Redouane Ennajy, traductor e intérprete en Tarragona y presidente de la asociación Avenzoar de amistad hispano-marroquí.

Las redes sirven para articular rezos conjuntos y simultáneos en casa. «En la comunidad musulmana hay esperanza en que dios nos pueda salvar de lo que está pasando», cuenta Ouadi. «En estos momentos la gente se siente algo perdida. Recurre a la religión con más asiduidad y más fuerza», añade Ennajy. Todo ello, a veces acompañado del ayuno, y de esa colectividad a distancia. «Rezamos cada uno en su casa. Las mezquitas no están abiertas. Es algo que no ha pasado ni durante las guerras. Hasta la Meca está cerrada», concluye Ennajy.

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