Tarragona Sociedad

El 'slow food' se va con llonganissa amb romesco

Eduard Boada realiza una master class que sirve para bajar la persiana de su histórico local

Octavi Saumell

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Eduard Boada, este sábado, durante la master class que ha ofrecido en su histórica cocina. FOTO: Fabián Acidres

Eduard Boada, este sábado, durante la master class que ha ofrecido en su histórica cocina. FOTO: Fabián Acidres

Más de medio centenar de bocadillos cocinados del clásico de llonganissa amb romesco, rovellons, ceba i pinyons han servido para apagar los fogones y bajar definitivamente la persiana del histórico Can Boada, abierto desde 1947 y que, durante más de siete décadas, ha sido una referencia para varias generaciones de la ciudad, con especialidades propias como la tortilla de patatas... chip.    

El Boada es un lugar único, con un aire propio que no deja indiferente a nadie. Por ello, y pese a que oficialmente el espacio no estaba abierto, decenas de personas no han querido perderse la oportunidad de despedirse del emblemático emplazamiento, que este sábado ha acogido una master class en el marco de la ruta gastronómica Tàrraco Food y Estrella Damm, que finaliza este domingo y en la que la presencia del Mestre Boada ha generado una enorme expectación. 

«Aquí he sido feliz»
«No me esperaba esta respuesta. Todo esto es muy bonito, pero tiene su parte triste, ya que significa que llega el final de una etapa», explicaba el popular genio de la cocina, quien en la actualidad cuenta con 77 años, la mayoría de los cuales transcurridos en el histórico local de la calle Rovira i Virgili, un lugar que –sin duda– ejerce como de auténtico museo de la historia reciente de la ciudad. 

«De pequeño no me preguntaron qué quería hacer, aquí he sido feliz. Durante todos estos años he tenido la gran suerte de tener amigos y no clientes», resaltaba el próximo Pregoner de las Festes de Santa Tecla. De hecho, Boada reconoce tener ya en la cabeza el mensaje que lanzará el próximo mes de septiembre, en el que la mala época que ha pasado por los problemas de salud tendrá un papel destacado. 

«Será muy sencillo. Servirá para agradecer la labor que realiza toda aquella gente que participa en las fiestas, ya que sin ella no sería posible que fueran una realidad», indica Boada, quien desvela que también tendrá un recuerdo para Dames i Vells.

«Me llegó al corazón que se acordaran de mí», reconoce el pregonero del slow food, quien lamenta que «el mundo actual va muy acelerado. A veces nos olvidamos de que el día tiene 24 horas». Lo que está claro es que, a partir de ahora, la vida será menos sabrosa sin los bocatas del amigo Eduard. 

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