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El tarraconense Ramón Baiges atravesó EE.UU en moto: "Pasé horas y horas rodando solo"

Un pájaro correcaminos, como el de los dibujos animados, vaqueros auténticos y soledad, mucha soledad, se encontró el motero a lo largo de los casi cuatro mil kilómetros de la mítica carretera

Norián Muñoz

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Baiges se encontró con ´Mister T´ cuando regresaba a  Tarragona

Baiges se encontró con ´Mister T´ cuando regresaba a Tarragona

«Puedes pasar horas y horas sin cruzarte con nadie, rodando solo. Hay sitios donde no se ve dónde acaba la carretera y si miras a los lados sólo encuentras la nada... Sobre todo en el desierto lo que hay es soledad y más soledad, son esos momentos que te sirven para encontrarte a ti mismo».

Así relata el tarraconense, Ramón Baiges, cómo ha sido la aventura que le ha llevado a recorrer en solitario la Ruta 66, la mítica carretera que atraviesa Estados Unidos de lado a lado.

Aunque la planificación previa era mínima (ya contó en una entrevista al Diari que pararía a comer y a dormir donde pudiera y quisiera), no se topó con mayores contratiempos. La moto Indian que alquiló «se portó muy bien» y no tuvo ninguna avería. Siempre encontró moteles de carretera para alojarse, aunque la comida, eso sí, no le gustó demasiado.

El motero, prejubilado, viaja con sus propios recursos, igual que hiciera cuando viajó al Polo Norte y cuando recorrió los 20.000 kilómetros de la Ruta de la Seda el año pasado.

Cuenta Baiges, mientras repasa las fotos en su portátil, que «cuando llegas a Estados Unidos una de las cosas que te llaman la atención es que allí todo tiene unas dimensiones muy grandes, te impresiona la inmensidad del terreno».

Uno de los sitios que más le impresionó fue el desierto de Mojave, aunque cuenta que todo el camino estaba salpicado de escenas pintorescas con casas y gasolineras abandonadas. Recorría una media de 450 kilómetros al día, aunque, reconoce, la idea era ir sin prisas, viendo lo que le llamara la atención.

Vaqueros y osos

Se encontró, además, con un grupo de vaqueros auténticos (ver la foto) que acababan de subir unos bueyes en un tren. También se hizo fotos con un indio Cherokee «muy orgulloso de sus orígenes».

El apartado de la fauna silvestre con la que se topó le mereció casi un capítulo aparte; se encontró con ciervos, un oso en el parque del Gran Cañón, una serpiente y hasta con un pájaro correcaminos, igual que el de los dibujos animados, que salió despedido cuando vio que se acercaba a hacerle un foto.

A pesar de la soledad también se fue encontrando, en algunos puntos del trayecto, con otros moteros franceses, chinos, alemanes... Aunque la comunicación no siempre es fluida, cuenta que entre moteros siempre se entienden. «Es que es gente como tú que va buscando sensaciones», asegura.

Pero los encuentros interesantes no acabaron en la propia ruta. Como dato curioso, enseña la última foto del viaje. Fue un ‘selfie’ con el actor Laurence Tureaud, que interpretaba al famoso Mario Barracus (Mister T en inglés) del Equipo A. El actor, al ver su chaqueta de motero, comenzó a hacerle preguntas y a pedirle que le hablara de su viaje, así que al llegar a la aduana supusieron que Baiges iba con el actor y apenas tuvo que hacer cola.

A Baiges ya le ronda por la cabeza otra aventura de la cual no quiere desvelar más secretos, sobre todo por no asustar a los seres queridos ahora que parecen curados de espanto.

Además del viaje real, con sus contratiempos y gratas sorpresas, en viajes así también hay cierto viaje interior. «Si quieres saber quién eres, de lo que eres capaz tú solo, esta es una experiencia de lo más recomendable», dice sonriente.

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