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El trabajo voluntario será obligatorio en secundaria

El ‘Diari’ retrata las experiencias de dos institutos de la ciudad que ya han implantado el programa de Servei Comunitari. En el curso que viene deberá llegar a todos los centros

Norian Muñoz

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Kaouthar, Nayara, Ibai, Saray, Fátima y Vidal, del Institut Campclar, se encargan de abrir la biblioteca los miércoles por la tarde.  FOTO: lluís milián

Kaouthar, Nayara, Ibai, Saray, Fátima y Vidal, del Institut Campclar, se encargan de abrir la biblioteca los miércoles por la tarde. FOTO: lluís milián

Ayudar a personas mayores a ponerse al día con las nuevas tecnologías, guiar a los niños de la escuela del barrio con los deberes o contribuir a la conservación de un espacio verde. Son ejemplos del tipo de trabajos que ya están realizando, como parte de su currículum escolar, los alumnos de algunos institutos de Educación Secundaria Obligatoria, ESO, de Catalunya. A partir del curso que viene, formar parte de alguna experiencia de este tipo será obligatorio.

La biblioteca del Institut Campclar abre los miércoles gracias a alumnos voluntarios

Será a través del Servei Comunitari. Algunos institutos, especialmente religiosos, ya tenían experiencias haciendo partícipes a sus alumnos del voluntariado. Pero otros se están estrenando justo este curso escolar en previsión del momento en que tenga que ofrecerse obligatoriamente en todos los centros. Desde el Institut Municipal d’Ensenyament de Tarragona también se está comenzando a trabajar para facilitar el trabajo a los centros que no tengan experiencia en este campo.

El balance de quienes participan no podía ser más positivo. Trabajar para la comunidad enseña tanto o más que cualquier clase. A modo de ejemplo, el Diari cuenta, de la boca de sus protagonistas, lo que ha supuesto para estos adolescentes formar parte de proyectos solidarios.

Los encargados de la biblioteca

En el Institut Campclar, los alumnos de cuarto de la ESO no han tenido que salir del centro para hacer un trabajo del que ya se benefician sus propios compañeros. Se encuentran en la biblioteca, un espacio que han hecho suyo. Gracias a su trabajo el servicio, que sólo se prestaba por la mañana, ha podido ampliarse a los miércoles por la tarde. 

Ana y Valentina, alumnas de La Salle, durante su primer día de trabajo en el Menjador Social Taula Amiga. Desde el primer momento trabajan como alguien más del equipo. FOTO: pere ferré

Hacen múltiples tareas, desde pasar clase por clase invitando a los compañeros a acercarse, hasta clasificación de libros, control del uso de los ordenadores y, más de una vez, ayudan a los alumnos más pequeños que van a la biblioteca a hacer los deberes o trabajos en equipo. 

En este centro es el segundo año que se realiza la asignatura. Las promotoras son las profesoras Celia Maya y Gemma Fortuny, ambas con experiencia personal en voluntariado y temas de asociacionismo. Están convencidas de los beneficios que pasar por estas experiencias puede suponer para sus alumnos.

La asignatura, de una hora semanal en el centro (el voluntariado se hace fuera del horario lectivo), es obligatoria para todos los alumnos de cuarto de ESO. Además del trabajo práctico, los alumnos deben investigar sobre el tema que han elegido para su servicio y presentar un trabajo final que es evaluado.

Ana y Valentina, de La Salle, sirven comidas en el Menjador Social Taula Amiga de Tarragona

Otro grupo, por ejemplo, ya participó en el Gran Recapte del Banc dels Aliments. Los chicos cuentan cómo tuvieron que vencer la vergüenza a aproximarse a la gente; la cantidad de personas del barrio que les dijeron que les gustaría ayudar pero que ellas mismas necesitaban ayuda. Y recibían los gestos de solidaridad de muchas personas, especialmente mayores.

Nayara resume: «Esto te hace acercarte a las personas, entenderlas y pensar que mañana podrías ser tú».

Primer día de trabajo

Ana y Valentina tienen 16 años y son alumnas de  La Salle, un centro con tradición en estos temas. Están entre nerviosas y entusiasmadas en su primer día en el Menjador Social Taula Amiga de Tarragona, el sitio que eligieron para su trabajo. En este colegio llevan 4 años impartiendo la asignatura que aquí también es obligatoria. 
 Ambas jóvenes dicen que valoran mucho la experiencia porque es una realidad, la de las personas sin hogar o en condición de gran vulnerabilidad, que no habían visto más que en las noticias.

Carlo Terrón, profesor de Historia y Filosofía y coordinador de la asignatura, reconoce que lo que pueden aprender los alumnos en este tipo de trabajos enseña más que muchas clases o lo que se pueda estudiar en un libro. «Es un baño de realidad, teniendo en cuenta que muchos viven en una burbuja», apunta. 

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