El tráfico de carbón del Port se triplica

El motivo es la demanda que llega desde Italia

NÚRIA RIU

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La llegada de carbón ha repuntado mucho. PERE FERRÉ

La llegada de carbón ha repuntado mucho. PERE FERRÉ

El carbón y los combustibles fósiles han sido protagonistas en la cumbre de Glasgow. Sin embargo, estamos viendo mensajes contradictorios en la utilización de esta fuente de energía. Si bien en los últimos años se había producido un descenso en su consumo, la crisis energética y la incertidumbre que produce el mercado del gas han hecho que algunos países hayan reconsiderado sus políticas de descarbonización y estén tirando de nuevo de este producto para intentar contener los precios de la electricidad.

Un claro ejemplo es Italia, que tenía sus centrales hibernando y su Gobierno ha decidido darles una segunda vida, en contra de las recomendaciones para combatir el cambio climático. Una decisión que ha tenido consecuencias sobre el Port de Tarragona, que es uno de los principales hubs desde el que se distribuye este producto.

El enclave tarraconense siempre ha tenido un papel clave en este mercado. En los momentos de máxima actividad se había llegado a un tráfico de seis millones de toneladas anuales, una cifra que en el año 2014 estaba en 4,4 millones y que a partir de esta fecha fue cayendo hasta registrarse un mínimo de 808.830 toneladas el año pasado. Este descenso de más del 80% responde al desincentivo de las instalaciones térmicas, a favor de un modelo más sostenible, basado en las fuentes renovables.

La mayoría de este carbón salía en tren y viajaba hacia la central de Andorra, en la provincia de Teruel, o en barco hacia Alcudia (Mallorca). Sin embargo, y aunque estas instalaciones ya no están operativas, en los últimos meses hemos visto un repunte en el tráfico de carbón. Según las estadísticas de Puertos del Estado, entre el mes de enero y septiembre de este año, se han movido 1.368.549 toneladas, multiplicando prácticamente por tres el registro del año anterior, cuando todavía faltan por conocerse los datos del último trimestre. «Con el cierre de la discontinua, lo que hicimos fue salir al mercado a buscar otros tráficos para mantener la actividad», explica el director general de Euroports, Pablo García. El Port de Tarragona ofrece un calado que permite gran «flexibilidad» en la operativa, unas condiciones que otras terminales no tienen y, por tanto, no limitan la llegada de grandes buques. Esta versatilidad ha abierto nuevas posibilidades, de forma que, aunque la demanda nacional ha caído, el tráfico de carbón y coc sigue teniendo salida mediante el transshipment (barco a barco).

Estos combustibles llegan en grandes embarcaciones, de hasta 160.000 toneladas, procedentes de Colombia, Rusia, Estados Unidos y, en mayor medida también de África. «Italia trae barcos grandes aquí y luego los cargamos en otros de más pequeños para mandar a sus puertos, que tienen menos calado», añade García. El consumo nacional es cero, de forma que todo el que entra sale y el destino final acostumbra a ser Cerdeña, Civitavecchia (Roma) o les puertos del Adriático.

Con el incremento del precio del gas y de la energía, Italia ha reactivado sus centrales. Si será algo puntual o se prolongará durante algún tiempo es una incógnita. «Era una cosa que se estaba acabando y ahora con la reapertura se piensa que será unos años. Entendemos que no hay la intención de seguir, pero lo que está pasando en Europa es que, con el incremento del precio de la energía, se está disparando la inflación, lo que está afectando al conjunto de la economía a todos los niveles, y esto está haciendo que algunos países se estén repensando las estrategias energéticas. Italia, como las tenían abiertas ha decidido volver a producir energía térmica, con el coc, reduciendo a lo máximo la demanda de gas, que es más caro», argumenta el director general de Euroports.

Entra y sale

La operadora Euroports prevé alcanzar «el pico» durante este 2021, con una cifra entorno al millón y medio de toneladas, lo que supone 750.000 que llegan y otras 750.000 que se marchan. Habitualmente el producto puede permanecer hasta un mes en la terminal, ya que el carbón es una commodity, de forma que sus clientes juegan con los precios y cuando está barato se hace acopio de producto. El Port de Tarragona es el único del sistema portuario con este tráfico, lo que supone una «optimización de la logística para abaratar los costes», argumenta el Pablo García.

La carga y descarga del carbón se hace en el Moll de Catalunya, anexo al km 0. Esto hace que sea uno de los tráficos más visibles de cara a los ciudadanos que utilizan este eje para hacer deporte. Por este motivo, se ha puesto especial atención para que la operativa se haga sin levantar polvo, que pueda ocasionar molestias. En el año 2017, desde la Autoritat Portuària de Tarragona se hizo una guía de buenas prácticas en la manipulación de graneles sólidos. En esta se concreta la instrucción para el manejo y almacenaje de este producto y se incorporan limitaciones operativas en función del viento.

Fuentes del Port de Tarragona también explican que el consejo de administración aprobó en el mismo año una instrucción operativa para la manipulación y almacenamiento de carbones, la cual establece un método de trabajo para estos procedimientos. Entre otras medidas, se establece que en condiciones meteorológicas adversas la operativa tiene que pararse. En concreto, esto se hace siempre cuando se trata de productos en polvo y cuando el viento supera ráfagas de 35 km/h, según la lectura que se hace en Port Control, y de 50 km/h en el resto de carbones, «siempre que no haya emisión de partículas». Asimismo, se establece que la zona de trabajo se mantendrá húmeda con sistemas de riego para evitar las partículas en suspensión. Este protocolo se actualizó con posterioridad y se sumaba la limitación a veinte metros de altura de las montañas de carbón, para reducir al mínimo el impacto del viento.

Finalmente, desde 2018 se instaló una valla de 810 metros de longitud por 2 metros de altura, encima de un muro de hormigón de un metro de altura, en el Dic de Llevant, para frenar la acción del viento.

Euroports desconoce si esta demanda se mantendrá el año que viene o el mercado energético se habrá sosegado. «Los flujos están cambiando con la sostenibilidad», indica este directivo. Y esto hace que la compañía siga explorando nuevos tráficos con otros minerales para seguir con su actividad.

Producción residual

España tenía en el año 2019 un total de catorce centrales operativas, el año pasado seis de estas cerraron, lo que supuso el cese de la actividad de once grupos. En cuanto a las ocho restantes, estas funcionaron el 15% de sus horas, lo que supuso una producción de 4.800 Gw/hora. Según Red Eléctrica, esta cifra representa un 2% de la producción eléctrica del Estado, lo que deja las centrales térmicas en una producción residual, teniendo en cuenta que habían representado entre un 10 y un 15% del total. Sin embargo, la crisis energética actual genera incertidumbre. «Había muchos procesos que se habían pasado al gas, sobre todo en cuanto a los grandes consumidores, pero ahora delante de la subida del precio de este producto o la posibilidad de quedarse sin suministro han pensado ‘vamos a quemar lo más barato’», expone el profesor de Planificació i Ordenació Territorial de la URV, Sergi Saladié. Este lamenta que esta situación «nos ha cogido con el paso cambiado». «Por un lado, estamos hablando de la descarbonización de la economía, pero, por el otro, lo que más se utiliza es el gas, que es caro, y tienes la incertidumbre del suministro», indica.

Aparecen las primeras dudas sobre si el Estado mantendrá su apuesta por acabar de cerrar las centrales que siguen operativas. «El problema estructural es que no se está abordando un cambio en el sistema productivo de la economía y mientras tanto lo único que se hace es tapar agujeros», concluye.

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