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«El trato de los médicos a los que estamos de baja es inhumano»

Las pacientes que acuden al Institut Català d’Avaluacions Mèdiques (ICAM), una especie de tribunal médico, denuncian vejaciones y coacciones por parte de los inspectores

Carla Pomerol

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Belina Alías, una de las afectadas, delante de la Casa del Mar, espacio donde está ubicado el ICAM. FOTO: Lluís Milián

Belina Alías, una de las afectadas, delante de la Casa del Mar, espacio donde está ubicado el ICAM. FOTO: Lluís Milián

«Tuve que esperarme mucho rato en la sala de espera. Toda la mañana casi. Cuando entré a la consulta, el inspector médico me dijo que la documentación que había aportado no era suficiente. Se levantó con actitud desafiante. Yo me quedé aturdida. Me puse a llorar. Tenía ansiedad. Sabía que era posible que me enviara a trabajar de un momento a otro. Y yo me encontraba muy mal». Este es el testimonio de una usuaria del Institut Català d’Avaluacions Mèdiques de Tarragona (ICAM), situado en la Casa del Mar. Se trata del organismo que da las altas e incapacidades a los trabajadores y depende de la Generalitat. La paciente era Belina Alías, una mujer de 40 años que lucha para que se le reconozca, por segunda vez, la invalidez. Belina es solamente uno de los muchos testimonios que denuncian «un trato inhumano y un funcionamiento injusto» por parte de los inspectores médicos de este organismo, que se encuentra ubicado en la calle Francesc Bastos de Tarragona. 

«Los pacientes que son llamados por el ICAM saben que les espera algo malo. Se trata de un tribunal médico», asegura Agustí Aragonés, portavoz del sindicato CGT. Normalmente, este organismo llama para dar las altas a los trabajadores o para revisar una invalidez. En algunas ocasiones, estos pacientes se encuentran mal o no se han recuperado de la enfermedad. «Pero a los inspectores médicos les da igual. Les dan el alta de muy malas maneras», explica Aragonés, quien añade que «hacen esperar al paciente muchas horas antes de ser visitado. Y ellos ya están muy nerviosos».

La larga espera antes de entrar a consulta es solamente una de las denuncias de los pacientes y de algunos sindicatos. «La mayoría de los afectados son mujeres y de clase trabajadora», aseguran desde la CGT. La mayoría de ellas han optado para llevar un acompañante a las visitas del ICAM. Así lo hizo Belina. «En una ocasión me acompañó mi madre. Fue un trato totalmente vejatorio. Primero echaron a mi madre de la consulta y luego el inspector médico me amenazó con ensuciar mi currículum», explica Belina. En otra visita le pasó lo mismo, pero en esta ocasión su acompañante era un miembro del sindicato CGT, quien acabó expulsada del edificio. Ese día, Belina decidió poner una reclamación y hacer oír su voz.

Las afectadas se sienten juzgadas y atacadas, y por eso siempre van acompañadas 

Después de esta última visita, el Institut Català d’Avaluacions Mèdiques decidió retirarle la invalidez, que había conseguido hacía unos años. Ahora, Belina se ve obligada a buscar trabajo, pero no puede. Se encuentra muy mal debido a una lesión fruto de un parto, y camina ayudada de un bastón. «Pero a ellos les da igual. El trato de los médicos a los que estamos de baja es inhumano», explica, triste y indignada, Belina. Su abogado ya ha presentado una demanda para reclamar la invalidez al Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS).

Acompañar al paciente

Después de un largo número de denuncias por «el trato inhumano» que reciben los pacientes del ICAM, algunos sindicatos decidieron acompañar a los usuarios en sus visitas. «En algunas ocasiones, tratan a las pacientes como si estuvieran estafando a la Seguridad Social. Les acusan de tener cuento y les presentan fotos de un detective», explica Aragonés. Quien bien conoce esta situación es Montse Sans, representante sindical, que lleva a cabo algún acompañamiento de estas características. «La persona va asustada. Por norma general, se encuentra mal y sabe que está a punto de enfrentarse a un tribunal médico que, probablemente, le enviara a trabajar. Se siente juzgada», explica Sans, quien asegura que «encima te hacen esperar durante toda la mañana. Parece que lo hagan para poner más nerviosa a la paciente». 

Sans asegura que en los próximos días debe acompañar a un usuario y «ya estoy temblando». Su experiencia tampoco ha sido positiva. «Cuando entro a la consulta y me presento, ya se ponen en mi contra. Al final consiguen que a la paciente le caigan las lágrimas», explica Sans, quien recuerda que «en alguna ocasión me echaron de la consulta». La sindicalista también denuncia que los inspectores médicos del ICAM «siempre piden muchos informes, con la finalidad de demostrar la enfermedad», y añade que «si ellos son el tribunal médico, deberían pedir ellos la información a sus compañeros de profesión, y no obligar a los enfermos a peregrinar por todos los médicos».

«El sufrimiento es doble»

Los sindicatos y pacientes que denuncian los episodios de humillación aseguran que «ya es difícil convivir con una enfermedad, que encima la administración pone trabas a la hora de reconocer los derechos laborales y sanitarios», explica Aragonés, quien añade que «el sufrimiento es doble». Denuncian que las altas médicas injustificadas están únicamente basadas en criterios económicos y no sanitarios. «Las consecuencias laborales derivadas llevan a los enfermos a ser un colectivo vulnerable, con un alto riesgo de exclusión social», asegura Agustí Aragonés. 

Catalunya es una de las pocas comunidades que cuenta con esta competencia transferida, ya que tanto el reconocimiento como el pago de las prestaciones corresponde en exclusiva al INSS, quien asigna una partida presupuestaria al ICAM para desarrollar esta función. Este periódico ha intentado conocer la versión del ICAM, pero no ha recibido ninguna respuesta.

ALGUNOS TESTIMONIOS

«Me recibió con fotos hechas por un detective»

El caso de la enfermera de Joan XXIII que afirma haber quedado inválida por unos tratamientos erróneos también vivió un desagradable episodio en la consulta del Institut Català d’Avaluacions Mèdiques de Tarragona. Se trata de Cris Díaz, quien presentó una denuncia contra el Cap de Servei del organismo, por considerar que le dio un trato humillante y que «me provocó utilizando un dossier con fotos mías, de mis perros y de mi hijo», presuntamente contratados por la mutua que la atendió después de sufrir un accidente laboral.

Cris Díaz, la enfermera del Hospital Joan XXIII, quien denunció ante los Mossos el trato recibido por el SGAM. FOTO: Lluís Milián

Díaz explica así su experiencia. «Tuve que esperarme muchas horas en la sala de espera del ICAM. Cada tres meses me hacían una inspección y, en esta ocasión, hacía un mes y medio que me habían operado de la rodilla. Estaba muy mal», relata la paciente. «Cuando entré en la consulta, el doctor me estaba esperando con un dossier en las manos donde se podían ver fotografías de un investigador privado, que habían sido tomadas días antes de la intervención quirúrgica. En ellas, estaba yo, mis perros y mi hijo», explica Díaz, quien reconoce que las continuas insinuaciones del médico le provocaron un ataque de nervios. «Me decía que mis perros eran muy bonitos. Me sentí acosada. ¿Cómo puede ser que la administración pública cuente con imágenes de mi vida privada?», se pregunta la enfermera. «El doctor me arrebató el dossier de mis manos, provocándome un corte en un dedo», explica. El médico, según relata Díaz, se vio obligado a llamar al servicio de seguridad para calmar a la paciente. «Pero no lo hizo. Yo estaba con un ataque de ansiedad y nadie me atendió», relata Díaz. Testigo de esta escena fue Agustí Aragonés, portavoz sindical de la CGT, quien acompañaba a Díaz en su visita.

La paciente asegura que «no tienen corazón, son bestias». La mujer acabó denunciando la situación a los Mossos d’Esquadra, que acudieron al lugar «porque el segurata que había allí, me agredió».

No quiere dar el nombre por miedo a represalias

Otra de las afectadas por un presunto mal trato por parte de los inspectores médicos del ICAM es una trabajadora familiar. No quiere dar su nombre, por miedo a represalias, ya que asegura que «aún tienen que visitarme». La mujer no puede mantener suspendido el brazo. «Me dieron la incapacidad, y gracias a la morfina el dolor cesó. Así que al cabo de un tiempo me suspendieron la invalidez y ahora debo volver a trabajar», explica la afectada, quien añade que «en la consulta no me dejaron ni hablar. Me fui de allí sin saber nada, no me dijeron nada. Al cabo de unos días recibí una carta que debía reincorporarme». La mujer está de baja por ansiedad.

«¡No podía ni hablar y me mandaba a trabajar!»

A Rosa Iturrieta la llamaron del ICAM para revisar su baja. Siempre ha ejercido de maestra de primaria, pero su enfermedad, llamada neuralgia del trigémino, no le permitía desarrollar su oficio a causa de los fuertes dolores. «Fui al ICAM y me dijeron que tenía que empezar a trabajar. No me lo podía creer. ¡Pero si no podía ni hablar, y el inspector médico me decía que tenía que ir a trabajar!», explica Iturrieta, quien asegura que fue acompañada de un representante de un sindicato, porque ya le habían informado «de lo desagradable que eran». 

Rosa Iturrieta, una afectada.

La maestra asevera: ¡Qué que más quisiera yo que poder ir a trabajar!. Pero era imposible. Me encontraba muy mal». Iturrieta relata que ella intentó explicar su situación al médico del Institut Català d’Avaluacions Mèdiques, «pero no me dejaba. Me dijo que no le importaba», y añade que «quería explicarle que si me mandaba a trabajar, el sustituto se iría, y yo volvería a pedir la baja. De esta manera, los únicos perjudicados serían los niños. Pero no quería escucharme». Finalmente, según explica la maestra, todo se solucionó. «Al día siguiente, me dirigí al Departament d’Ensenyament y expliqué mi situación. Me aseguraron que pararían el alta», relata Iturrieta, quien añade que «nunca había pedido ninguna baja. Ese día me hicieron sentir que quería estafar a alguien. Y sólo estaba enferma».

Una acompañante que fue expulsada de la consulta

Isabel Molina, miembro de un sindicato, acompañó a una paciente a una visita del ICAM. «La habían citado a las diez y media de la mañana. Eran las dos y aún no había pasado a consulta», explica Molina, quien relata que «me acerqué al mostrador y puse una queja. Otra familia que había en la sala puso otra reclamación». Molina explica que empezó una discusión entre los presentes y el vigilante de seguridad. «Yo cogí el móvil porque quería gravar lo que estaba sucediendo. Los de seguridad, al verme, me expulsaron del lugar y no pude acompañar a la paciente. La esperé fuera», explica.

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