El trofeo más preciado pasa de madre a hija

45 años al servicio de la ciudad. Trofeus Badia cierra la tienda física y se adapta a los nuevos tiempos, con Maria al frente del negocio ‘online’

CARLA POMEROL

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Maria Grau y Carme Alasà, en la puerta del local, en la calle Mossèn Ritort i Faus. FOTO: A. GONZÁLEZ

Maria Grau y Carme Alasà, en la puerta del local, en la calle Mossèn Ritort i Faus. FOTO: A. GONZÁLEZ

La Covid-19 nos empuja a cambiar nuestros hábitos y costumbres. También víctima de ello lo es el comercio local. Carme Alasà y Maria Grau –madre e hija– lo saben muy bien y han decidido ponerlo en práctica. Son las propietarias de la histórica tienda Trofeus Badia, ubicada hasta hace dos años en la calle Mallorca y que, desde entonces y hasta hace unos días, se encontraba en la calle Mossèn Ritort i Faus. La familia ha decidido adaptarse a los nuevos tiempos y, por eso, cierra definitivamente la tienda física tras más de 45 años al servicio de los tarraconenses. Carme se jubila y su hija María queda al frente del negocio que, a partir de ahora, apostará por la venta online.

Para conocer el carácter familiar y único de Trofeus Badia es imprescindible descubrir el camino que ha hecho Carme hasta la actualidad. A sus 17 años, ya trabajaba de cara al público. Tras su etapa en la tienda de electrodomésticos Comercial Confort, la señora Badia –entonces propietaria de Trofeus Badia– se interesó por nuestra protagonista. «Trabajé para ella unos tres años, hasta que se jubiló. Fue entonces cuando me propuso que me quedara con el negocio», explica Carme, quien añade que «entre todos los de casa decidimos embarcarnos en esta aventura. Y hasta hoy».

Trofeus Badia –entonces ubicada en la calle Mallorca– vendía trofeos, placas conmemorativas por aniversarios o jubilación, copas de competición e incluso piezas de cristal.

El negocio ha ido adaptándose a los tiempos y modas. Siempre ha colaborado de manera estrecha con las entidades culturales y festivas de la ciudad, como las de la Setmana Santa o las del Seguici Popular. Tanto es así que la tienda se encargó de editar unos vasos de chupito para beber el Chartreuse durante las fiestas de Santa Tecla.

La clave del éxito ha sido siempre convertir todo lo imposible en posible. «Nunca hemos tenido un no para nuestra clientela», explica Carme, quien añade, a modo de anécdota, que «un día nos pidieron gravar la letra de unos niños en una placa de plata. Gracias a las capacidades artísticas de Maria lo conseguimos». Hace dos años, la tienda quedó pequeña y la familia decidió trasladarse a un local más grande y más bien conectado como es la calle Mossèn Ritort i Faus.

La decisión

La llegada de la pandemia lo ha cambiado todo. «No hay competiciones, ni partidos, ni Setmana Santa. Los clientes se han reducido y el gestor nos aconsejó cerrar la tienda, teniendo en cuenta los nuevos hábitos de consumo», explica Carme. Y así fue. El pasado 7 de enero, el local bajaba la persiana definitivamente y la propietaria se jubilará en pocos días. «Estoy contenta, pero a la vez triste. Mi hija se queda con el negocio, pero para mí es un traspaso emocional», añade Carme.

Ahora, Maria capitaneará el barco. La sede estará ubicada en un piso de la calle Francesc Bastos. «Allí tendremos las oficinas. Los clientes podrán seguir tocando el género», explica Maria. Los clientes podrán comprar de manera online, o bien, podrán ver una pequeña muestra en el piso. «Me llena poder seguir el legado de mi madre. Es un orgullo», acaba.

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