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El vandalismo deja a los socorristas de las playas sin red de comunicación

Destrozaron la antena de la centralita, en la Platja del Miracle, y quemaron una torre con material en la de Tamarit
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Foto: Lluís Milián

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Dos actos vandálicos, con una hora de diferencia, causaron ayer un quebradero de cabeza al servicio de socorrismo y vigilancia de la Creu Roja en Tarragona. En la Platja del Miracle, un grupo de una veintena de jóvenes okuparon una de las terrazas valladas que hay debajo de la Plataforma (y que la Creu Roja utiliza para guardar material) para celebrar su particular fiesta, destrozar la antena de la emisora y doblar el mástil que señala el estado del mar en función del color de sus banderas.

El segundo acto de gamberrismo lo alertaba un vecino a la Guàrdia Urbana de Tarragona pasadas las 3.25 horas de la madrugada. El fuego consumía la torre de vigilancia de la Roca de Gaià, en Tamarit, y las llamas devoraban la estructura de madera y el material sanitario, de salvamento y de comunicación que había en su interior. Los propios agentes y Bombers sofocaban las llamas 30 minutos más tarde.

El coordinador de la Creu Roja en Tarragona, Joan Carles Castellví, recordaba que «la torre de vigilancia la han quemado por segundo año consecutivo. Ello implica que el socorrista no pueda otear toda la playa y esté obligado a patrullar permanentemente para avistar cualquier señal de peligro».

La quema de la torre y el material que guardaba equivale a la pérdida de unos 5.000 euros que el proveedor de la Creu Roja deberá reponer para el buen funcionamiento de este puesto. Castellví recuerda que el año pasado se tardó cerca de un mes en tener otra torre y material para cualquier emergencia.

Si en Tamarit el vandalismo era una torre de vigilancia, la rotura de la antena de la emisora en El Miracle (además de otros destrozos) equivale a otros 3.000 euros más de inversión para arreglar las comunicaciones. «Sin antena no hay walkies y las comunicaciones las hacemos con el móvil particular», admitía el coordinador, que a lo largo de la jornada de ayer presentó la correspondiente denuncia a la Guàrdia Urbana.

Pocas incidencias policiales

Los agentes que tuvieron guardia durante la verbena tuvieron una noche relativamente tranquila, informaron fuentes municipales.

De hecho, hubo seis denuncias por encender hogueras en lugares prohibidos: cinco en la playa Waikiki y otra más en Roca Plana; y actas por incumplimientos del decreto en las verbenas del Carrer Onze, en Bonavista, y en el barrio de Sant Salvador. Aparte, hubo actas contra tres locales por incumplir horarios de cierre o convocar verbenas sin permiso y poco más.

Seis toneladas de basura

Un día como ayer se ocuparon de limpiar la ciudad 60 trabajadores (en un día festivo habitual son 18). Los más madrugadores fueron los encargados de las playas, que comenzaron el operativo a las cuatro de la madrugada. Contaron con siete vehículos de distintas características y tres tractores. En total calculan que se retiraron entre 6 y 6,2 toneladas de basura.

Hacia las siete de la mañana la playa de El Miracle ya estaba preparada para recibir a los primeros bañistas y deportistas, que se cruzaban con quienes se resistían a asumir el final de la fiesta. Entre estos últimos había un grupo de chicos de Valls que, guitarra en ristre, y a pesar de que más de uno iba descalzo, contaba que acababan de decidir coger un tren para irse a La Coruña.

Esta fue la única playa en la que los servicios de limpieza necesitaron de la colaboración de la Guàrdia Urbana para desalojar a la gente de la arena. En el resto los usuarios se movieron por su propio pie al ver a los trabajadores.

La composición de la basura recogida era de lo más variada: vasos de plástico, latas, cristales rotos, restos de comida... Además podían observarse objetos más voluminosos, como varias barbacoas (una de ellas con un saco de carbón al lado), chanclas, zapatos, sombrillas, tumbonas... El vidrio estaba entre lo más complicado y abundante de retirar. Sólo en la Llarga calculaban haber retirado 500 kilos.

Caos en L’Arrabassada

En L’Arrabassada hacia las siete y media la playa ya había quedado limpia, a excepción del paseo cercano a la entrada del preventorio de La Savinosa, tapizado de escombros y vidrios donde todavía trabajaban los operarios. La escena se completaba con varios grupos de personas que comenzaban a acusar los efectos de la resaca y conductores que todavía no se atrevían a ponerse al volante.

El dueño de uno de los chiringuitos se quejaba de que en aquel tramo de carretera, donde no hay salida, se vivió un caos toda la noche, ya que a quienes estacionaban correctamente en batería se sumaron los que ocuparon ambos carriles de ida y vuelta, con lo cual no había sitio para circular. «De haberse producido una emergencia una ambulancia no podría haber pasado por aquí», se lamentaba.

El equipo de limpieza también debió esmerarse en el último tramo de la Rambla Nova, donde se celebró la verbena. Pasadas las ocho de la mañana todavía trabajaban en retirar la alfombra de desperdicios que cubría el paseo.

Una noche pacífica

El teléfono de emergencias 112 recibió un total de 296 llamadas de toda la provincia de Tarragona. Sant Joan es, junto a final de año, el día en que el teléfono recibe más llamadas.

Los bomberos, por su parte, acudieron a atender 36 servicios en la demarcación, la mayoría de ellos por incendios de vegetación, en especial en zonas urbanas, así como papeleras, contenedores y mobiliario urbano. También debieron apagar alguna pequeña hoguera. El grupo más numeroso de incidentes fue en el Tarragonès, donde debieron realizar 16 salidas.

Particularmente calmada fue la noche para el Servei d’Emergències Mèdiques, SEM, que debió realizar 27 asistencias, una cifra más modesta de lo que esperaban. Los Mossos tampoco señalaron incidencias relevantes en la noche más corta del año.

 

 

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