El vigilante que disparó a sus excompañeros tenía licencia para un rifle y cuatro pistolas

Sabau, de baja por un problema físico, «era una persona solitaria, que siempre hablaba mal de Securitas y que estaba obsesionado con que la empresa no supiera que tenía armas»

JORDI CABRÉ-GERARD CAÑELLAS

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Imagen de la galería del club de tiro donde solía entrenar Eugen Marin Sabau.  FOTO: ÀNGEL ULLATE

Imagen de la galería del club de tiro donde solía entrenar Eugen Marin Sabau. FOTO: ÀNGEL ULLATE

Eugen Marin Sabau, el hombre de 45 años y vecino de Alcover que el martes sembró el pánico tras disparar a tres excompañeros de trabajo en Tarragona y a un agente de los Mossos d’Esquadra durante la huida, antes de ser neutralizado cerca de una masía de Riudoms, disponía de tres tipos de licencia de arma deportiva y de caza, pero no tenía permiso de arma de seguridad privada. Así lo han confirmado fuentes de la investigación al Diari.

Eugen, vigilante de seguridad desde 2009 y quien se desempeñó también como escolta, era propietario de cinco armas, cuatro cortas (de diferente calibre) y un rifle de caza. En el momento de los hechos se encontraba de baja por un problema físico, pues al parecer sufría de una lesión en los músculos isquiotibiales. Los que le conocían del Club de Tir Olímpic Jordi Tarragó, del que era socio desde hacía 15 años, hablan de él como una persona «solitaria», que «siempre hablaba mal de Securitas», y que «estaba obsesionado con que la empresa no supiera que tenía armas». La misma impresión recabaron los Mossos en el registro efectuado ayer en su vivienda de la localidad del Alt Camp.

Dentro de los detalles de esta «pasión» por las armas, a Eugen le gustaba la modalidad del tiro en movimiento. Se trata de un blanco (en este caso un papel) y el objetivo del tirador es disparar en él desde diferentes puntos. Desde el Club de Tir Olímpic confirman que el vigilante practicaba dicha modalidad, si bien en los dos últimos años sus puntuaciones fueron más bien pobres.
En las primeras horas tras el tiroteo en las oficinas de Securitas, ubicadas en la plaza Prim de Tarragona, ya se pudo confirmar que el autor del ataque era un tirador con experiencia. De hecho, según ha podido saber el Diari, disponía de tres tipos de licencia: D, E y F. Dos de ellas corresponden a armas tiro deportivo y la otra, a armas de caza. En un principio, el arsenal particular que poseía estaría regularizado.

El tirador en el momento de los hechos estaría de baja por un problema físico y no tenía arma en el trabajo ni licencia para ello, según confirmó la Agència Catalana d’Empreses de Seguretat (ACES). 

Desde la asociación señalaron que son muy pocos los vigilantes de seguridad que llevan armas en Catalunya –en todo caso, no son como las que tenía Eugen–, y destacaron la cantidad de controles para obtener este permiso.

El conseller d’Interior de la Generalitat, Joan Ignasi Elena, aseguró ayer públicamente que la investigación policial acabará de determinar si Sabau tenía los permisos vigentes y cómo obtuvo las armas. El caso está en el Juzgado de Instrucción número 5 de Tarragona y bajo secreto de actuaciones. Asimismo, Elena reiteró que el atacante tuvo una actitud «muy violenta» y que «podría haber hecho mucho más daño». El responsable de Interior acabó diciendo que consta «algún incidente de confrontación» con sus compañeros y que todo apunta a un «ataque de rencor» contra alguno de ellos.

Era una persona «solitaria»

Según cuenta Gumersindo Valverde, encargado del Club de Tir Olímpic Jordi Tarragó, situado en el barrio de Sant Salvador, Sabau «estaba obsesionado con que la empresa de seguridad en la que trabajaba no supiera que tenía armas». Además, Valverde señalaba que «cuando hablabas con él, por muchos de los comentarios que hacía, se notaba que estaba resentido con la empresa, aunque nunca decía cuál era el problema».  

Valverde y otros miembros del club reconocían que «era una persona solitaria», aparentemente normal, pero «un poco raro». «Cuando hablabas con él y te explicaba algo, cuando acababa te lo volvía a explicar todo otra vez, y otra, y otra», comentaba el encargado de la instalación, que destacaba que «no quería salir en ninguna de las fotos que nos hacíamos ni en las listas del club cuando íbamos a hacer tiradas». 

Según Valverde, el motivo es que «estaba obsesionado con que la empresa no supiera que era socio y que tenía armas. Es como si tuviera siempre miedo de que lo pillaran haciendo algo malo, tenía todas las licencias, pero siempre iba a escondidas», añadió el encargado.  

En este mismo sentido, contaban que siempre iba al campo de tiro a entrenar a primera hora de la mañana o al mediodía, «cuando no hay nadie o muy poca gente». «Era una persona solitaria, pero si te lo encontrabas pues te saludaba e incluso te contaba cosas, pero siempre salía el tema de la empresa, pero para mal», relataba Valverde, que no obstante reiteraba que nunca habló de ningún problema en concreto ni de ningún motivo para estar resentido con la compañía en la que trabajaba. Por su parte, Mar Trujillo, trabajadora del bar del campo de tiro, explicaba que no hacía mucha vida social en el club. «Era  solitario, solo venía al bar algunas veces con un amigo, pero nunca solo», decía Trujillo, que no obstante apuntaba que era «educado, normal, como un socio más». 

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