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El virus golpea también a los pueblos del interior

La Covid no es cuestión de densidad. El triángulo Riudecols-Alforja-Les Borges del Camp es la zona más afectada en la tercera ola. Hubo relajación y decretos de alcaldía pidiendo confinarse

Raúl Cosano

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Alforja es uno de los municipios que han sufrido brotes recientes. FOTO: ALBA MARINÉ

Alforja es uno de los municipios que han sufrido brotes recientes. FOTO: ALBA MARINÉ

El virus ya no es cuestión de ciudades, de zonas más o menos densas poblacionalmente o de periferias socioeconómicas vulnerables. La tercera ola ha llevado la Covid-19 a pueblos pequeños del interior de la provincia. Desde diciembre, la zona más golpeada por la pandemia en la provincia es el área básica de salud de Les Borges del Camp, que incluye poblaciones como L’Aleixar, Maspujols o Vilaplana; pero, en concreto, hay un triángulo especialmente maltratado por los brotes y los contagios que es el que forman en el mapa Alforja, Riudecols y Les Borges del Camp. La incidencia acumulada media en ese lugar supera los 3.500 puntos, más de 1.000 de diferencia con los ámbitos cercanos o con algunos distritos de Tarragona capital o de Reus.

«Van saliendo casos aislados, hay un goteo, algunos positivos en alguna familia, pero no es una situación alarmante», explica Antoni Abelló, alcalde de L’Aleixar. Este municipio tiene una incidencia acumulada de más de 1.200 puntos pero otra localidad cercana como Alforja, que ha sufrido brotes recientes, ha visto dispararse el dato recientemente más allá de los 9.000 puntos. «Hace unos 20 días tuvimos un brote importante, que vivimos con preocupación. De 15 test que hicimos, 12 dieron positivos y nos asustamos mucho. Hubo que confinar a muchas personas, contactos directos. No estábamos acostumbrados a eso, habíamos tenido un goteo de casos, pero no más de diez como era esa situación», explica Joan Josep Garcia, el alcalde.

El máximo representante municipal publicó un decreto de alcaldía para emplazar a la población a mantener con rigor las medidas sanitarias. García invitaba a los vecinos a hacer vida dentro de casa y a no salir si no era necesario a fin de cortar la cadena de contagios. «Fue una consecuencia derivada del relajamiento, de bajar la guardia, y para que no se expandiera más el virus pedimos que la gente saliera de casa lo justo y necesario», dice el edil.

Incidencia de la Covid-19 en la tercera ola (desde el 8 de diciembre hasta ahora)

Pueblos como Alforja habían estado más o menos libres de casos hasta ahora, pero incluso estos pequeños núcleos tienen difícil escapar de la pandemia a medida en que han avanzado los meses. «Cada vez que hay una fiesta, una celebración, puede ocurrir un rebrote, no tanto por el acto en sí sino por el desplazamiento de la gente, la misma movilidad que genera más opciones de contagio», narra el alcalde de Alforja, que añade otro factor decisivo: «En los pueblos pequeños todos estamos muy cerrados pero también todos salimos a trabajar, a lugares como Tarragona, Reus, Salou o Cambrils. La gente vive aquí pero sale para trabajar a poblaciones de la zona».

«Aquí hemos sufrido más»

Tanto el Camp de Tarragona como las Terres de l’Ebre eran regiones que se habían escapado del impacto del virus más crudo del SARS-CoV-2 durante 2020 pero, precisamente por esa condición, estaban más expuestas a futuras y eventuales complicaciones. «Al haber más gente que no había pasado la enfermedad, también había más población susceptible de contraerla. En estas últimas semanas hemos sufrido más que, por ejemplo, el área metropolitana de Barcelona. Antes de Navidad sabíamos que, si venía una ola, aquí sería más grave, precisamente porque la pandemia no había golpeado tanto hasta entonces», reconoce Joan Inglés, doctor especialista en medicina del trabajo en el Hospital Sant Joan de Reus y uno de los facultativos involucrados en la lucha contra la pandemia.

Fuera del área de Les Borges, hay otras localidades muy cercanas que padecen también una incidencia muy elevada: L’Albiol (más de 2.700), en el Baix Camp, Pradell de la Teixeta (más de 3.000), en el Priorat, y Mont-ral (alrededor de 4.800), en el Alt Camp, son tres ejemplos de pueblos con unos pocos centenares de habitantes que se ven severamente afectados por los contagios, si bien hay que tener en cuenta que en estos territorios con tan poca población unos pocos casos de coronavirus suelen disparar las estadísticas.

Mejoría en los últimos días

Maspujols es otra población de esa zona, que sobre el 20 de enero tenía una incidencia acumulada de más de 4.000 puntos pero que ahora ha conseguido reducir hasta los 1.440, según la tasa de PCR y antígenos por cada 100.000 habitantes. Todos ellos, eso sí, se benefician de la mejora de los últimos días, que ha repercutido en el descenso generalizado de un índice como el riesgo de rebrote.

Les Borges del Camp es otro ejemplo de dificultades recientes. Hace un mes padecía una incidencia de más de 9.000 puntos –cuando Tarragona capital, por ejemplo, estaba en 2.500– . Ahora es de 3.100, según las últimas cifras del Departament de Salut, un dato que igualmente supera al de Tarragona (1.600), al de Reus (2.100), El Vendrell (1.550), Salou (1.000) o Cambrils (1.600). Por lo tanto, la comparativa muestra que estas grandes poblaciones se están viendo menos perjudicadas que algunos núcleos menores, al menos durante esta tercera oleada que se desbocó por las reuniones familiares de Navidad.

En este área básica sanitaria de Les Borges del Camp, la incidencia del patógeno atañe más a las mujeres que a los hombres, en la línea de la dinámica general. La zona había resultado poco afectada por el SARS-CoV-2 hasta ahora, según las estadísticas. «Ahora estamos mejor pero hemos pasado recientemente el momento más complicado», explica Joaquim Calatayud, alcalde de Les Borges del Camp y presidente del Consell Comarcal del Baix Camp. Este municipio no ha sufrido brotes concretos, sino que el incremento de casos ha sido algo generalizado, sobre todo tras la Navidad. «Somos un pueblo con instituto, con CAP y con mucho movimiento de gente. Es un lugar de paso, por ejemplo hacia la zona del Priorat. Hay más mezcla y más movilidad y eso siempre es un factor de riesgo», concreta el edil, que reconoce el impacto de las fiestas: «Los contagios han tenido sobre todo un origen familiar. Como en todos los lugares, la celebración navideña se animó demasiado y eso ha hecho que la situación sea más complicada en enero».

«Tendencia compartida»

Cerca de allí, Riudecols ha sido otro núcleo puesto en el foco. La incidencia de 1.200 casos por cada 100.000 contrasta con los más de 5.000 que tenía hace un mes. El Ayuntamiento negó que las altas cifras de contagio tuvieran que ver con las celebraciones a raíz del premio Gordo de la Lotería de Navidad, que tocó en una fábrica local. El consistorio enmarcó la situación en «una tendencia compartida por otras localidades catalanas» y pidió no especular sobre las posibles causas de esos incrementos, que a su juicio se justificaban «en el contexto global de la pandemia».

Así, la amenaza del coronavirus se ha extendido prácticamente por todos los rincones de la provincia y apenas quedan municipios libres, a pesar de que no sean términos y distritos con tanta movilidad. El análisis de los datos también sirve para ver hasta qué punto es decisivo el factor socioeconómico. Si la mayor o menor relajación en las fiestas navideñas ha sido crucial en esta tercera ola, durante la primera y la segunda fue importante el componente de vulnerabilidad económica. En Tarragona capial, los barrios de Ponent tuvieron más casos que el centro de la ciudad y distritos como Llevant, lo que corrobora la tesis de que las clases de rentas más bajas padecen más. La mayor movilidad y la dificultad de teletrabajar en según qué empleos –y, por tanto, estar más expuestos al virus– son algunos de los argumentos de esa tendencia.

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