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Emili Huguer: Una estrella de los 60 brilla en TGN

Emili Huguer, cantante del exitoso dúo Juvent's, vendió miles de discos en esa década mágica, alternó con Frank Sinatra y contó con 52 clubes de fans en todo el país. Vive en Tarragona
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Emili Huguer, hace unos días, en una calle de Tarragona.  Foto: Lluís Milián

Emili Huguer, hace unos días, en una calle de Tarragona. Foto: Lluís Milián

Es muy probable que paseando por la Rambla Nova se hayan cruzado con él. O comprando una barra de cuarto y un kilo de madalenas en la panadería. Humilde, como un tarraconense más, nadie habrá caído en la cuenta de que se trata de un cantante que gozó de enorme fama en los años 60, que vendió miles de discos y que alternó con artistas de la talla universal de Frank Sinatra o los Platters. Emili Huguer, nacido en Masnou en 1943 pero residente en Tarragona desde hace 31 años, es esta estrella silenciada, casi aletargada. Hoy sus pensamientos los copa su nieto recién nacido más que su glorioso pasado, aquel que le permitió cumplir con creces sus sueños adolescentes.

Huguer era la voz del dúo Juvent’s. Junto a su amigo Jesús Lardín (guitarra), editó doce singles y dos elepés desde 1961 hasta 1969, algunos de los cuales se instalaron en los primeros lugares de las listas españolas. Una década prodigiosa que recuerda con cariño, pero con la dosis justa de nostalgia. «Todo nació casi por casualidad, en los habituales guateques en las casas de conocidos. Un día nos animamos a interpretar la canción Adán y Eva, de Paul Anka. Yo tenía una buena voz. Mi madre Antonia cantaba ópera y yo hacía lo propio en el coro del colegio. Jesús tocaba la guitarra. Nos lanzamos y salió razonablemente bien. Fuimos animándonos y comenzamos a ensayar entre semana. También tocamos en los bailes que organizaban las cooperativas durante los fines de semana. La bola se iba haciendo más grande», rememora Huguer.

Tenían 15 y 16 años, buena presencia y una ambición desmedida. «Les dijimos a nuestros padres que queríamos probar suerte en la música. Al principio les extrañó, pero enseguida nos ayudaron. Mi padre, que había sido jefe de la estación de Renfe en Tarragona, movió cielo y tierra para que nos hicieran una prueba en Radio Nacional de España, en el edificio del Passeig de Gràcia. Acudimos muy nerviosos y nos examinaron Alfredo Doménech y el famoso presentador Federico Gallo. Nos felicitaron y nos auguraron un buen futuro», prosigue.

Aquel sello de calidad a cargo de dos pesos pesados les propició invitaciones a programas radiofónicos de gran difusión, como Fantasía, una cita que les abrió definitivamente las puertas a ese nuevo mundo por desprecintar. «En el público se hallaba Julio Guiu, propietario de Ediciones Armónicas y socio de Discos Vergara. Tras la actuación, se acercó y nos propuso grabar un disco. Alucinamos con la oferta. Obviamente le dijimos que sí. Al cabo de tres meses ya estábamos grabando en el Estudio Grabación, en el Orfeó Gracienc. Disponía de un equipo técnico de lujo, Ariola. Interpretamos cuatro canciones que se convertirían en nuestro primer EP», comparte.

Gran éxito

Las ventas de ese primer siete pulgadas, en el que destaca la original Yo soy un rocker, fueron más que satisfactorias y la rueda siguió girando. «Tuvimos una buena aceptación. El tercer disco ya lo grabamos con una orquesta de lujo, con Rudy Ventura y José Guardiola como músicos. Nos invitaron a muchos programas de televisión, como Amigos del lunes o Gran parada. Nos contrataron en las mejores salas de fiestas del país. En el mítico Tito’s de Palma de Mallorca fuimos para dos días y tocamos toda una semana. También actuamos en el Pasapoga de Madrid, uno de los cabarets más famosos del mundo», revela.

Con la ayuda de sus representantes Ricardo Ardévol, Grau y Centaño recorrían España con un altísimo caché de 15.000 pesetas por recital, gastos aparte. Fueron contratados para hacer un mano a mano con el Dúo Dinámico. «No tuvimos tiempo de digerirlo. Dos años antes estábamos cantando en el colegio y de repente estábamos hablando con Frank Sinatra. Ganamos mucho dinero. Las primeras 500 pesetas que gané las invertí en una guitarra Hofner holandesa. Poco después les compré un piso a mis padres. Fueron ocho años de ensueño», relata.

Para calibrar su fama, basta señalar que poseían 52 clubes de fans en toda la geografía nacional. «Curiosamente, el más importante era el de La Canonja, con más de 300 chicas. Un cariño que les devolvimos en unas fiestas de la localidad. Hablamos con el alcalde de Tarragona y le propusimos actuar por sorpresa, sin anuncio previo. Pagamos a medias la contratación de la Orquestra Maravella y aparecimos en el escenario. Las fans se volvieron locas de alegría. Fue precioso», rescata. Pero las obligaciones militares se interpusieron en el camino de este tren hacia el éxito. Jesús fue destinado dos años a Marruecos, lo que destrozó los planes y los esquemas. El polifacético Emili, que llegó a ser árbitro de la Primera División de Baloncesto en 1976, recondujo su vida y durante más de dos décadas trabajó para Henry Colomer como maestro de ceremonias en desfiles y presentaciones. Hoy, a sus 71 años, está jubilado de ese cometido pero no de la música. Ansía recuperar parte del tiempo perdido, sin ánimo de lucro y con el único premio del cariño. Se ofrece para cantar en residencias de ancianos, en ateneos, en casinos o donde sea reclamado. «Ensayo mucho en el estudio que tengo en casa, he dejado de fumar y he recuperado mi voz. Me encantaría cantar para recordar los sonidos de aquellos mágicos 60». Aguarda propuestas en emilihuguer@hotmail.com.

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