En busca de almas nocturnas en Tarragona

El ‘Diari’ pasa la noche con una patrulla de la Urbana para encontrar a quienes se saltan el toque de queda

CARLA POMEROL

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Martín Ródenas era la primera persona identificada por la Guàrdia Urbana, en la noche del martes. Trabaja en el Telepizza. FOTO: Fabián Acidres

Martín Ródenas era la primera persona identificada por la Guàrdia Urbana, en la noche del martes. Trabaja en el Telepizza. FOTO: Fabián Acidres

Buenas noches. ¿De dónde viene usted?», pregunta el sargento Xavier Pastor. «Acabo de salir del curro. Trabajo en el Telepizza», dice el joven. «¿Me puede mostrar el certificado que lo demuestra y su carnet de identidad?», sigue el policía. Martín, sin nervios aparentes, abre su mochila, saca un papel y busca su DNI entre los carnets que hay en su cartera. «Tome, aquí lo tiene». Es entonces cuando el sargento abre la emisora para comprobar la identidad del joven y si tiene o no alguna cuenta pendiente con la justicia. «Negativo», sentencia el sargento Pastor, quien añade «muchas gracias, puede seguir hasta su domicilio».

Martín Ródenas, este joven de 35 años, era la primera persona que la Guàrdia Urbana de Tarragona identificaba durante la tercera jornada de toque de queda. La noche se auguraba larga e intensa. Y acabó siéndolo. El cuerpo policial propuso sancionar a un total de 16 personas, de las cuales 14 estaban quebrantando el toque de queda. Una de ellas, además, consumía alcohol en plena calle. Las dos restantes fueron multadas por no llevar puesta la mascarilla. Unas cifras que distan mucho de la noche anterior, cuando solamente se sancionó a cinco personas. Los agentes aseguran que el fin de semana se prevé, incluso, más agitado.

Este joven aseguraba que «estaba en casa de una amiga, y me he despistado». FOTO: Fabián Acidres

La noche para los agentes empezaba a las diez en punto en la comisaría de la Guàrdia Urbana. Primero, reunión para hacer el briefing. Organización, prioridades y objetivos. Mientras tanto, algunas patrullas se encargaban de disolver un encuentro de quince jóvenes en el barrio de Campclar. Cuando el grupo vio llegar a la policía, comenzaron las carreras. Los agentes solo pudieron identificar y denunciar a tres jóvenes. A las diez y media despegaba la última patrulla en busca de almas nocturnas saltándose la ley. Y tan solo un minuto más tarde, el vehículo policial estacionaba para identificar a la primera.

El corporativismo, la salvación

Tramo final de la calle Pere Martell. Daniel Ramírez salía de trabajar, dirección a su casa. Pero no llevaba ningún certificado ni autorización que así lo demostrase. Le salvó que tanto la mascarilla como su camiseta llevaban estampado el logo de la frutería en la que trabaja. Todo un acierto que su jefa fuera tan corporativista. Los agentes le dejaron ir sin denunciarle.

«Me parece genial que hagan este control. Los ciudadanos estamos poco concienciados y necesitamos que nos recuerden la normativa»

A escasos metros, la patrulla volvía a estacionar el vehículo e identificaba a Jordi Roca. Venía de trabajar de una planta química que hay en el Pla de Santa Maria. La policía lo interceptó después de que aparcara su coche en un parking privado y se dirigiese a su casa. «Me parece genial que hagan este control. Los ciudadanos estamos poco concienciados y necesitamos que nos recuerden la normativa», decía este vecino de Torres Jordi.

Por la misma calle bajaba Daniel Rosell, vigilante del parking del gimnasio Orión Fitness, ubicado en la calle Fortuny. Rosell iba más que preparado. Con el certificado en mano, no hizo falta ni que la policía se lo pidiese. «Todo en orden, puede marcharse», decía el sargento Pastor, mientras saludaba a otro peatón. «A él no le paramos, lo conozco y sé que acaba de salir de trabajar del Banc de Sang del Hospital Joan XXIII», decía el sargento. También pasaba por Pere Martell Èric, un joven que salía de su casa en busca de una Couldina que combatiera el resfriado de su padre. También se salvó de la denuncia. La suerte ya estaba toda repartida.

Despistes y sarna

Cuando pasaban pocos minutos de las once de la noche, un vehículo era interceptado por la Guàrdia Urbana en el cruce de la avenida Prat de la Riba con Ramón y Cajal. «Estaba en casa de una amiga y me he despistado. Se me ha ido la hora», decía. A lo que el agente le respondía: «Con la que está cayendo, no estamos para despistes». Después de identificar al conductor y de comprobar que tenía antecedentes, la policía le preparó la receta. El coste de la sanción es de 300 euros, en el caso de que la denuncia solo sea por quebrantamiento del toque de queda. Si el infractor fuera reincidente o estuviera incurriendo en otro delito –por ejemplo, consumo de alcohol en la vía pública–, las multas podrían ascender hasta 6.000 euros.

Las zonas más transcurridas durante la noche son la centro y los barrios de Ponent

La anécdota de la noche llegaba en el cruce de las calles Soler y Cervantes. La patrulla paraba el coche rápidamente e identificaba a un joven. Los agentes le registraron de arriba a abajo, cuando de repente, el chico informaba que tenía sarna. Sorpresa absoluta. «¿Sabes que no puedes salir a la calle a esta hora? ¿Sabes que estamos en estado de alarma?», le preguntaba el policía. «Yo no sé, yo no conozco», le contestaba el joven, que hacía pocos meses que había llegado a Tarragona, procedente del Pla de Santa María. Resulta que el chico había ido en busca de una zona con wifi para chatear y buscar soluciones caseras para aliviar el picor. La policía le acabó denunciando.

¿Y los sintecho?

Según la Guàrdia Urbana, jóvenes de entre 20 y 30 años son los que más se encuentran por la noche, saltándose las normas. Las zonas más transcurridas son la del centro y los barrios de Ponent. «Es donde hay más personas convivientes», apunta el sargento Xavier Pastor. De cada siete u ocho identificados, solo uno o dos no llevan consigo la autorización necesaria para no ser denunciados. «La mayoría de personas muestran una actitud colaborativa con la policía. Los que se lo toman mal, por norma general, suelen ser personas que viven al margen de la ley, o que tienen antecedentes pendientes», comenta el sargento Pastor.

La primera noche de toque de queda, una patrulla de la Guàrdia Urbana se dedicó a localizar a los sintecho de la ciudad. «Les hemos recomendado que no vayan deambulando por las calles durante la noche», explicaba el sargento, quien añadía que «nos consta que los servicios sociales del Ayuntamiento ya trabajan para buscar una salida a las personas sin domicilio».

Los agentes se pasaron toda la noche recorriendo las calles de la ciudad. Hacían compañía a los camiones de la basura, autobuses, taxis y ambulancias.

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