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«Es cosa de llevar una tarjeta, no veo complicación»

Reciclaje. Desde ayer se necesita una tarjeta para tirar la basura orgánica y la ‘resta’ en El Serrallo y Cala Romana. Durante un mes habrá información a pie de contenedor 

NORIÁN MUÑOZ

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Vecinos ‘estrenando’ ayer el sistema de cierre de los contenedores. FOTO: Pere Ferré

Vecinos ‘estrenando’ ayer el sistema de cierre de los contenedores. FOTO: Pere Ferré

«Es cosa de llevar una tarjeta más en la cartera, no le veo complicación», dice Joana Furió, vecina de El Serrallo, que acaba de usar una tarjeta para tirar una pequeña bolsa de basura al contenedor de la orgánica. Cree que el nuevo sistema es «muy fácil» aunque reconoce que tiene dudas respecto a que de así se consiga que los ciudadanos reciclen mejor.

Aunque la tecnología se había comenzado a instalar hace un mes, ayer era el primer día en que hacía falta la tarjeta o una aplicación móvil para poder abrir los contenedores de la orgánica (marrón) y el de la ‘resta’ o rechazo (gris) en el barrio marinero.

Se trata de una prueba piloto que en El Serrallo afecta a tres baterías de contenedores (6 contenedores de resta y 3 de la orgánica) y en Cala Romana, el otro barrio que comenzó ayer, a 8 baterías (14 contenedores de resta y 8 de orgánica). En septiembre el sistema arrancará en Bonavista.

La clave, mejorar la orgánica

El principal objetivo del cierre de contenedores es conseguir mejorar el reciclaje de la basura orgánica en particular y el conjunto de residuos en general. La orgánica, de hecho, es la basura que más se genera en los hogares. pero en Tarragona una parte muy importante se lanza al contenedor gris y termina en la incineradora. El porcentaje de recogida selectiva en la ciudad se situó el año pasado en el 33% mientras que por normativa europea deberíamos haber llegado al 60%.

El cierre de contenedores en otros municipios con datos similares a los de Tarragona ha conseguido revertir la situación y que se pase de un 30% a un 70% de recogida selectiva.

El pasado 27 de julio comenzó un proceso de información a la ciudadanía en el que, además de entregaron las tarjetas. Se colocaron puntos de recogida, pero también se fue a las casas. Se estima que el 70% de los vecinos tiene la tarjeta. En el caso de El Serrallo, además de con este elemento, los contenedores se pueden abrir con una aplicación móvil (en Cala Romana solo abren con tarjeta).

En cada uno de los tres barrios se probará la tecnología de una empresa diferente. En El Serrallo trabajará Citisend, en Cala Romana Moba y en Bonavista Idea.

Justamente en El Serrallo encontramos haciendo pruebas a la empresa Citisend. Su director comercial, Juan Carlos Cortés, explica que la experiencia en otras zonas como la Conca de Barberà, el Pla d’Urgell, Torrent (Valencia) o Lleida, muestra que los ciudadanos suelen necesitar unos dos meses para acostumbrarse al sistema, pero luego los resultados son muy positivos.

En el caso de su aplicación móvil, además de servir para abrir el contenedor, también permite que los ciudadanos puedan saber el uso que hacen de los contenedores. Se trata de un aspecto que en un futuro permitirá implementar una tasa de basura en que se ‘premie’ a quienes reciclan mejor.

Las tarjetas no van a nombre de ninguna persona, sino que están asociadas al catastro. Los datos que recojan las tres empresas irán a una plataforma a la cual tendrá acceso el ayuntamiento. La idea es evaluar cómo funciona el sistema durante un año para aplicarlo luego al conjunto de la ciudad.

Proceso acompañado

La intención, explican desde los servicios técnicos del Ayuntamiento, es que los ciudadanos estén acompañados en el proceso. por lo que durante al menos un mes se contará con educadores ambientales y agentes cívicos en todas las islas de contenedores afectadas. Estarán de martes a sábado de siete de la mañana a once de la noche.

Estos trabajadores podrán resolver todas las dudas y asistir a cualquiera que necesite ayuda y abrir el contenedor si hace falta. Pueden, por ejemplo, tramitar en el mismo sitio la tarjeta a los vecinos que no la tengan.

De hecho, mientras hablamos con una agente cívica, se acerca una señora mayor que explica contrariada que «es el primer día y ya la he perdido» (la tarjeta). Tras comprobar los datos se la vuelven a configurar ya entregar en el momento.

Estos trabajadores también se encargan de ver que todo funcione correctamente. Uno de los aspectos que piden recordar, por ejemplo, es que, cuando se aproxima la tarjeta o el móvil se deben esperar unos dos o tres segundos para que el sistema ‘lea’ la información y permita abrir.

Los agentes e informadores también aprovechan para resolver dudas sobre el reciclaje. La agente con la que hablamos, que también ha estado entregando tarjetas en ñas casas, dice que pese a que han encontrado unos vecinos más convencidos que otros, en general hay buena predisposición. Eso sí, dice que una de las preocupaciones con las que se han encontrado tiene que ver con los incívicos que ya dejaban la basura fuera de los contenedores antes de que comenzara el proceso y temen que el cambio de sistema les de una nueva excusa para hacerlo.

Como la intención es que los vecinos se habitúen paulatinamente, los contenedores se podrán abrir durante todo el día, pese a que hay una franja estipulada para cada fracción.

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