Escasez de pisos universitarios e incertidumbre en Tarragona

Las residencias extreman sus medidas de seguridad ante un curso incierto que vuelve a estar marcado por la poca oferta de vivienda para estudiantes

R. COSANO

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Estudiantes en el acceso a una habitación de la residencia Mediterrani, en Tarragona, durante el curso pasado.  FOTO: pere ferré

Estudiantes en el acceso a una habitación de la residencia Mediterrani, en Tarragona, durante el curso pasado. FOTO: pere ferré

La situación incierta marca el inicio del curso universitario. Si encontrar piso ya era antes de por sí complicado para los estudiantes universitarios que, como cada año, se embarcaban en un nuevo curso académico, ahora, con la incidencia de la pandemia, las dificultades se incrementan y se agudizan al ritmo de los rebrotes y ante la incertidumbre de más confinamientos.

El precio al alza, la escasez en la oferta, la localización y el estado de las viviendas son los mayores problemas a los que se enfrentan los jóvenes en esta complicada tarea. A pesar de los efectos de la Covid-19, el mercado no ha cambiado en exceso: las residencias se siguen llenando rápidamente ante la escalada de precios de los pisos, que no notan una bajada de tarifas significativa, y la poca oferta.

La residencia, descartada hace unos años por cara, se ha convertido en una opción cada vez más común. La vivienda se ha encarecido desde el estallido de la burbuja inmobiliaria y los pisos de varias habitaciones, en los que pueden convivir tres o cuatro universitarios, son difíciles de encontrar o demasiado prohibitivos. Además, cuando parece que todo encaja y por fin se ha encontrado un piso que cuenta con todas las cualidades, la palabra «estudiantes» hace temblar a muchos propietarios. Pese a eso, hay un punto a favor de los propietarios. Viviendas que en su conjunto se podrían alquilar por unos 600 o 700 euros, salen al mercado divididas por habitaciones. De esta forma, los dueños llegan a obtener el doble de dinero por la propiedad.

Esperar a última hora

Otro lado positivo es la duración de los contratos que, sin embargo, no está asegurada en este entorno de pandemia. Hasta ahora el casero podía asegurarse la continuidad del inquilino durante el tiempo en que se cursaran los estudios. Ahora eso ya no está tan claro: proliferan los contratos ligados a que no haya un estado de alarma que suspenda las clases ‘in situ’.

Algunos alumnos, ante la incertidumbre generalizada de saber si el curso va a comenzar presencialmente o no, han preferido esperar más para tomar una decisión. También hay residencias que, ante este panorama, han preferido cambiar de modelo de negocio. A las residencias que están en marcha no les ha quedado otra que extremar las medidas de seguridad: desinfectantes, pantallas y barreras físicas o eliminación de objetos compartidos como cartas, revistas, bolígrafos y papeles forman parte de los protocolos aplicados en estos centros.

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