Ese otro latido de la economía local

La aportación de los inmigrantes en el tejido de la ciudad de Tarragona vista por tres fotógrafos

N.M.

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Paola Martínez, con el vestido de su fiesta de quince años, una tradición en Paraguay. FOTO: ALBA RODRÍGUEZ

Paola Martínez, con el vestido de su fiesta de quince años, una tradición en Paraguay. FOTO: ALBA RODRÍGUEZ

Comercios que se convierten en los negocios del barrio, trabajadores que pescan y preparan lo que llega a nuestra mesa, tradiciones que dan trabajo al comercio local... Son apenas tres muestras de la aportación, muchas veces invisible, de la inmigración en la economía de la ciudad.

Ahora tres fotógrafos se han dado a la labor de contarlo en imágenes y lo han puesto en común en la exposición ‘PIB, Producte Interior que Batega’, impulsada por la Taula Intercultural de Tarragona. Hasta el seis de enero puede verse en el Pati Jaume I del Ayuntamiento.

Dentro de la fiesta de los 15

Alba Rodríguez se encargó de seguir los preparativos y la fiesta de quince años de Paola Martínez, una joven tarraconense de padres paraguayos. Para quien no lo sepa ‘los 15’ en Amércia Latina no son un cumpleaños más, sino que se trata de todo un acontecimiento.

En El Serrallo los inmigrantes se han convertido en la generación de relevo en la pesca. FOTO: ADRIÀ BORRÀS

Así lo confirman, por ejemplo, tiendas de vestidos de gala «de toda la vida» que han visto con estas fiestas aumentar su clientela. Lo mismo pasa con la peluquería, la comida o la música.

«Hay el prejuicio de que una familia migrante no se gastará 400 euros en un vestido, pero no es así. Ahorran para comprárlo porque para ellos es un momento muy importante», explica Rodríguez.

Y es que, apunta, no se trata solo de celebrar, sino de una oportunidad para reunificar a a la familia. En su caso Paola pudo reunir a casi un centenar de invitados, incluida a su abuela que vive en Paraguay. «Este día fue único, pude ver a personas que llevaba meses, incluso años, sin ver. Tenerlos a todos era muy emotivo», le contaba la quinceañera.

Lo otro que llamó la atención de la fotógrafa es «la conexión que siguen teniendo con su cultura, comenzando porque siguen hablando en guaraní».

En la fiesta también tienen peso tradiciones como la vestimenta, la música y los bailes típicos. Rodríguez consigue imágenes impagables de las tres generaciones: la abuela, la madre y la hija.

Pescadores de otros mares

Cuando Adrià Borràs era niño en El Serrallo había al menos el doble de barcas. Ahora la flota se ha quedado mucho más pequeña, en parte porque las generaciones de relevo han decidido como Borràs (hijo de pescador) estudiar o dedicarse a otros oficios.

Alí, en el centro, tiene una tienda halal desde hace casi 20 años. A los lados, sus hijos. FOTO: ÀNGEL ULLATE

Pero, si hay algo por lo que la flota resiste, es gracias a los pescadores de otros mares, que ya forman parte del panorama humano del barrio marinero. Senegaleses, cameruneses, marroquís... Que ya pescaban en sus países y que llagaron buscando nuevas oportunidades.

Y no solo están en las barcas, sino a lo largo de todo el proceso hasta que el pescado de Tarragona llega a la mesa. Trabajan igual en la cofradía que en los restaurantes. «Todos fueron muy amables a la hora de fotografiarles», cuenta Borràs.

Los nuevos comercios de barrio

Àngel Ullate, por su parte, ha sido testigo de como muchos establecimientos regentados por inmigrantes, especialmente marroquíes, han acabado por convertirse en los comercios del barrio. Es el caso de Alí (en el centro de la tercera imagen) carnicero de la calle Fortuny que aparece junto a dos de sus hijos.

Ha fotografiado, además, muestras de solidaridad, como la de Mohamed, propietario de una barbería en la calle Sevilla que acogió como discípulo a Bilal, un joven ex tutelado que ahora se ha convertido en su encargado de confianza.

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