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Estas arqueólogas saben lo que hay debajo de tu calle

Da igual si se trata de hacer un agujero para instalar un ascensor que si se proyecta una gran obra, su trabajo es excavar y documentar la verdad que el suelo guarda

Norian Muñoz

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Loli Yguanzo y Maria Reis Fabregat, arqueólogas, durante una visita reciente por la ciudad. FOTO: Pere Ferré

Loli Yguanzo y Maria Reis Fabregat, arqueólogas, durante una visita reciente por la ciudad. FOTO: Pere Ferré

«La gente nos ve trabajando a pie de calle en la ciudad. Muchos se sorprenden y hasta se indignan cuando ven que después de excavar volvemos a cubrir la zona. Dicen: ‘¿Ves?, ya lo han tapado para que nadie se entere’. Cuando la realidad es que estamos protegiendo lo que hay para que no se degrade. Si la comisión de patrimonio así lo decide, lo que hacemos, después de documentarlo todo, es colocar una malla de geotextil sobre la estructura limpia y luego un tipo de arena que no se compacta».

Lo cuentan Maria Reis Fabregat y Loli Yguanzo, curtidas arqueólogas urbanas de la cooperativa Némesis. Así comienzan a sacarnos de dudas sobre lo que pasa cada vez que se va a hacer un movimiento de tierras en la ciudad.

Contadas sorpresas

Pero primero, lo primero: ¿en qué momento se necesita un arqueólogo para hacer una intervención en el suelo de Tarragona? La respuesta es: prácticamente siempre. «Incluso cuando solo se trata de una comunidad de vecinos que quiere instalar un ascensor», apuntan.

Y es que en una ciudad en la que el casco urbano está considerado yacimiento arqueológico, lo habitual es que se necesite algún tipo de intervención arqueológica para obtener la licencia de obras.

Los constructores locales, reconocen, ya están bastante habituados al procedimiento, mientras que los de fuera se preocupan más cuando se enteran.

Lo cierto, explican, es que en Tarragona ya se sabe con bastante certeza dónde están los grandes monumentos. Así, pues, se puede hacer una prospección antes de comenzar a excavar.

Una vez realizada la excavación, es la Comissió de Patrimoni la que decide las acciones a tomar. En la comisión de expertos participan distintas administraciones, asociaciones y técnicos independientes. La orden, según el caso, puede ser dejarlo todo como estaba, cambiar el tipo de cimentación, ‘mover’ la construcción o, como sucedió alguna vez en el pasado, vetar la construcción de un parking subterráneo.

Más que restos romanos

Aunque, atención, pese a que en Tarragona es casi inevitable relacionar excavaciones y restos romanos, lo cierto es que en el día a día a los arqueólogos urbanos les toca documentar todo lo que se encuentran en los diferentes estratos.

Yguanzo pone un ejemplo: «Hace casi un año que estamos trabajando entre las calles Comte de Rius y Méndez Núñez, donde estamos controlando una cloaca del siglo XIX que todavía está en uso. También aparecieron los baños públicos que había en la Rambla Nova en los años treinta y que taparon en la última remodelación de paseo». Cuenta que da igual lo que se encuentren. «Estos baños, por ejemplo, los fotografiamos y documentamos igual que si se tratara del Teatro Romano».

Normalmente, con la entrega de un informe acaba el trabajo, pero solo la parte remunerada. La investigación posterior suele ser un trabajo laborioso y largo que los arqueólogos hacen por su cuenta sin cobrar nada, «esto mejora tu valía profesional, pero es algo que los arqueólogos hacen por amor al arte», señalan.

Un mapa del pasado

Tras excavar, la consigna suele ser conservar todo como estaba, pero eventualmente se encuentran objetos de indudable valor que se estudian y se quedan en custodia del Museu Nacional Arqueològic y que pueden terminar siendo expuestos. Les sucedió en el caso de una lápida de época romana que apareció en la calle Granada y que tenía la peculiaridad de haber sido ‘reciclada’, porque estaba escrita por ambos lados.

Actualmente siguen estudiando los restos de un vertedero de la época romana que encontraron en Prat de la Riba. Han identificado desperdicios de al menos dos talleres del siglo I d.c.; uno se dedicaba a elaborar mosaicos y el otro era un artesano de los cuernos de vaca, un material muy usado que servía por igual para almacenaje que para hacer lámparas.

Relatan que su trabajo está lejos de los arqueólogos buscatesoros de la ficción. «No tiene nada que ver con lo que hacemos, lo nuestro es ciencia, así que todo lo que encontramos es interesante, todo suma y nos ayuda a construir un mapa del pasado».

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