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Este año se capturarán al menos 8.000 palomas en TGN

El nuevo contrato municipal amplía el número de jaulas y cuenta con un servicio de atención a la ciudadanía. También se hará una proyecto piloto para probar el pienso anticonceptivo

NORIÁN MUÑOZ

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En la Tabacalera, una de las zonas más afectadas por el volumen de animales, se hará una batida especial. FOTO: ALBA MARINÉ

En la Tabacalera, una de las zonas más afectadas por el volumen de animales, se hará una batida especial. FOTO: ALBA MARINÉ

Limpiar las calles con agua a presión, especialmente para eliminar excrementos de palomas, cuesta cada año 370.000 euros a la ciudad según los cálculos que hace Neteja Pública del Ayuntamiento de Tarragona. En los últimos meses, además, la percepción ciudadana es que la población de estos animales se ha descontrolado.

La situación, no obstante, debería comenzar a mostrar alguna mejoría teniendo en cuenta que desde hace poco más de una semana se ha puesto en marcha un nuevo contrato para los próximos dos años y que tendrá un coste de 153.276 euros.

En el nuevo contrato se amplía el número de palomas a capturar de 5.000 a 8.000 al año, y se contempla que, si hay un censo muy elevado (25.000 animales) se podrán capturar un 30% más.

En el contrato se contemplan dos formas de captura; mediante la colocación de jaulas y con redes hidráulicas. De estas últimas capturas masivas se deberán hacer al menos 50 al año.

En lo que se refiere a las jaulas, que se colocan en las terrazas de los edificios, el número también aumenta significativamente, desde las 15 del contrato anterior a las 43 que se están instalando ahora.

Los animales capturados son examinados por un veterinario que selecciona las «aves sanitariamente óptimas que no puedan afectar a la salubridad pública» y las que no lo son. Las primeras se liberan y las segundas se sacrifican.

El confinamiento no ayudó

Desde Sedesa, empresa que ya hizo este contrato en el pasado, aseguran que en los próximos meses debería notarse un cambio. Partimos, dicen, de una situación en que, pro una parte, se hicieron menos capturas y, por otra, los meses de confinamiento y la bajada de la movilidad contribuyeron a que los animales se reprodujeran a sus anchas.

Una de las peculiaridades del nuevo contrato es que contempla un servicio directo a la ciudadanía en el que puedan recibir asesoría técnica si tienen problemas con las palomas. Dicho servicio se coordina a través del Ayuntamiento y los técnicos se desplazan a la comunidad de vecinos, empresa o entidad, para ver la situación y explicarles cuál puede ser el método más adecuado (los búhos y otros predadores de plástico son poco eficaces) E, incluso, si la situación lo aconseja, poner una de las jaulas que hay repartidas por la ciudad. El contrato estipula que se deben hacer al menos 50 servicios de este tipo al año.

Además de las capturas deberán retirar nidos en al menos 25 puntos de fácil acceso cada mes y dos veces al año en puntos de difícil acceso. También prevé que se puedan hacer actuaciones en casas abandonadas.

Batida en la Tabacalera

Uno de los puntos donde se ha comenzado a actuar es en la Tabacalera, y sus zonas aledañas, uno de los puntos más conflictivos de la ciudad, incluso después de la retirada del jardín vertical.

Allí se colocarán entre 1.100 y 1.500 pinchos en la fachada para que las palomas no se posen. También se retirarán nidos y han comenzado a colocarse jaulas. Además, se intentará cerrar los lugares por donde se cuelan.

Pienso anticonceptivo

Junto con el contrato de la captura de palomas, el Ayuntamiento sacó a licitación otro lote para poner en marcha una prueba piloto para ver cómo funciona el pienso anticonceptivo. Es la primera vez que el consistorio se abre a probar este método que ya funciona en otros municipios. De hecho ya se había aprobado una moción al respecto en un pleno municipal en 2015.

Recientemente Constantí anunciaba, por ejemplo, que había reducido su población de palomas un 73,5% en cuatro años con este método. Es además, una fórmula bien vista por muchas entidades de protección animal, porque no implica el sacrificio de los ejemplares.

En el caso de Tarragona se trataría de colocar dos comederos con el pienso con anticonceptivo en dos emplazamientos de la ciudad. También se debe medir la población de palomas en dichos lugares antes y después del tratamiento.

La puesta en marcha del piloto, no obstante, no ha podido comenzar todavía porque el Ayuntamiento hizo una propuesta de adjudicación a una empresa, pero otra de las que concursaron en la licitación presentó un recurso que ahora debe se resuelto por el Tribunal Català de Contractes.

Pinchar los huevos no funcionó

No es la primera vez que la ciudad busca otros métodos para reducir la población de palomas. Ya en 2015 se instaló al lado de la Tabacalera un palomar con capacidad para 50 parejas. En este sitio la idea era que un operario hiciera un agujero imperceptible en los huevos. Las palomas los seguirían encubando y así se rompería el ciclo de reproducción.

La experiencia, no obstante, reconocer ahora desde Neteja, no funcionó, probablemente porque está muy cerca del paso de peatones y hay gatos. Ahora se debe decidir qué hacer con la caseta, probablemente tirarla.

Presión ambientalista

El método actual de control de palomas en la ciudad no está exento de polémica. En julio del año pasado la ONG Nova Eucària denunció ante la fiscalía a los ayuntamientos de Tarragona y Reus por «maltrato animal contra las palomas, por su sistema de captura y posterior exterminio, con la agravante de crueldad».

Desde el consistorio, sin embargo, alegan que, la Ley catalana de protección animal ya contempla a las palomas como «animal salvaje urbano» y dice que «corresponde a los ayuntamientos «recoger y controlar» a estos animales. También señala que «se pueden hacer controles específicos de poblaciones de animales considerados perjudiciales o nocivos, siempre que no se trate de ejemplares de especies protegidas».

Algo similar aparece en la ordenanza municipal de protección animal que señala que está prohibido: «Molestar, capturar o comercializar animales salvajes urbanos, salvo los controles de poblaciones».

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