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Este barrio no es el Bronx

Ya sabrán que hablo de Campo Claro. Campclar, para los que nunca pasan por el barrio. Que hay mucho tarraconense que presume de ser tarraconense que no se asoma por allí, no sea que le atraque

Javier Díaz

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Campo Claro es un barrio multicultural. Foto: Lluís Milián

Campo Claro es un barrio multicultural. Foto: Lluís Milián

En mi barrio hay más bares por metro cuadrado que en la Quinta Avenida de Nueva York. No tienen glamour, pero te sirven unas montañas de patatas bravas que ni las pirámides de Egipto. Sales cenado de cualquier local por el precio que te cuesta una copa en el centro de Tarragona. Turistas se ven pocos, quizá a los rusos no les va el tapeo de barra. O será porque no tenemos playa para que luzcan sus cadenas de oro. 

Por no tener, no tenemos ni piscina municipal. La cerraron por no sé qué de unos Juegos Mediterráneos que se iban a celebrar en verano de 2017. Estamos casi en otoño y seguimos de secano, sin Juegos Mediterráneos ni piscina donde echarnos unos largos. Que sí, que quedaron muy bonitas las imágenes en televisión de la llegada de la Vuelta Ciclista a España a la Anella Mediterrània, pero hace más de un año que no catamos el polideportivo (se reabrirá, por fin, el 2 de octubre). En est tiempo no hemos visto más agua que la que se acumula en la calle Riu Siurana (o Ciurana, como pone en las placas) cada vez que caen cuatro gotas. Cualquier día salen los vecinos en canoa. 

Claro, que peor lo tienen los alumnos de la escuela de al lado, la Ponent, que siguen en barracones. Tiene bemoles que las administraciones se estén dejando un pastizal para albergar unos juegos con menos interés mediático que la boda de Falete y los chavales del colegio sigan en contenedores de pladur.

En fin, ya sabrán que hablo de Campo Claro. Campclar, para los que nunca pasan por el barrio. Que hay mucho tarraconense que presume de ser tarraconense que no se asoma por allí, no sea que le atraquen. Como lo oyen, a estas alturas todavía hay gente que se cree que aquello es el Bronx. Vale que los autobuses municipales que van al barrio (el 54 y el 6) parecen tercermundistas en hora punta (desde aquí reivindico el derecho de no viajar como sardinas en lata), pero que nadie piense que el Vaquilla y su banda andan sueltos por Campo Claro.

Edificios de colores

Escuchamos a Camarón de la Isla y a Barricada en vez de a Manel y Els Amics de les Arts y no le hacemos ascos al tetrabrik de vino (si es mezclado con Coca-Cola, mejor), pero no por eso somos unos macarras. Bueno, un poco sí. Aquí huele como que han fumao. Y no les negaré que alguna que otra redada policial hay de vez en cuando. Que está la cosa mu mala y cada uno se gana la vida como puede. Por lo de ser policía, digo. Ya saben que tenemos una comisaría de Mossos d’Esquadra… y también tres colegios (el de los barracones cuenta), un instituto, un centro cívico… 

Y ahora encima nos van a poner un Ikea y van a construir viviendas a tutiplén. El Beverly Hills de Tarragona va a ser. Solo falta que nos pongan unas barquitas tipo de Retiro de Madrid en el lago ese que han hecho en la Anella Mediterrània. Seguro que entonces sí que se acercarán los tarraconenses de la Rambla Nova. 

En Campo Claro, payos y gitanos conviven en edificios de colores: azules, verdes, rosas, marrones… Es un barrio multicultural e interracial. De obreros que salen adelante. Somos más de chándal que de traje y corbata, quizá por eso somos (o parecemos) más honrados. Es raro el que no tiene un mote: el Camala, el Paisa… Y tenemos nuestra propia jerga. Carrilano es el peor insulto que te pueden proferir. Ale carri, ve a buscar la pelota. 

Bueno, eso se decía cuando las pistas de fútbol sala y baloncesto de al lado de la carretera N-340 estaban en condiciones y teníamos hasta un skatepark para fardar con el monopatín. Aquello está ahora más abandonado que el proyecto del párking Jaume I de la Part Alta. Como el carril bici, que como te descuides te estampas contra un árbol malamente puesto en medio. 

De llevar algún acto de las fiestas patronales de la ciudad (Santa Tecla y Sant Magí) al barrio, ya ni hablamos. Con suerte vemos a los políticos locales cuando asoman las elecciones municipales. Había tantos el día del estreno de la Rambla de Ponent que casi no cabían en la foto. Ya si eso en 2019 les cuento.

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