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Estruendo en la última jornada

El último día de los fuegos artificiales destacó por su delicada armonía pero sobre todo por el gran ruido generado 

Esther Garrido

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Público contemplando fuegos acuáticos.  Foto: Lluís Milián

Público contemplando fuegos acuáticos. Foto: Lluís Milián

En una noche de luz difuminada por la luna creciente, tuvo lugar la última jornada del concurso de fuegos, a cargo de la pirotecnia Accitana Maria Angustias S.L. de Guadix, Granada, con un total de masa pirotécnica lanzada de 668 kilogramos.

Fue una noche de bolas, palmeras y colores que iluminaban el firmamento, pero sobretodo de estruendos. Sin duda, el último día fue el de más ruido, provocando el asombro y ovación de los presentes.

La empresa familiar encargada, fundada el 1889 y en su segunda participación en Tarragona, no decepcionó a nadie de los afincados en el Balcó del Mediterrani, un emplazamiento tan lleno de gente que al terminar los fuegos apenas se podía abandonar el lugar para regresar al hogar.

Espigas de fuegos artificiales. Foto: Ll. milián

Pilar R., como parte del público, declaró que había visto los fuegos «todos los días» este año, pero los que más le habían gustado fueron «los segundos», es decir, los de los murcianos, los que calificó de «preciosos e impresionantes».

María M., por el contrario, se hallaba indecisa. También había tenido el privilegio de poder contemplar todos los fuegos del concurso, pero «no sé con cuál quedarme» declaró.

Los fuegos de ayer destacaron, sin duda, por su belleza y estruendosidad, pero también por su fina armonía, que aunque los hacía en ocasiones monótona, seguían un cierto ritmo bien establecido, que les otorgaba un lugar destacado en el corazón de todos los presentes.

Los niños chillaban aunque sus padres trataran de callarles, la oscuridad se hacía luz con las luces de los móviles que registraban todo lo sucedido y los trenes iban pasando, perdiéndose sus pasajeros tan espléndido espectáculo. 

Inclusive, algún niñoimpaciente golpeaba a sus padres con fiereza antes de que empezara el concurso, y es que el último día en el Balcó, había que ir temprano si se querían ver bien. 

Palmeras en el último día de fuegos artificiales. Foto: Lluís Milián

Especialmente los acuáticos, fuegos que también destacaron por su magnificencia, los cuales se podrían describir en las palabras elegancia, color bronce, azulado y blanco. Por los aires destaban los rojos y los verdes, así como algunas de las palmeras y bolas de colores, cada una más enorme que la anterior. 

La fiesta acabó, ya no hay más cuentos de hadas en el cielo nocturno hasta el año que viene, pero los aparatos electrónicos de tarraconenses y foráneos estarán llenos de recuerdos, así como sus mentes, durante mucho tiempo. 

Ahora sólo falta esperar al ganador, después de tanta maravilla de luces y colores. El público hace sus apuestas y no se queda indiferente, pero de algo en lo que sí se ha puesto de acuerdo el público de Tarragona es que este año los fuegos artificiales han sido «preciosos» y algunos comentaban que «valía la pena», acercarse hasta el Balcó, hasta el Passeig de Sant Antoni, hasta la Baixada de Toro, hasta la Punta de la Platja del Miracle.

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