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'Estuve seis meses fuera de mi piso. Fue una pesadilla'

El Diari reunió el pasado miércoles por la tarde a tres de los vecinos que, hace justo una década, sufrieron el episodio vivido en la calle Comte: Gabriel Coy, Pep Escoda y Ramon Ollé
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El Diari reunió el pasado miércoles por la tarde a tres de los vecinos que, hace justo una década, sufrieron el episodio vivido en la calle Comte: Gabriel Coy, Pep Escoda y Ramon Ollé. Diez años después, los tres aún viven en la vía situada en la Part Alta.

«Cuando pienso en todo aquello me viene una sensación de miedo e incertidumbre. No sabíamos lo que pasaba ni cuánto tiempo estaríamos fuera de casa. Realmente fue muy duro, una auténtica pesadilla», relata Coy, quien estuvo tres meses y medio viviendo en un hotel.

«Todo aquello nos afectó mucho a nivel familiar. Yo estuve dos meses de baja y mi hijo, que ahora va por la segunda carrera, repitió curso», afirma el residente en el Casc Antic, quien pese a la situación vivida extrae el lado positivo. «Antes, con el resto de vecinos casi no nos conocíamos, pero todo aquello nos unió y ahora somos amigos», indica.

‘Fui el que volvió más tarde’

Por su parte, el fotógrafo Pep Escoda fue el afectado que tardó más en poder volver a su residencia. El artista estuvo seis meses fuera de su vivienda, con el agravante de que en los bajos también tenía su estudio de trabajo.

«Realmente lo pasé muy mal. Perdí mucho material fotográfico y, lo peor, era la incertidumbre de no saber cuándo podría volver. No se lo deseo a nadie», explica Escoda.

«Me dejaron un almacén en la calle Jaume I y me apañé como pude. Convertí la habitación del hotel en un pequeño estudio, pero lo cierto es que lo peor fue el trato inhumano que nos dio inicialmente el Ayuntamiento. Hasta me llegaron a amenazar por teléfono», lamenta Escoda, quien destaca que «Joan Aregio fue un pilar fundamental para que pudiéramos llegar a un acuerdo». Se da la circunstancia de que al día siguiente a los desalojos, el fotógrafo debía irse por trabajo a los Estados Unidos. «Suerte que no me fui», recuerda.

‘No sabía si me desalojarían’

Ramon Ollé vive en el número 12 de la calle Comte y, por lo tanto, no tuvo que ser desalojado. «Las reubicaciones fueron hasta el número 10, pero a lo largo de los días yo no sabía si también me tocaría», explica el residente, quien indica que «fue muy duro ver a vecinos llorar por desesperación». Ollé considera que la polémica vivida en Barcelona por el caso Carmel «nos ayudó, ya que hicimos piña y evitó que la gente se olvidara de nosotros. Éramos pocos y, políticamente, no éramos relevantes», afirma.

Hay una vía judicial abierta

La otra cara de la moneda es el exvecino Bernardo Mato, quien desde 2010 vive en Santander. Mato fue desalojado de su vivienda en 2005 y, posteriormente, se trasladó a un inmueble cedido por parte del Servei Municipal de l’Habitatge.

Este exresidente llegó a un acuerdo con la compañía aseguradora, que le pagó unos 45.000 euros, pero mantiene abierta la vía judicial, en este caso contra el Col·legi d’Advocats, ya que afirma que esta entidad no contestó la petición que le realizó el Síndic de Greuges y provocó la prescripción del caso.

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