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Tarragona CRÓNICA

FOTOGALERÍA: La Víbria recoge los chupetes de los más pequeños por Santa Tecla

Dejar el chupete en la lengua bífida de esta bestia de fuego del Seguici de Santa Tecla se ha convertido en una de las citas imprescindibles para los más pequeños. Es un paso en la vida de los bebés, en desprenderse de uno de los elementos más queridos

Carla Pomerol

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FOTO: Pere Ferré

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Nervios. Muchos nervios en la Plaça de les Cols. Y lloros. Sobretodo lloros. Y es que ayer, los tarraconenses más pequeños tomaron la primera decisión de su vida: deshacerse de su mejor amigo, el chupete. No fue fácil para algunos, pero la bestia de fuego más querida por los niños les ayudó a superar el momento. 

Y allí estaba ella, con la fachada de la Catedral detrás. Solemne y majestuosa, la Víbria de Tarragona bajaba las diecinueve escaleras al ritmo de los tambores. Ester es la madre de Pep, de dos años y medio. Lleva desde principios de verano avisando a su hijo de que en septiembre llegaría el momento de librarse del chupete. «Decía que sí, pero estos últimos días ya no lo ve tan claro», explicaba Ester, quien añadía que «ahora está contento, pero ya veremos como pasa la noche». Su hermano, mayor que él, le animaba: «No te preocupes, lo superarás. A partir de hoy ya formarás parte del grupo de los mayores».

Una de las citas imprescindibles de las fiestas para los más pequeños es el Dóna el xumet a la Víbria. La iniciativa tiene su origen en una visita que la Colla de Diables Voramar del Serrallo-Víbria de Tarragona realizó hace 16 años a Molins de Rei durante sus fiestas mayores. A la entidad le gustó la idea y decidió exportarla a su ciudad. Ahora, es uno de los actos más destacados del programa festivo. 

Cerca de 300 niños depositaron el chupete en las varillas que salen de la lengua bífida de este elemento del Seguici. Juan, de tres años, dejó hasta diez. Su madre los llevaba dentro de la mochila y, uno a uno, el pequeño los iba colgando. «La única manera de cerrar el ciclo es entregándolos todos. Sino, se los encontrará por casa y no habremos conseguido nada», decía Lucia, la madre de Juan. 

Quien no tuvo tanta suerte fue Gustavo, padre de Elsa. La pequeña de dos años y medio aprovechó un despiste de sus padres para, con mucho disimulo, volver a coger su chupete. Ni se enteraron. Pero Lucas, su primo de Granada, le gana en insistencia. «Venimos siempre por fiestas a visitar a la familia y esta es la tercera vez que intentamos darle el chupete de mi hijo a la Víbria. Pero no hay manera», explicaba la madre de Lucas, quien intentaba convencerle sin éxito. 

Un diploma que acredita

A cambio de su bien más preciado, los niños se llevaron una golosina y un diploma que acreditaba el reto. «Seguramente os molesta mucho el chupete cuando queréis decir alguna palabra que acabáis de aprender. Los padres tienen razón», dice el documento. 

Ricard Virgili, miembro de la entidad, aseguraba que «es un acto que nos encanta. Creemos que es en este preciso momento cuando surge la historia de amor más real entre los tarraconenses más pequeños y la Víbria». Esta bestia, mezcla de mujer, águila y dragón será la encargada de guardar los chupetes a partir de ahora.

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