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Faltan ingenieros

Si el tejido empresarial no quiere perder fuelle y mantener su competitividad deberán incorporarse al mercado de trabajo 29.000 nuevos profesionales en los próximos diez años
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El proyecto STEM busca despertar vocaciones técnicas entre los más jóvenes.  Foto: lluís milián

El proyecto STEM busca despertar vocaciones técnicas entre los más jóvenes. Foto: lluís milián

Estudiar una ingeniería es una promesa de trabajo. Más de la mitad de las ofertas de empleo que anuncian las grandes empresas de recursos humanos corresponden a este rama de actividad. Apenas hay paro en el colectivo y la demanda de profesionales está asegurada en los próximos años. Pero, ¿cuántos ingenieros hacen falta?

Por primera vez, los colegios profesionales de Catalunya han hecho un estudio en el que se hace un análisis de la situación del colectivo y una diagnosis de cara a las necesidades futuras. Lo recogen en L’Observatori  de l’Enginyeria, el cual determina que, para mantener el tejido empresarial y mejorar su posición de competitividad, en diez años deberán incorporarse al mercado laboral un total de 29.000 ingenieros en Catalunya. 

La cifra se ha obtenido a partir de dos factores. En primer lugar, por el aumento en un 5% de las empresas con un ingeniero en plantilla. Mientras que, en segundo lugar, se explica a partir de la demanda de nuevos profesionales por parte de empresas que ya han dicho que tienen previsto incrementar su equipo técnico.

El estudio no hace una división territorial. Pese a ello, Catalunya es un país industrial, por lo que prácticamente la mitad de los nuevos profesionales se incorporarán a este sector. Y, después de Barcelona y el Vallès, Tarragona es la segunda área con un sector más potente. «Tendrá sentido mientras seamos capaces de mantener una industria petroquímica fuerte», argumenta el miembro de la junta del Col·legi d’Enginyers Industrials de Catalunya a Tarragona, Lluís Maestre. 

Las universidades son un testimonio directo de esta incorporación inmediata de los recién licenciados al mercado de trabajo. «No se ajusta la demanda de profesionales con la oferta disponible. Y, desde un punto de vista de la universidad es bueno, pero desde el punto de vista social, significa que no hay  las vocaciones que debería haber de acuerdo con la evolución tecnológica», describe el director de la Escola Tècnica Superior d’Enginyeria (ETSE) de la Universitat Rovira i Virgili (URV), Domènec Puig.

Si hay un campo en el que la demanda es especialmente significativa es el de la ingeniería química. El centro trabaja directamente con las principales compañías del sector para mejorar las competencias de los graduados. De ahí han surgido iniciativas como el Work Experience así como también el Máster en Ingeniería Química. La facultad es «el primer paso en materia de recursos humanos», según reconoce el director de la Escola Tècnica Superior d’Enginyeria Química (ETSEQ), Josep Bonet. Y, como tal, puede afirmar que «las empresas necesitan más gente de la que hay disponible en el mercado».

Una de los grandes retos está en que las pymes apuesten por reformar su perfil técnico

La situación preocupa a la universidad. «Se habla continuamente de los puestos de empleo que dentro de unos años no existirán porque los asumirán las máquinas, pero en esta cuarta o quinta revolución tecnológica aparecerán nuevas profesiones y las nuevas necesidades inevitablemente pasan por la tecnología», describe Domènec Puig. Y si no hay estos graduados, el país perderá competitividad respecto a otras regiones. 

Los más de 107.500 profesionales en activo representan una media de 15,6 ingenieros por cada mil habitantes en Catalunya, un promedio superior al de Francia (14,4), pero inferior al de Alemania (20,4). Y para seguir estando en estos niveles, la universidad cree que es clave que los estudiantes de secundaria tengan «una visión más amable» de la ingeniería. «Se percibe como un camino difícil y que, a pesar de que tiene unos salarios por encima de la media, también en este sentido ha dejado de ser tan atractivo», dice Bonet. La retribución media de este colectivo en Catalunya es de 39.900 euros al año, según el Observatori. 

¿Por qué faltan ingenieros?

Más allá de dar respuesta a las necesidades de trabajo del futuro, los colegios profesionales defienden que uno de los grandes retos está en las pyme apuesten por reforzar el perfil técnico de su plantilla, de forma que «puedan ganar músculo» de cara a la internacionalización de sus servicios. Y es que el 21% de las empresas con ingenieros tienen establecimiento en el extranjero, según apunta el estudio. 

El debate está en si debe haber tantas titulaciones o conocimientos más generalistas

«Para que subsista la pyme deberá adquirir una cierta dimensión, y esto pasa por ganar unos conocimientos informáticos y técnicos, que tan solo te los da la universidad», afirma Lluís Maestre. No obstante, el trabajo también lanza un mensaje muy claro hacia los centros de formación. Y lo hace a través de directivos de algunas de las principales empresas nacionales e internacionales en este ámbito, que describen sus necesidades. Hay una idea que podría decirse que es conjunta: las empresas se pierden en medio de tantas titulaciones y el ingeniero debe ser un especialista, con unos conocimientos básicos generalistas, que deben saber adaptarse de forma rápida a las situaciones cambiantes. 

Más especialización

El director de la ETSE defiende que, más allá de la base transversal en todas las titulaciones, «la evolución tecnológica nos lleva a la microespecialización». «El mercado es vivo y se crean nuevas demandas, por lo que, dentro de nuestras limitaciones, hemos intentado actualizar, en la medida que hemos podido, toda la oferta de titulaciones», apunta Domènec Puig. Se ha hecho de forma conjunta con el tejido productivo del territorio y esto ha llevado a la introducción de nuevas titulaciones como el doble grado de Ingeniería Informática y Biotecnología o el grado de Ingeniería Biomédica, este último a partir del próximo curso.

Por su parte, Bonet defiende que «a nivel de grado la excesiva especialización no es buena ya que corremos el riesgo de crear titulaciones atractivas sin una oferta de trabajo detrás». Por lo que aboga por «mirar hacia Europa, y ver lo que se está haciendo». Y añade: «Como universidad pública no tan solo tenemos la función de formar a los titulados de hoy sino también a los del mañana, por lo que debes pensar en la proyección a largo plazo y con competencias transversales como el liderazgo». 

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