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Fermí Carré propone recorrer Tarragona en acuarela

Exposición. El pintor descubre los rincones más emblemáticos de la ciudad en una muestra en Altafulla, donde tiene su segunda residencia

Gloria Aznar

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El Anfiteatro romano.

El Anfiteatro romano.

«Si quieren dar una vuelta por Tarragona, vengan a Altafulla». De este modo invita el artista Fermí Carré a visitar sus obras, expuestas en el Fòrum de Altafulla, en la plaça de l’Església, durante toda esta semana, hasta el próximo lunes día 12.

Y es que la muestra Un tomb per Tarragona es realmente un paseo por los espacios más singulares de la ciudad, pero también por los más recónditos, un recorrido por sus callejones y calles, por sus plazas y sus monumentos, inmortalizados en sus acuarelas.

Fermí Carré en su estudio

«Tarragona la he pintado por los cuatro costados», explica Fermí. Sin embargo, todavía le quedaban espacios que no había plasmado hasta el momento. A saber, «la plaça dels Carros, que era mi entorno cuando era pequeño porque yo vivía en la calle Rebolledo. También la iglesia de Sant Joan, que era mi parroquia», recuerda. «Y la nueva del Mercat», añade, la plaça Corsini. «Pintarla era obligado porque ha cambiado totalmente su imagen, del antes al ahora y la acuarela refleja esta modernidad».

La delicadeza de los matices, el cuidado de los detalles... Estas últimas creaciones se pueden saborear en el Fòrum de Altafulla. Una treintena de obras, de las que veinte son nuevas de este año. «También la pasarela, que tiene dos días, desde donde se puede ver el Balcó del Mediterrani o la Baixada de Toro».

A pesar de ello, el acuarelista asegura que todavía le quedan muchísimos lugares que perfilar. «Tarragona la siento mía y es lógico que la pinte. Y por más que lo haga, siempre hay rincones nuevos, no nuevos en el sentido de que no estaban antes, de que sea un barrio nuevo, sino nuevos para mis acuarelas, que poco a poco iré haciendo», manifiesta.

Recovecos mágicos
Fermí Carré llegó a la ciudad desde Vinaixa (Lleida) cuando contaba 10 años de edad. Como cuenta, «hasta los 18 años, que es cuando uno se forma, que pasa de adolescente a adulto, estuve en Tarragona por lo que tengo un alma tarraconense. Además, estoy casado con una mujer que es de la Part Alta», revela. Casualidad o no, Fermí se decanta por sus edificios, que guardan historias, por sus recodos, sus olores y su pulso diario. «Soy un enamorado de la Part Alta», reconoce.

«Mi mujer nació en un lugar que es emblemático, la calle Talavera, donde estaba Ca la Garsa. Con las arcadas cuando entras desde la plaça dels Àngels, de lo que antiguamente era la judería... Ca la Garsa se tendría que haber mantenido. Podría haber albergado un museo sobre la Tarragona medieval, porque siempre se habla de Roma, pero también tiene su parte medieval. La plaça del Pallol, la calle Cavallers...». 

Una predilección que le ha llevado a hacer más de diez versiones de la calle Talavera. «Es un lugar bonito pictóricamente, todo el mundo lo ha pintado y lo ha fotografiado», asevera. 

Pero no únicamente la Part Alta. También el puerto y el Serrallo, la Rambla Nova y las colles castelleres, las fiestas de Sant Magí y Santa Tecla, con su Seguici, los majestuosos gegants o la Víbria en plena actuación.

Apasionado de la acuarela, se declara dibujante de mesa y taburete. «No soy pintor de calle. Para eso debería ser una pintura más rápida. Yo hago una cosa más detallada para lo que necesito mucha información. Trabajo tranquilamente en casa, sin horarios», comenta. A pesar de todo, es nocturno, «cuando te sientes, no más inspirado, sino más libre para interpretar». 

Actualmente jubilado, Fermí Carré es dibujante profesional, de «publicidad y diseño gráfico» y durante su trayectoria ha trabajado todas las técnicas, «para cubiertas de libros, de tebeos, novelas. El acrílico, cuadros al óleo e incluso impresionismo, si me lo piden. Pero cuando establecí en Altafulla mi segunda residencia, con más tiempo y más espacio, decidí hacer acuarela».

¿Por qué motivo? «Simplemente porque la encuentro más alegre y me lo paso muy bien. Para mí es muy divertido, incluso más que el óleo y precisamente porque todo el mundo se dedica a este último y a otras técnicas y la acuarela la tienen un poco abandonada, como un arte de segunda categoría o tercera».
En este sentido, Carré reivindica su estilo con el que se siente cómodo.

«Si yo me lo paso muy bien haciéndola, me gusta que la gente también disfrute observándola e interpretando. Con sus colores y su luminosidad. Esta misma que por suerte tenemos en el Mediterráneo», señala.

La muestra en el Fòrum de Altafulla no es una casualidad ya que se trata de un espacio que ha acogido sus creaciones los últimos veinte años. «Es mi lugar predilecto, donde cada año expongo. En los últimos tiempos lo hice de la desembocadura del Gaià, de Tamarit... Era el momento de volver a Tarragona».


Entre las páginas de un libro

Muchas de las obras de Fermí Carré están recogidas en el volumen ‘Tots els carrers de la Part Alta de Tarragona’ (Arola Editors, 2012), que fue el resultado de una exposición que tuvo lugar en el Port, con 108 cuadros.

Precisamente otro libro es uno de los proyectos que este artista lleva entre manos. Todavía en el cajón, el autor vuelve a los secretos de las calles tarraconenses para recorrerlas, entre la historia y la pintura.

Pero mientras los planes se materializan o se transforman, Fermí aprovecha la quietud del verano para descansar y dedicarse a las muchas otras aficiones que le permite el preciado tiempo libre. Hasta el año próximo, cuando vuelva a coger el pincel.

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