Fidel Solé i Torné: «El mar es abstracción pura. Siempre cambiante»

Sus pinturas visten, a modo de museo, las paredes del Barquet Tarragona. Como jefe de sala del restaurante, activa su psicología para mediar entre la cocina de su hermano David y los comensales

GLORIA AZNAR

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Fidel Solé, en el Barquet, con algunas de sus obras al fondo. FOTO: Pere Ferré

Fidel Solé, en el Barquet, con algunas de sus obras al fondo. FOTO: Pere Ferré

Fidel Solé i Torné es artista por partida doble. Por un lado, ha crecido entre pinceles y lápices. Algunas de sus obras visten las paredes del Barquet Tarragona, mientras él busca la armonía entre la cocina y los comensales, como jefe de sala de este local que regenta junto a su hermano, el chef David Solé. Como profesional del arte, Fidel lo ha tocado prácticamente todo, aunque por infraestructura y pasión se ha quedado con la pintura, creaciones que ha expuesto en numerosas galerías y que tiene repartidas por todo el mundo. Mientras, la historia del Barquet se remonta a tres generaciones atrás, cuando los abuelos paternos se hicieron cargo del local durante la posguerra. Desde entonces ha sido carbonería y bar, donde la abuela Angeleta servía cafés y copas, además de envasar sifones, gaseosas y naranjadas. Con el paso de los años y los cambios sociales, Barquet también se ha ido adaptando y ha albergado desde el Club Billar Tarragona hasta el Bingo del Club Gimnàstic.

¿Qué otras actividades ha acogido el local?

Durante los años que lo tuvieron mis padres, además de celebrarse los campeonatos internacionales de billar, también fue un casino en el que se jugaba a las cartas, sede de ping pong, sala de baile, pub, la Penya barcelonista de Tarragona...

¿Y ahora?

Almacén. Y disponemos de un reservado para una veintena de personas que abrimos puntualmente en función de la necesidad.

¿Cuánta psicología debe tener un jefe de sala?

Creo que aunque vayas a la Universidad no te la pueden enseñar. Es una cosa que te la da el tiempo porque nuestro trabajo evoluciona día a día. Lo vas aprendiendo a base de experiencia y años. Nosotros aquí no hemos tenido ningún problema con nadie desde hace mucho tiempo. Y si surge alguna cuestión de interpretación, se resuelve. Siempre hay que tener una actitud positiva ante el cliente, intentar solucionar lo que sugiere.

¿El cliente siempre tiene la razón?

No. Si estás convencido del producto que estás ofreciendo, tienes que defenderlo. Y si al cliente no le parece bien, entonces es que se ha equivocado de restaurante. Otra cosa es que el vino salga defectuoso, con TCA.

¿TCA?

Es una bacteria que provoca notas de corcho en el vino. También puede pasar que una almeja salga con tierra y que el arroz, consecuentemente, también tenga. Pero esto no es un problema. Se vuelve a preparar.

¿Aún se marida de manera tradicional?

No. Existen blancos con cuerpos que aguantan perfectamente cualquier alimento. Y negros que son jóvenes o que tienen una cierta floralidad, que se pueden tomar perfectamente con un arroz.

¿Y qué ocurre con el queso?

La inmensa mayoría de quesos, por su estructura, pueden anular el sabor de algunos vinos. Por eso la mejor combinación es con blancos y afrutados. Y vinos de postres. Incluso generosos.

¿Generosos?

Finos o amontillados.

Vista de una parte del restaurante Barquet, que en sus inicios era una vivienda de la antigua Roma. FOTO: Pere Ferré

¿Qué tiene en la bodega?

Tenemos una carta con 300 referencias, mayoritariamente DO Tarragona. Sobre todo Priorats, Montsants, Terra Alta, Conca de Barberà y Baix Penedès. Incluso Costers del Segre y otros.

Usted, ¿qué prefiere?

En estos momentos me están gustando mucho las garnachas blancas. Se están elaborando cosas fantásticas.

¿Todavía pinta?

Sí, siempre. Cuatro horas cada día, como mínimo y ahora he bajado un poco el ritmo. Pero había expuesto en Alemania, Barcelona o Bélgica. Y tengo repartida obra por todo el mundo.

¿Cómo compagina el arte con el restaurante?

Ahora me lo puedo complementar mejor que antes, cuando también teníamos servicio de cenas. Entonces trabajaba en el estudio desde que terminábamos hasta las cuatro o las cinco de la madrugada.

¿Siempre pintura?

Cuando estudié hice de todo. Escultura, grabado, orfebrería... Pero como trabajo en casa, por infraestructura me decanté por la pintura.

¿Cuál es la técnica que utiliza?

Lo que más utilizo es la acuarela y también acrílico. El óleo muy poco, ya que al tener el estudio en casa, no quería que la familia respirara mientras dormían los olores de barnices y pinturas. Eso también influyó.

Tiene en la sala algunas obras relacionadas con el mar...

Me he criado en el Serrallo, por lo que disfruto con los colores, la atmósfera, la luz...

¿Qué le atrae del mar?

Todo. De hecho, si me voy dos o tres días a la montaña o a otra ciudad y no lo veo, lo encuentro a faltar. Es todo. Levantarte por la mañana, ver el mar y pensar que tendremos un buen día. A primera hora es de un color, por la tarde de otro... Si sopla el mistral o el levante tiene una luz u otra. Todo es cambiante. El mar es abstracción pura.

¿En qué está ahora?

Estoy inmerso en una serie nueva porque no me gusta estancarme. Para hacer algo mecánico ya tengo el trabajo. El arte es más experimental.

¿De qué trata?

Habitualmente trabajo por temáticas y a veces he hecho series dentro de una misma temática. Actualmente es un discurso social sobre los cambios desde que era niño hasta ahora. Es brutal.

¿Es una crítica?

No. Es una visión, por ejemplo, referente al cambio climático. Recuerdo cuando iba con el abuelo a la playa y nos encontrábamos en la arena navajas, tallarinas, berberechos, conchas. Había una fauna increíble y allí mismo se podía hacer el vermut. Ahora, de todo esto no hay nada... Cada vez se ven menos especies. En las rocas no hay ni mejillones.

¿Cómo lo plasma?

De igual manera que en un mosaico del románico, incompleto por el paso del tiempo, pinto el mar o una ciudad, pero a trozos. Y también lo relaciono con mis series de oxidación.

Oxidación ¿de qué?

De coches, por ejemplo. Cuando el cementerio de coches o chatarrería estaba en la actual Les Gavarres, alguna vez tuve la suerte de pasearme por allí dentro. Y también de barcos oxidados.

Como consumidor cultural, ¿qué prefiere?

Prácticamente todo. Exposiciones, videoarte, teatro, música...

Y como comensal ¿le gusta la cocina de su hermano?

Muchísimo.

Si tuviera que sintetizar en una palabra el tiempo desde que empezó, ¿qué diría?

Evolución.

¿Para mejor o peor?

Para mejor y esperemos que continúe así. El artista japonés Katsushika Hokusai decía que hasta los 58 años más o menos, todo lo que había pintado hasta entonces no tenía ninguna importancia. Cuando llegara a los 70 podría empezar a aprender. A los 80 sería un maestro y hacia los 130 años podría dibujar un punto y al observarlo, verlo en movimiento.

Entonces usted está en la fase previa al aprendizaje.

Exactamente.

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