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Fondos de inversión extranjeros irrumpen en la vivienda de Tarragona

Empresas con capital internacional se quedan los activos tóxicos de los bancos y también construyen sus propias promociones. Controlan 2.500 pisos en la provincia

Raúl Cosano

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Inmoglaciar, propiedad del fondo Cerberus, comercializa la promoción Residencial Parc Francolí, en Tarragona. Foto: DT

Inmoglaciar, propiedad del fondo Cerberus, comercializa la promoción Residencial Parc Francolí, en Tarragona. Foto: DT

Son fondos internacionales, llamados buitre o de inversión, según quién ponga el adjetivo. Son, en esencia, nuevas empresas con fondos foráneos en su accionariado o capital extranjero financiándoles que se apoyan en profesionales locales que conocen el sector.

Llegaron al área de Barcelona después del estallido de la burbuja y ahora, en su expansión, también tienen presencia en la provincia: bien sea gestionando los activos tóxicos comprados a la banca o bien impulsando incluso promociones que, de alguna manera, reactivan el mercado. 

Fondos como Lone Star, Cerberus o Blackstone, entre otros, están detrás de un buen número de inmuebles a la venta en Tarragona. Controlan, aproximadamente, más de 2.500 propiedades en la provincia. Aterrizaron aquí en plena crisis, entre 2013 y 2014. Con el grifo cerrado, compraron suelo a precio de ganga, para impulsar en el futuro sus negocios. 

Un ejemplo de ello es Inmoglaciar, una promotora que desde finales de 2017 es propiedad del fondo Cerberus. La firma está levantando la promoción Residencial Parc Francolí, con una inversión total de 17,5 millones y entrega prevista en 2020. Constará de 87 viviendas en un punto donde la ciudad sigue creciendo. 

Las voces críticas alertan del peligro de los fondos buitre. Otras defienden que crean empleo

Pero Cerberus tiene también más presencia y huella en Tarragona, ya que a finales del año pasado, el BBVA comunicó el cierre de una operación por la que traspasaba su negocio inmobiliario en España a ese fondo de inversión. El acuerdo ha supuesto la venta de un 80% del capital de Divarian, la sociedad a la que la entidad financiera aportó su negocio del ladrillo. El banco se quedó con el 20% restante de esta firma inmobiliaria que sólo en la provincia dispone de al menos 140 inmuebles a la venta. 

También Cerberus ha culminado la operación de compra de la práctica totalidad de la exposición al ladrillo de Banc Sabadell. La comercializadora Solvia, que continuará prestando los servicios, ha colocado en el mercado en Tarragona 548 inmuebles de todo tipo, entre chalets, edificios, solares y suelo. Este fondo también controla, a su vez, la inmobiliaria Haya Real Estate, que en Tarragona ofrece casi 900 propiedades. 

Hay otro nombre clave que es protagonista del mercado, el de Neinor Homes, una compañía que inició su actividad en 2015 y que cuenta con promociones en Tarragona y Salou. En la capital de la provincia se comercializan 107 viviendas en la zona de Joan XXIII, también próxima al Parc Francolí, un enclave de gran atractivo para los nuevos promotores. En el municipio salouense, la promoción en marcha dispone de 97 pisos en un conjunto residencial en la Avinguda Salvador Vilaseca y el Passeig 30 d’octubre. 

Neinor Homes tiene como principal accionista el fondo israelí Adar Capital, aunque en origen pertenecía a Lone Star, otro nombre clave en este escenario. Este fondo norteamericano recibió en junio de 2018 la mayor parte del negocio inmobiliario de CaixaBank, compuesto por la comercializadora Servihabitat. ¿Cuánto supone eso en Tarragona? Alrededor de 370 viviendas que están disponibles en el portal y que, por tanto, pertenecen a compañías de capital foráneo. 

Otra de las empresas que están tirando de la construcción en Tarragona es Aedas Homes, una promotora con 48 viviendas proyectadas en Cambrils, en segunda línea de mar. Se trata de la promoción Forneri, ubicada en la zona Horta de Santa María, frente al Parc del Pescador. 
Esta firma, con gran actividad y negocio creciente en Catalunya, salió a bolsa el año pasado, ya que la cotización es otra de las señas de estos nuevos inversores del ladrillo en territorio tarraconense. El principal accionista es el fondo estadounidense Castlelake. Aedas Homes ha sacado a la venta en Catalunya más de 600 viviendas, con el 60% ya vendidas. 

Por último, hay que nombrar a Blackstone, otro de los grandes actores del sector, todo un gigante del mercado de la vivienda en España. La firma se ha hecho con la mitad de la cartera inmobiliaria del Banco Popular, absorbido por el grupo Santander. Incluía la totalidad del capital de Aliseda, portal del Popular, que en la provincia oferta alrededor de 200 inmuebles, más propiedades que se añaden a ese listado de casas que están en manos foráneas. 

Este tipo de fondos acarrean a veces mala prensa por su eventual carácter especulativo en las grandes capitales, aunque hay otras voces que aplauden que den empleo y muevan la economía, justo  en momentos complicados de recesión. Ellas incluso reivindican que apostaron antes que nadie por la recuperación y lo hicieron, además, asumiendo riesgos. 

Diego Reyes, presidente de la asociación de promotores en el Tarragonès, se posiciona: «Todo el mundo compra para luego obtener el máximo beneficio. Es la ley del mercado, pero hay mucho victimismo en la sociedad con la vivienda. Hay gestores importantes que se financian también con fondos de inversión y están tomando una parte activa en el mercado inmobiliario». Reyes cree que tienen «un planteamiento más financiero que promotor». 

Son, en síntesis, marcas que consideraron atractiva España y los precios bajos que se ofrecían tras explosionar la burbuja.
Manel Sosa, secretario de la Cambra de la Propietat Urbana de Tarragona, explica parte de la filosofía que mueve a estos entramados: «Son grandes inversores internacionales. Compran edificios alquilados y para alquilar. Hay rentabilidades muy estables del 8%. Es decir: tú tienes un millón de euros en el banco y no te genera nada. En cambio, si inviertes eso en un bloque de tres pisos, por ejemplo, cada uno de ellos te puede dar un alquiler. Eso ofrece una rentabilidad». 

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