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Franceses afincados en Tarragona: 'La victoria de Le Pen sería ir hacia la oscuridad'

Los franceses que viven en Tarragona analizan la primera vuelta de los comicios que se celebra hoy. No ven un favorito claro, festejan el adiós al bipartidismo y coindicen en temer a Le Pen

Raúl Cosano

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Clarisse y Romain, dos jóvenes franceses afincados en Tarragona desde hace años. Foto: Lluís Milián

Clarisse y Romain, dos jóvenes franceses afincados en Tarragona desde hace años. Foto: Lluís Milián

La profesora Clarisse, 33 años, seis de ellos en Tarragona, arranca con un paralelismo: «Con Le Pen y Fillon no entiendes cómo puede haber gente que vaya a votarlos. Pasa algo similar a lo que ocurre en España con el PP. Están envueltos en casos de corrupción y, sin embargo, hay gente que le sigue votando. Es desolador».

Las similitudes con España en el envite electoral en Francia están claras: a Fillon se le compara con Mariano Rajoy y el PP; Macron es Albert Rivera y Ciudadanos; y Mélenchon es afín a Podemos. Marine Le Pen, la bandera de la ultraderecha, no tiene una traslación aquí pero es el enemigo a batir, según franceses residentes en Tarragona que ven cómo su país se la juega hoy en las urnas. «Hay igualdad, incertidumbre y no sé qué va a pasar. La volatibilidad del voto es muy alta», cuenta Nicolas Andre Louis Rozès, profesor en la URV, 18 años en Tarragona.

Él irá a votar hoy al Col·legi Francès de Reus, pero aún no tiene decidido a quién: «Soy más de izquierdas que de derechas, pero quizás vote en blanco en la primera vuelta. Fillon es conservador católico, Macron es el protegido de los lobbys, Mélenchon es más drástico y populista, aunque tiene cosas interesantes». En cualquir caso su voto tendrá una utilidad clara: «Si Le Pen llega a la segunda vuelta, votaré por el otro, sea quien sea. No me preocupa tanto su discurso contra la inmigración como que pueda hacer un referéndum para irse de Europa».

 

‘No me lo puedo imaginar’

Romain Aleberteau, profesor de francés y músico, también es contundente: «La victoria de Le Pen ni la puedo imaginar. Sería como un paso en la oscuridad absoluta. Todavía la gran mayoría de los franceses temen mucho a Marine Le Pen, pero cada vez menos».

Aleberteau, natural de Tours, sigue desde la distancia y con mucha atención lo que pasa en el país galo: «Siento mucho interés porque se nota que estamos en un punto crítico en Europa y en el mundo. Tengo la sensación de que la podemos cagar mucho o, al contrario, darle un giro interesante a la sociedad».

Clarisse destaca la igualdad entre cuatro partidos que, en esta primera vuelta que se celebra hoy, parten con opciones: «En las elecciones españolas me sorprendió agradablemente que la elección no fuera entre dos partidos, sino que había otros que tenían posibilidades. Ojalá sea igual». Romain no votará, pero tiene clara su apuesta: «Estoy más convencido por Mélenchon. Hay algo en su discurso que me corresponde. Su prioridad parece ser penar en cómo podemos vivir juntos de manera serena y en una sociedad que no nos vuelve esquizofrénicos. Estoy harto de los políticos pragmáticos que solamente nos proponen adaptarnos a la economía global e intentar ser competitivos. Tres de los cuatro candidatos principales son así».

Romain lamenta la deriva que ha tomado la campaña: «Ha sido muy espectacular pero poco política». Este francés afincado en Tarragona cree que se han dejado de lado debates profundos acerca del futuro del país y «hemos vuelto a las mismas maniobras cutres de siempre». Agrega: «A esto le añades la historia de un político ladrón al que han pillado y que se niega en desistir y tienes un paisaje decepcionante».

Parte de la colonia gala coincide en la imprevisibilidad del resultado, aunque no llega a un acuerdo sobre quién debería vencer. Clarisse apuesta por Benoït Hamon, el quinto en discordia, el infortunado candidato socialista, hundido en los sondeos y con muy pocas opciones de éxito.

Fillon, en mitad de los escándalos, es rechazado, pero por encima de eso a todos les une ir contra Le Pen: «La crisis, los discursos de Sarkozy y el terrorismo. Esta ecuación ha cambiado mucho el ambiente. Se ha liberado un discurso que estaba bien enterrado. Hace diez años, no muchos reconocía votar a Le Pen. Ahora se dice sin problema. El discurso de derecha extrema se ha expandido y desacomplejado. Y esto se va a quedar, que Le Pen sea o no eligida», zanja Romain.

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