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«Gobierno que calla, gobierno que mata»

Crónica. Unas 3.000 personas se manifestaron por las calles de la ciudad pidiendo saber qué respiran y porqué no sonaron las sirenas durante la gran explosión el sector químico de Tarragona

CARLA POMEROL

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La Plaça de la Font estaba casi llena de manifestantes. FOTO: pere ferré

La Plaça de la Font estaba casi llena de manifestantes. FOTO: pere ferré

Tres mil tarraconenses se manifestaron ayer por las calles de la ciudad reivindicando mejorar la comunicación entre servicios de emergencia y población, en caso de una catástrofe como la ocurrida el pasado martes. Dicen basta y que hasta aquí han llegado. Los vecinos quieren saber qué respiran y por qué no sonaron las sirenas cuando todavía no se sabía si la columna de humo era tóxico. Una Plaça de la Font casi llena gritaba «la impunidad se ha acabado» y «Gobierno que calla, gobierno que mata».

Plataforma Cel Net y Xarxa Sud, entidades que convocaron la manifestación, pedían una regulación para la actividad industrial, un estudio de la calidad del aire y un protocolo oficial de actuación. La mayoría de los presentes, con pancartas y mascarillas en la boca, caminaron hasta la sede de la Associació Empresarial Química de Tarragona (AEQT), donde se concentraron en medio de la calzada –avenida Marqués de Montoliu–, bajo la mirada atenta de cuatro agentes de los Mossos d’Esquadra, que vigilaban el lugar.

El acto de protesta estuvo dirigido por el actor tarraconense, Oriol Grau, quien entrevistó a algunos expertos en la materia. Josep Lluis Domingo, catedrático de Toxicologia i Salut Mediambiental de la URV, aseguraba que «la población tiene derecho a saber el peaje que está pagando para vivir aquí». Domingo denunciaba que no se ha llevado a cabo ningún estudio de la calidad del aire en Tarragona, «ni nunca lo habrá, porque tienen miedo a los resultados».

Entró en escena Jaume Navarro, bombero y vecino de Torreforta. Reconoció que la del martes fue una de las situaciones «más serias» que nunca se han vivido en la zona y añadió que «no sé quien diseñó la planta accidentada. No tuvo en cuenta lo cerca y conectada que estaba de otras empresas». Navarro denunció la situación de precariedad que vive el Parc de Bombers de Tarragona. «Solo somos nueve efectivos», explicaba. A modo de ejemplo, contó que las máscaras del cuerpo están en mal estado. «Se nos rompen hasta las cuerdas», decía. Navarro confesó que no entendió por qué no sonaron las alarmas.

Y entonces llegó uno de los momentos más emotivos de la tarde. En casi riguroso directo, la plaza se enteraba de que el trabajador de la empresa en estado crítico, acababa de fallecer. Un minuto de absoluto silencio. No se oía ni una mosca. Representantes del gobierno municipal y del resto de partidos políticos acudieron al acto de protesta.

«Que nunca más ocurra»

Antonio y Ana vinieron andando desde Torreforta. Todavía con el susto en el cuerpo, el matrimonio aseguraba que «estoy aquí porque no voy a permitir volver a vivir un episodio como el de ayer. Ya está bien», decía Ana, quien le pilló el estallido haciendo un café en una panadería del barrio de Ponent. «Mi hijo de nueve años se ha tenido que quedar en casa. Le da pavor salir a la calle. Pero nosotros, nos vemos en la obligación de venir aquí y reclamar nuestros derechos», decía Antonio.

Joaquim Galià, vecino de Tarragona, también acudió al encuentro. Es propietario de una empresa ubicada en el Polígon Francolí y vivió en directo la explosión. «En un primer momento, pensaba que un camión había chocado contra algo», aseguraba Galià, quien añadía que «lo de ayer fue muy gordo, y nadie nos da soluciones».

Un grupo de chicas con pancartas vinieron directas de Vila-seca. «Estamos hartas de no saber qué respiramos y de que nos falte tanta información», decía una de ellas, quien relataba que «dos o tres horas después de la explosión, un agente de la Policía Local iba avisando a los comercios que cerrarán. Fue una vergüenza».

Ayer se percibía en el ambiente una sensación de falta de confianza en las instituciones. «Ya han perdido toda nuestra credibilidad. No confiamos en ellos, y recuperarlo será muy difícil», opinaba Joan, vecino de El Morell. Benjamín también asistió en la protesta. Trabaja en la industria química y aseguraba, con la mascarilla puesta, que «no se siguen las medidas necesarias para garantizar la seguridad», acabó Benjamín.

El altavoz

Por su parte, Adrià Pallejà, miembro de la Plataforma Cel Net, explicaba que «es el enésimo accidente que sucede en la zona y queremos que las administraciones hagan algo». Pallejà destacó que, a pesar de que la problemática es la contaminación del aire, «acontecimientos como el del martes hacen de altavoz para que la población se active».

La entidad denunció que los vecinos se enterasen de lo que estaba pasando por redes sociales y aseguró que las instituciones y las empresas «hacen prevaler el miedo al alarmismo, que la seguridad y la salud de los ciudadanos», decía Josep Maria Torres, miembro también de la Plataforma Cel Net.

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