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Greenpeace alerta de una nueva burbuja inmobiliaria en la costa

La entidad ecologista detecta en un informe dos zonas de 'alta presión urbanizadora' en la provincia, ambas en las Terres de l'Ebre

Raúl Cosano

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Una de las imágenes de Greenpeace en su informe 'Protección a toda costa'.

Una de las imágenes de Greenpeace en su informe 'Protección a toda costa'.

Greenpeace ha alertado ante la «amenaza» de una nueva «burbuja inmobiliaria» en la costa española, sobre 53 zonas de alta presión urbanizadora que no están protegidas –dos en Tarragona– y se encuentran cerca de zonas ya urbanizadas y bien comunicadas o espacios naturales. La organización ecologista parte de la hipótesis de que se esté produciendo una «nueva edad de oro» del ladrillo, después de que el mercado de la vivienda creciera en España en 2016 «a un ritmo que no se veía desde hace una década». 

Su informe 'Protección a toda costa' pone el foco en aquellos espacios que quedan sin urbanizar en la costa, los que aún no están protegidos y que podrían ser los emplazamientos donde la construcción, tanto de viviendas como de infraestructuras «se pudieran cebar en un futuro», al ser las más codiciadas por los promotores inmobiliarios. 

Alta presión urbanizadora
Estas áreas se caracterizan por no estar ya muy saturadas de ocupación artificial y por su fácil accesibilidad, por lo que «la mejor forma de proteger es dificultar el acceso», según se señala en el documento. De las 53 zonas identificadas en España, dos están en la provincia, ambas en territorio ebrense y, en concreto, en el Delta. Las poblaciones de Sant Carles de la Ràpita y L’Ampolla son las que pueden sufrir este riesgo de alta presión urbanizadora, según el informe ecologista.  

Así define Greenpeace la situación actual en la provincia: «El sector oriental tiene una fuerte saturación en la costa como consecuencia de la presión de la industria turística e inmobiliaria vacacional, la situación de Tarragona capital y la cercanía de la saturadísima Barcelona». 

Para la entidad, la costa ebrense se ha salvado del boom, pero detecta riesgos: «La proximidad a áreas protegidas y la mayor disponibilidad de espacio están estimulando nuevos desarrollos urbanos, especialmente en los puntos de unión del Delta con la costa, donde se definen zonas de alta presión urbanizadora».

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