Gustau Alegret: «Que Trump sea presidente de Estados Unidos hace más divertido mi trabajo»

El periodista tarraconense Gustau Alegret gana dos premios Emmy por un programa sobre jóvenes inmigrantes

Javier Díaz Plaza

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Gustau Alegret, en el plató del programa ‘Club de Prensa’ de la cadena NTN24, en Washington. FOTO: Cedida

Gustau Alegret, en el plató del programa ‘Club de Prensa’ de la cadena NTN24, en Washington. FOTO: Cedida

«Estados Unidos es la cuna del periodismo libre, aunque tanto Obama como Trump han hecho más difícil publicar filtraciones o denuncias que afecten a los departamentos de Defensa, Seguridad Nacional o Estado», afirma Gustau Alegret, periodista tarraconense que dirige desde Washington los informativos para Estados Unidos del canal internacional de televisión NTN24. Cubre las informaciones de la Casa Blanca, el departamento de Estados o el de Defensa con la mirada puesta en América Latina. «Nuestra audiencia es mayoritariamente de esa parte del mundo o latinos que viven en Norteamérica», cuenta. 

Alegret acaba de recibir dos prestigiosos premios Emmy, otorgados por la Academia de Artes y Ciencias de la Televisión en Estados Unidos. Se trata de una doble distinción por un programa especial realizado en 2018, cuando Trump anunció que quería eliminar una orden ejecutiva de Obama que ofrecía protección a los jóvenes llegados al país siendo niños, los llamados «soñadores». El republicano los quería deportar. «El programa reunió a jóvenes, madres, activistas y abogados para hablar sobre su futuro. Le quisimos poner rostro humano a la noticia», explica. El jurado reconoció el valor de la emisión y la presentación del tarraconense.

El periodista, colaborador también de Diari de Tarragona, ya ganó otro Emmy en 2018, entonces por un documental que denunciaba la epidemia silenciosa del embarazo adolescente en América Latina. Cada año, dos millones de niñas menores de edad se quedan embarazadas. Es, señala, la información más dura que le ha tocado contar. «Son menores de 13, 12 y hasta 10 años que viven en zonas rurales. Ese embarazo, muchas veces no deseado y siempre inconsciente, les cambia la vida, les cierra puertas y les arrebata oportunidades de salir de la pobreza y la marginación. Con nuestro trabajo les dimos visibilidad», dice. 

Alegret asegura que, pese a lo que pueda parecer con Trump en el poder, es «un buen momento» para ejercer el periodismo en Estados Unidos, aunque a la vez más «difícil y exigente»: «Que Trump sea presidente hace más divertido mi trabajo, aunque sea también más preocupante. Siempre pienso que si hubiera ganado Hillary Clinton la comunicación de la Casa Blanca habría sido monótona, controlada y esperable. Con Trump cada día tienes algo nuevo que confirmar, entender el contexto y analizar su motivación para luego contárselo a la audiencia».

Las prácticas de comunicación de esta Administración, y particularmente del presidente, «obligan a cotejar informaciones y a poner en contexto todo. Vivimos una era gris de la comunicación política pero, por ese motivo, la prensa se está volviendo más exigente con lo que publica, y eso es bueno para el periodismo».

La última palabra
Los periodistas, apunta, son muy cautelosos: «Consultan con abogados e incluso antes de publicar algo llaman a los departamentos de la Administración afectados y les avisan.
Y no es solo para que puedan dar su opinión antes de que se publique la noticia, es para preguntar si esa información puede afectar a la seguridad del país. Lo interesante es que la última palabra sobre lo que se publica la tiene el medio». 

Es una manera de hacer distinta a la de España, donde «el periodismo tiene las manos atadas por intereses que no son el servicio público. Son pocos los medios que tienen independencia para decidir porque la crisis económica los tiene subyugados al poder económico y político». En Estados Unidos, continúa, «hay una crisis que afecta especialmente a la prensa local y regional, pero grandes medios mantienen su independencia. Creo que los medios en España deberían incorporar la práctica sana de separar su parte administrativa de la parte editorial, y blindarla de injerencias. El problema es que los propietarios no quieren o no se atreven».

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