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"Hace 20 años que no veo a mi hijo y quiero desheredarle"

El Col·legi de Notaris y los despachos de la provincia constatan un aumento de peticiones para apartar a un hijo del testamento. La falta de relación es motivo suficiente para arrebatar incluso la legítima

Raúl Cosano

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"Hace 20 años que no veo a mi hijo y quiero desheredarle"

La opción es cada vez menos rara. Desheredar a un hijo, un acto tan controvertido como complicado, es algo más habitual de lo que parece en las notarías de Tarragona. «Ha aumentado la gente que pregunta. Quizás a la hora de tomar la determinación se lo piensan un poco más. Es una decisión muy dura, pero es cierto que hay quien aprovecha la legislación vigente para hacerlo», cuenta José Manuel Valiente Cabades, delegado en Tarragona del Col·legi de Notaris de Catalunya.

Dramas familiares tan hondos se cuelan con asiduidad en estos despachos y a veces llegan a la justicia. No hay cifras cuantificadas, debido a que la figura de la desheredación en los testamentos no está tipificada como tal, pero tanto el propio colegio como varios profesionales diagnostican un incremento de los casos.

Valiente, desde su experiencia diaria profesional, hace un cálculo: «Aproximadamente un 5% de los testamentos que se hacen pueden incluir desheredar». 

‘Es algo habitual’

«En Catalunya es algo habitual. A veces son padres que te dicen que durante 20 años no han tenido relación con los hijos. O que se encuentran por la calle y no se saludan, o que el hijo no deja ver a los nietos», indica el notario Martín Garrido. Él, junto con otros expertos, participó en las fases prepararatorias de la reforma de sucesiones, un cambio legislativo culminado en el Parlament y que introdujo, con la Ley 10/2008 de 10 de julio, el factor clave.

Se estableció una nueva causa de desheredación que ahora es la que se usa en su gran mayoría para llevar a cabo el proceso: la ausencia manifiesta y continuada de relación familiar entre el causante y el legitimario. «Hasta ese momento la causa no era suficiente, tenía que haber algo más», indica Garrido. «Antes la legislación era más estricta y ahora es más flexible, aunque sin la libertad total», expone Valiente.

Ese ‘algo más’ que había que acreditar antes tenía que ver con la denegación de alimentos, el maltrato grave o haber sido condenado mediante sentencia firme por un delito contra el causante de la herencia. «A veces nada de eso había pasado. Sólo había una falta de relación durante muchos años. El hecho de que eso sea válido como una causa para desheredar ha aumentado los casos», admite un notario de Tarragona. Rencillas, viejos odios enquistados y, en esencia, malas relaciones familiares forman parte de la casuística. «A veces los cónyuges de los hijos también tienen que ver en esa falta de relación. Influyen temas como no dejar ver a los nietos», cuenta el notario tarraconense Ángel Doblado.

Joan Carles Ollé, el decano del Col·legi de Catalunya, añade: «Cuando hablamos de desheredar hablamos de privar incluso hasta de la legítima, que es aquella parte de la herencia de la que no podemos disponer y tiene que ir a herederos forzosos, que son los hijos y descendientes». Poco a poco, conocer que esta fórmula es posible en las notarías está originando un aumento de los procesos, drásticos pero comunes, de dejar a los hijos sin nada pese a lo que marca la ley. 

La libertad de testar

Ollé también confirma el incremento de casos: «A partir de la reforma que se hizo, ha empezado a ser un recurso bastante utilizado. La legítima es una institución que protege a la familia. La tendencia de algunos ordenamientos jurídicos es reducir la legítima, pero no suprimirla. Como más se reduce, más respetuoso se es con la libertad de testar».

Hay, en todo esto, un matiz establecido por la redacción del texto. La falta de relación como tal debe ser exclusivamente imputable al hijo, es decir, esa ausencia de vínculo debe ser culpa del que debería heredar. Eso es algo que no acaba de satisfacer a notarios partidarios de más libertad: «En el proyecto que presentamos al Govern no aparecía la culpabilidad. Es decir, yo soy partidario de que si hay una falta de relación, ¿quién más da quien sea el culpable?. Pero el Parlament modificó ese punto», apunta Garrido. Eso hace que muchos desheredamientos se impugnen y sea un tribunal de justicia quien decida finalmente.

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