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"Hay algo peor que morir y que te congelen: morir y que no lo hagan"

El doctor Lluís Estrada fue jefe de Neurofisiología en el Hospital Joan XXIII. Preside la Sociedad Criónica en España. Este médico tarraconense prevé criopreservarse tras fallecer

Raúl Cosano

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El doctor y neurofisiólogo clínico Lluís Estrada, en su casa de Tarragona. Ha sido médico en Joan XXIII y profesor universitario. Foto: Pere Ferré

El doctor y neurofisiólogo clínico Lluís Estrada, en su casa de Tarragona. Ha sido médico en Joan XXIII y profesor universitario. Foto: Pere Ferré

A sus 72 años, está jubilado pero más activo que nunca en su labor de difusión y asesoramiento de la criopreservación. Es presidente de Criónica, la Sociedad Española de Criogenización. Ha sido jefe de la sección de neurofisiología clínica del Hospital Joan XXIII. Lleva más de 40 años viviendo en Tarragona. Además de médico y cirujano, es neurofisiólogo por la Universitat de Barcelona, donde ha sido profesor asociado, e ingeniero técnico en telecomunicaciones por la Escuela Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica de Telecomunicaciones de Madrid. Ha impulsado una cooperativa para reunir a personas interesadas en la criogenización. Desde hace más de 25 años se ha dedicado al estudio y la investigación de la biología del envejecimiento y de las posibilidades de incrementar la longevidad, a través de diversas asociaciones y plataformas. Ha completado su formación con cursos de curas paliativas y de bioética en ciencias de la salud.

Usted prevé criopreservarse. 
Me gustaría hacerlo y no sé cómo irá. Depende de que en España se hagan avances y se pongan en marcha iniciativas. Aquí se está esperando a si se pone en marcha un centro de criopreservación. Hay un grupo en Valencia, Cecryon, que está intentando implementar un centro. Todos tenemos interés en que esto avance. 

Ahora parece ciencia ficción. ¿Cree que se conseguirá?
Sí. El ‘cuando’ es un misterio. El futuro tiene imprecisiones. La ciencia avanza, pero no de manera uniforme. Cuando se logre hacer con órganos, estaremos a un paso de hacerlo con humanos. 

¿Cuándo se empezó a interesar por este tema?
Desde siempre, desde antes de llegar incluso al hospital Joan XXIII. Siempre tuve interés. Ya en los 90 había dos movimientos: el antienvejecimiento, el plan A, y el B, el de la criopreservación, que era mirar de contrarrestar eso. 

¿Qué le atraía?
Algo muy simple. Si tu tienes un ordenador, hay una avería y se para, lo arreglas. Es un desastre considerable pensar que el corazón de una persona se para en un momento dado y todo empieza a autodestruirse. Un grupo de Estados Unidos que trabajaba en reanimación cardiaca decía: «Es como si un coche, por quedarse sin gasolina, explotara». Eso no pasa con todos los seres vivos. Hay vegetales, virus o semillas que se quedan en un estado de parada que después pueden reiniciar. En los humanos y mamíferos superiores no funciona este mecanismo. Cuando baja la oxigenación, hay alteraciones, tiene lugar una autodestrucción de las células. 

Ponga un ejemplo. 
Que por una parada cardiaca pueda venir la muerte es algo bastante absurdo. Es falso que eso te pase porque tengas algo muy grave. Los humanos tenemos la posibilidad de forzar nuestro cuerpo más allá de lo que conviene. Si fuerzas, empieza una taquicardia y luego deja de circular la sangre, esa persona cae y puede morir, siendo alguien sano. 

¿Y entonces?
Si alguien tiene una enfermedad, tendría que haber la posibilidad de parar el proceso vital y tener tiempo para resolver la dolencia. 

«No hay certeza de que la descriopreservación funcione hoy, pero lo hará en un futuro. Ya se ha logrado con éxito en gusanos o ranas»

¿Dónde están los principales frenos para congelarse y volver después a la vida?
A nivel científico hay tres puntos críticos en los que se ha avanzado mucho. Tenemos la criopreservación de embriones, que se hace de forma sistemática. Los embriones, que pueden tener un número importante de células, quedan preservados. En este caso, criopreservar y vitrificar y desvitrificar funciona perfectamente. 

Pero nosotros estamos muy lejos de eso. 
En el caso de una persona o un animal aún no se ha conseguido. Se hace la criopreservación en las mejores condiciones posibles y confiamos en que llegará un momento en que se podrá descriopreservar. Aún no ha pasado. No se puede tener la certeza ni la seguridad de que funcione, porque no se ha conseguido. 

¿Qué otros problemas hay?
Cuando se pone un cuerpo en nitrógeno líquido, en el momento de bajar la temperatura a -196ºC, hay el peligro de que se formen cristales de hielo en la célula. Se usa un sistema de vitrificación para evitarlo. Cuando hay que revertir el proceso y calentar, también puede ser que se volvieran a formar esos cristales. Es un punto crítico. El otro es vigilar el momento en el que no hay nada que hacer para salvar la vida de la persona. Hay que ir muy rápido. Cuando el organismo se queda sin oxígeno, por ejemplo por una parada cardiaca, comienza una autodestrucción del propio cuerpo. 

¿En qué organismos se ha conseguido revertir el proceso?
Los embriones, los óvulos, los espermatozoides, gusanos como los nematodos, los caenorhabditis elegans... Con todos estos organismos funciona el proceso reversible porque son pequeños. No importa subir y bajar la temperatura muchísimo de forma rápida. La velocidad hace que haya menos posibilidad de formarse hielo. 

¿Y en una persona?
Es mucho más complicado, porque hablamos de millones de células. Con animales como ranas se ha conseguido volver a la vida. También se ha hecho con un riñón de conejo. Se ha vuelto a poner en el animal después de ser descongelado y funciona. 

¿En qué se trabaja hora?
En los transplantamientos de órgano. Hay mucho interés en tener un banco de órganos criopreservados, porque hay muchos que se pierden o se transplantan en personas que no son muy compatibles y se genera rechazo. 

¿En qué otros ámbitos se ha progresado?
Antes los crioprotectores se inyectaban con una solución acuosa y era un desastre. Se solidificaba. Una vez quedaba una pieza de hielo, la transmisión del frío era mala, y eso obligaba a ir lentos en un proceso que debe ser rápido. Ahora no se usa aire, sino unos ‘carriers’ que llevan gas. Se puede enfriar casi célula a célula. Eso hace más fácil que llegue por el torrente sanguíneo. Eso también se puede hacer en el momento de recalentar. Se usan nanopartículas metálicas envueltas en sustancia proteica que permite, con radiofrecuencia, calentar uniformemente y de forma rápida, como si fuera un sistema de microondas. 

Hay otro momento delicado, el de justo después de la muerte. 
Se interviene con un ECMO, que son las siglas en inglés para la circulación extracorpórea por membrana. Es un equipo que se está popularizando cada vez más. Hace circular la sangre, oxigenarla y bajarle la temperatura. Eso permite no ir con tanta prisa y evitar que dañar a órganos justo después de la muerte. 

Antes de que se degraden. 
Si los órganos estuvieran bien muertos, no se podrían hacer transplantes. Si se hacen, es porque no han muerto del todo. 

Cada vez hay más ejemplos de personas que deciden criogenizar su cuerpo. 
Recientemente tenemos el caso de la niña inglesa que pidió criopreservarse y el juez le concedió el permiso. En Inglaterra se hace, es algo más habitual, pero la novedad es que era una menor de edad. En China, una señora de mediana edad con cáncer también lo hizo. Se hacen congresos y cada vez hay más interés. 

En España, la única opción es irse después al extranjero. 
En Estados Unidos o Rusia te apuntas en una institución y cuando mueres les atienden. El problema, en España y en otros países, es muchas veces el traslado. 

¿Qué inconvenientes plantea a nivel legal?
El destino cuando alguien muere es tirarlo al mar, enterrarlo o quemarlo. Otra cosa es la donación del cuerpo a la ciencia. La criopreservación no está prevista, hay un vacío legal. Hay que mirar que el Estado lo permita. Es algo que se hace en Estados Unidos desde hace más de medio siglo, en China, en Rusia... en muchos países.  

Ha sido médico en el Joan XXIII durante más de 20 años. ¿Qué le decían cuando hablaba de este tema? ¿Recibía críticas?
Hay mucha fe en la ciencia. Cosas que antes eran imposibles ahora se hacen. Hay personas a los que no les interesa, y dicen que ya es bastante con vivir una vez. Me encuentro más con eso que con la incredulidad de si se podrá hacer o no. Cada vez hay menos gente que lo considera una locura. 

«Cada vez hay menos gente que lo considera una locura. Hay puntos críticos del proceso en los que la ciencia ha avanzado mucho»

Hoy por hoy es una utopía. 
No hay certeza de que se pueda hacer, claro. Es como los primeros que fueron a la luna. ¿Tenían garantía de que podrían volver? Sería radicalmente diferente si tú sabes que eso se puede revertir, algo similar a lo que pasa hoy en día con los embriones. 

Es como una segunda oportunidad, sin estar asegurada. 
Decía Benjamin Vest, uno de los investigadores: «Lo peor que te puede pasar es que te mueras y te criopreserven. Pero aún hay una cosa peor: que te mueras y que no te criopreserven». 

La bioética recela por el alto precio y porque no es algo universal ni una prioridad médica.
No veo problema en que se haga todo lo posible para solucionar problemas, para que esa persona que se muera de cáncer no lo haga. Es el objetivo de la medicina. Intrínsecamente no lo veo mal.

También suena a desafío desde el prisma religioso o espiritual.  
Hay un observatorio bioético de la Universidad Católica de Valencia. Tuve una polémica vía web con Justo Aznar, que es la persona que lo llevaba. Yo no acierto ver razones. En la Biblia se habla de resucitar, por ejemplo. Está el ejemplo de Lázaro. La criopreservación es lo mismo. Alguien estaría conservado un tiempo sin funcionar. No veo que apostar por esto contradiga nada.

¿Qué pasaría con la memoria, el intelecto o las emociones?
Ha habido algunas pruebas. A gusanos les hacían aprender algunas cosas vinculadas a la comida para crearles una memoria. Después de criopreservarlos, se comprobó que no habían perdido la memoria, sabían lo que sabían antes.

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