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"Hay caldo de cultivo para la extrema derecha española"

Joan Maria Thomàs, experto en historia del franquismo y el falangismo

Xavier Fernández José

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Thomàs ha escrito media docena de libros sobre la historia del falangismo y el franquismo. FOTO: PERE FERRÉ

Thomàs ha escrito media docena de libros sobre la historia del falangismo y el franquismo. FOTO: PERE FERRÉ

Joan Maria Thomàs acaba de publicar ‘José Antonio. Realidad y mito’ (Debate). Es profesor (acreditado como catedrático) de Historia Contemporánea en la URV. Ha obtenido el Premio Ciudad de Barcelona de Historia, el Premi de la Crítica Serra d’Or y la Medalla Narcís Monturiol al mérito científico y tecnológico.


– ¿Por qué están triunfando los movimientos de ultraderecha en Europa?

– Son la respuesta de sectores de la población a la globalización y sus consecuencias, a la aplicación de políticas neoliberales, a los efectos devastadores de la crisis y a la inmigración masiva y a las políticas multiculturales y de integración.

– En España nos hemos librado por el momento de ese auge de la extrema derecha.

– Durante 40 años sufrimos una dictadura. Esto ha provocado que nuestra democracia sea muy joven. Y, aunque la crisis ha afectado también a los partidos tradicionales, la sombra del franquismo es tan alargada que impide la formación de una nueva extrema derecha.

– ¿Nueva?

– Nueva porque acepta la democracia y admite la inmigración siempre y cuando el inmigrante milite en su partido. En algún caso es incluso ecologista. Es muy diferente a la de los años 30 y 40 del siglo pasado.

– ¿Cree que el PP también ha impedido que resurja la extrema derecha?

– Sí, porque es un ‘catch-all party’ que abarca desde el centro hasta la extrema derecha. Además el sistema electoral español castiga a las formaciones políticas nuevas si no entran con mucha fuerza.

– Pero hay intentos de crear un partido más a la derecha.

– Vox, por ejemplo. Pero no están triunfando de momento, pero podría cambiar.

– ¿Puede surgir entonces un partido al estilo del Frente Nacional de Marine Le Pen?

– No sé si de ese estilo, porque cada extrema derecha tiene componentes nacionales muy marcados, pero sí que puede surgir una extrema derecha. Hay un caldo de cultivo.

– ¿Qué caldo de cultivo?

– Hay sectores de la población que sienten un fuerte rechazo a la inmigración o que creen que los valores nacionalistas españoles están abandonados... Si llegase una persona con carisma capaz de abanderar todo eso podría arrebatar al PP los votos a su derecha.

– Pero eso podría suceder a largo plazo, no dentro de poco tiempo.

– No sabemos cuándo. Los politólogos no fueron capaces de adelantar la implosión que han sufrido el sistema político español y catalán en los últimos cinco o diez años.

– Hablemos ahora de su libro. José Antonio Primo de Rivera y la Falange están de moda. No sólo es usted. Arturo Pérez Reverte también hace alusión a José Antonio en su última novela, ‘Falcó’.

– Y Javier Cercas narra la historia de un tío suyo falangista en ‘El monarca de las sombras’. 40 años después de la muerte de Franco vuelve a haber interés en recuperar la figura de un José Antonio ya desmitificado.

– Han tenido que pasar 40 años de la muerte de Franco y 81 de la de José Antonio.

– Durante el franquismo, la figura de José Antonio estaba tan omnipresente en la vida de los españoles que quizá ha sido necesaria esa distancia.

– ¿Esa distancia es también imprescindible para poder hablar con cierta imparcialidad de la Guerra Civil?

– Pienso que es necesario que los historiadores hagamos un esfuerzo por huir de planteamientos guerracivilistas, que, sin perder la ideología de cada uno, seamos capaces de hacer aportaciones lo más desapasionadas posibles.

– No todo es blanco y negro.

– Esa objetividad implica mostrarse crítico en algún momento con los dos bandos.

– ¿Hemos pasado de un extremo a otro?

– De una visión franquista se pasó a una neofranquista y luego a una visión crítica frentepopulista. Pero también hay aportaciones muy objetivas.

– ¿La sociedad española está madura para hablar de un tema tan sensible?

– Las guerras civiles provocan unas heridas tan profundas que tardan generaciones en cerrarse. En el caso del Estado español, hay además un déficit en el reconocimiento de la memoria de uno de los dos bandos.

– El franquismo reconoció a sus caídos.

– Inmediatamente después de que ocupaba una localidad en la Guerra Civil, desenterraba a las personas que habían sido ejecutadas y las honraba con monolitos, cruces, placas en las iglesias, compensaciones económicas, reserva de plazas de funcionario...

– En cambio a las víctimas y represaliados que provocó el dictador Francisco Franco no se les ha reconocido hasta hace poco.

– Como consecuencia de las especiales circunstancias de la Transición y, menos justificadamente, como fruto de la desidia y de malas políticas democráticas, no se ha afrontado la memoria republicana hasta muy tarde. También soy crítico en cómo se ha hecho.

– ¿En qué sentido?

– En vez de crear una agencia estatal que se encargase de desenterrar a los muertos de la guerra y a las víctimas de la represión franquista y enterrarlas dignamente, se ha dado la competencia a las comunidades autónomas y los ayuntamientos y se ha actuado de modo limitado. Esto ha atrasado una compensación absolutamente necesaria. Debería haber sido una política de estado.

– Es decir, con consenso de todos los partidos. ¿Cree al PP capaz de apostar por la memoria histórica?

– El PP tiene una relación complicada con la Guerra Civil y el franquismo. Acoge a algunos sectores que apoyaron a Franco. Le cuesta mucho tener una actitud adecuada.

– La Falange tuvo gran importancia numérica en Tarragona.

– Antes de la Guerra Civil era muy pequeña, como en todas partes. Pero, tras el conflicto, su jefe provincial, el reusense José María Fontana Tarrats, fue capaz de dinamizarla mucho.

– Convirtió a Tarragona en una de las provincias con más afiliados a la Falange respecto a su población.

– Cierto. Cuando entraron las tropas franquistas en Tarragona se encontraron ya con unas bases de apoyo, que esperaban el final de la guerra, la restauración del culto católico, una supuesta mejor alimentación... Hay que recordar que hubo cientos de miles de personas en Tarragona, Catalunya y España que eran franquistas.

– Los franquistas fusilaron al tío de Fontana.

– No pudo salvarlo. Los falangistas tenían una concepción mucho más selectiva de la represión que la del régimen franquista. Franco desarrolló una represión aniquiladora. Incluso sorprendió a los nazis y los fascistas italianos por la cantidad de personas que mató al acabar la guerra.

– ¿Cuál era esa concepción?

– Eran partidarios de instruir consejos de guerra y fusilar a los que tenían responsabilidades políticas muy claras o habían cometido delitos de sangre. Pero no contra la masa.

– ¿La masa?

– Votantes de izquierdas, personas afiliadas a un sindicato, mandos intermedios, gente que había formado parte de un comité pero no había hecho nada... Pensaban que debían atraerlos a la Falange.

– ‘Reeducarlos’.

– Sí, en el sentido de que eran personas ‘engañadas’ y que la Falange les enseñaría ‘el verdadero camino’. Fontana tuvo problemas con las autoridades de ocupación.

– ¿Qué problemas?

– Fontana se quejó a sus jefes de Madrid de que la represión que se ejercía en Tarragona era muy injusta porque se estaba ejecutando a personas que no tenían delitos de sangre.

– Imagino que Fontana conocería a José Antonio.

– Sí. Lo conoció cuando José Antonio fue a Barcelona en mayo de 1935 a impartir una conferencia.

– Si José Antonio hubiera sobrevivido a la Guerra Civil, ¿hubiera hecho sombra a Franco?

– Es muy difícil de saber. Lo que sí cuento en el libro es que José Antonio intento parar la Guerra Civil en octubre de 1936. Estando encarcelado, pidió a las autoridades republicanas que le enviaran a ‘zona nacional’ a hablar con los generales franquistas para conseguir un armisticio. Como garantía de que volvería, proponía dejar como rehenes a su familia.

– ¿Cuál era su objetivo?

– Constituir un gobierno de intelectuales y políticos republicanos que desarrollara reformas en España y suprimiera las milicias armadas de todos los partidos, incluida la Falange. Para José Antonio, la Guerra Civil era un fracaso.

– ¿Por qué?

– Porque quería dar un golpe de estado e instaurar un gobierno fascista. Quería unificar el país, no partirlo por una guerra.

– El Gobierno republicano rechazó la propuesta, claro.

– Vio que no tenía ninguna viabilidad y se negó. Pero si José Antonio llega a Burgos con una propuesta como esa, probablemente le hubiesen procesado. Para los franquistas, cualquier propuesta de mediación era una «maniobra roja para impedir la victoria de la Cruzada».

– Siempre se ha dicho que a Franco le interesaba que ejecutaran a José Antonio.

– Yo creo que quiso que le salvasen, pero de haberlo logrado, lo hubiese tenido muy controlado porque no se fiaba de él.

– ¿Fue un error político fusilar a José Antonio?

– Sí. Por el prestigio de la República que estaba en entredicho y porque le podía haber usado para un intercambio.

– José Antonio fue detenido en Alicante el iniciarse la Guerra Civil y no lo fusilan hasta el 20 de noviembre.

– Hubo mucha política en torno a qué hacer con él. El presidente Manuel Azaña y el ministro Indalecio Prieto, eran partidarios de mantenerle con vida. En cambio, la gente del Comité de Alicante y el ministro de Justicia, el reusense Juan García Oliver, de la CNT, querían fusilarlo.

– Los bombardeos de la aviación franquista sobre Alicante influyeron en que se ejecutase a José Antonio.

– Tras el segundo de esos bombardeos, la población asaltó la cárcel y mató a 49 presos. García Oliver incrementó las presiones para que le juzgaran en consejo de guerra y le fusilaran.

– Defina a José Antonio.

– Fue una persona de un fuerte narcisismo, con un sentido mesiánico y convencida de que España debía salvar a España. Quería aplicar las reformas que no le dejaron hacer a su padre, Miguel Primo de Rivera.

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