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'Hay que distinguir entre un radical religioso y un violento’

Enric Olivé es director de la Cátedra UNESCO para el Diálogo Intercultural Mediterráneo. También es miembro del consejo asesor del Instituto Europeo del Mediterráneo, además de doctor y profesor de Historia Contemporánea en la URV. Es experto en sociología política. 

Raúl Cosano

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Enric Olivé Serret, catedrático de Historia Contemporánea, en su despacho de la URV.  Foto: Pere Ferré

Enric Olivé Serret, catedrático de Historia Contemporánea, en su despacho de la URV. Foto: Pere Ferré

-¿Qué lectura hace de las radicalizaciones de los jóvenes de Ripoll?
-Estamos ante un hecho absolutamente criminal, pero hay que analizar por qué hemos llegado hasta aquí. Hablamos de unos chicos que no son marginales, absolutamente integrados en la sociedad catalana, y que no eran unos delincuentes. 

-¿Qué ha sucedido?
-Nos encontramos con unos jóvenes inmersos en una sociedad que ha marginado no solo la religión sino la espiritualidad. Damos formación académica de todo tipo a chicos y chicas pero hemos marginado la espiritualidad. 

-¿Y cómo les afecta?
-Se ven en un entorno laicista extremo, con una educación sin ningún vínculo religioso mientras ellos vienen de una sociedad donde la religión siempre ha sido el eje. Se encuentran desamparados, en una cierta esquizofrenia. 

-¿Eso les hace vulnerables?
-Como no tienen ninguna cultura religiosa ni espiritual, están muy débiles ante un individuo que les pueda prometer el cielo y más allá. Son débiles porque no tienen anclajes espirituales para responder, en este caso, a lo que puede ser la actitud de un imán. Hay que formar a los jóvenes europeos en un sentido espiritual. 

-O sea, que precisamente la religión les podría haber salvado de caer en esa red de radicalización. 
-Si tuviesen una formación espiritual, sería muy difícil que algún imán les pudiese captar para una misión criminal. Desde nuestra cátedra no hablamos tanto de religión como de espiritualidad. Estamos en una sociedad muy permisiva, aunque parezca lo contrario. En virtud de la libertad de culto y de expresión, nos es muy difícil meter mano en una iglesia o en una mezquita. Los franceses sí han hecho una política pública de control de los imanes. 

"A esos chicos de Ripoll se les ofrecía espiritualidad dentro de una sociedad extremamente laica"

-¿Qué se debe hacer aquí?
-Lo que no puede ser es que llegue alguien a Ripoll y sea imán, necesita tener el reconocimiento de alguien. ¿Ese alguien quién debe ser? ¿Arabia Saudí con su radicalismo islámico?. Además, el imán es un acompañante, no un director espiritual como es un cura, pero tiene que haber un control público, no tanto de lo que diga un imán sino de cómo lo diga. 

-¿Falló eso en el caso del imán de Ripoll?
-El de Ripoll era un personaje que no tenía ningún tipo de recomendación. De acuerdo con la legislación española actual, este control no podría ser, tendría que haber una legislación que determinara quién puede ser imán y quién no. Y no hay que hacerlo a costa de ellos, sino a partir de que lo pida la comunidad musulmana. Tiene que salir de ellos. 

-¿Cómo se les capta, qué se les ofrece a estos chicos para ‘seducirles’?
-Espiritualidad. Es todo lo que nuestra sociedad no les da. Es un sentido de trascendencia a nuestra existencia. Piensan: ‘Si yo no tengo futuro, si me he esforzado en ser un buen ciudadano y a pesar de eso no consigo salir adelante, si mi vida no tiene sentido porque no me llena el dinero, ni tener éxito, ni tener coche… alguien me viene a ofrecer trascendencia’. No les capta ni el dinero ni una ambición de cambio de la sociedad. El califato es una utopía que no tiene sentido. 

-¿Ha fallado nuestro modelo de integración?
-No, la prueba de que el modelo es bueno es precisamente estos chicos, que no eran ni mucho menos marginales. Lo que ha fallado es la sociedad laicista, que ha pensado que la liquidación de la espiritualidad era un éxito de nuestro mundo. 

-¿Hay riesgo de que se dispare la islamofobia?
-Sí, existe. De la misma manera que el yihadismo es el 0,00001% del mundo islámico, una minoría muy minoritaria, aquí pueden darse actos o actitudes islamófobas, y hacerse una bola enorme. Pero, de momento, la sociedad catalana ha sido ejemplar. 

-¿Hay que tener cuidado con la influencia de lecturas más radicales del islam? 
-Sí, pero hay que distinguir entre un islamista radical, con una cierta visión de la religión, de un yihadista criminal. La visión rigorista, de países como Arabia Saudí, no tiene por qué ser una opción mala, a pesar de que muchas veces no la entendamos desde aquí, porque no es justa con las mujeres, por ejemplo. Pero no por eso tiene que tener una inclinación criminal. Hemos estudiado que hay otro factor a tener en cuenta, que es el psicológico y psiquiátrico, e incluso el que tiene que ver con drogadicción, y que está vinculado a violencia de este tipo. 

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